Ruta Literaria a Salamanca 2017

 

 

Marina Gil, el Día Internacional de la Mujer y de nuestra Ruta Literaria

El pasado 8 de marzo Radio Santoña entrevistó a nuestra Marina Gil sobre el Día Internacional de la Mujer.

Sin saber cómo, acabó hablando de nuestra Ruta Literaria a Salamanca. Ahí la tenemos, a partir del minuto 7:10, entrelazando mujeres, Santa Teresa, Salvados, poesías, Salamanca, ruta, Gloria Fuertes, Renacimiento, plaza de Anaya, “Era más de medianoche…”, etc.

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Videopoema mudo: IES Marismas

 

Abrimos el blog de cine del IES Marismas

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Pincha la imágen y verás…

Diseñar nuestras aulas es cosa de todos // Proyecto PIIE 2017

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Las mandarias.

Estaba yo sólo sentado en un muro alto de piedra seguido de un largo camino. Yo tan tranquilo comiendo mandarinas de par en par estaba, me las comía como si fueran cacahuetes y no me llenaban. De pronto un mendigo tumbado en el suelo en frente de mí, se acercó. Poco a poco  se acercaba, hasta que se sentó a mi lado. Él me pidió una mandarina y  amablemente se la di, pero como era manco se la tuve que pelar y dársela a la boca. Yo tenía un saco entero de ellas. Una vez que se había acabado la mandarina, él hizo que se iba, y en el momento que cambié la dirección de mis ojos, el muy pícaro me había robado el saco. Intenté buscarle por todo el pueblo, pero no hubo manera de encontrarle. Le busqué en el mercado, les pregunté a las personas más cercanas que tuve y no había rastro de él. Incluso me subí encima de un tejado de una casona, de las más grandes del pueblo, pero nada. Lo único que encontré fue su gorro negro, con un olor a mendigo espeluznante. A la hora de irme a dormir, solo pensaba en una cosa, el lugar donde se encontraría el vagabundo con mi enorme saco lleno de mandarinas. No pegué ojo en toda la noche.

Al día siguiente me levanté sin acordarme de lo que había sucedido y me fui a lavar la cara porque tenía muchas legañas y también tenía ojeras. Después me fui a desayunar, pero no tenía nada, en ese momento me acordé de que me habían robado las mandarinas el día anterior y que las estuve buscando.

Estaba yo muy triste debido a la pérdida de mis mandarinas, pero por un momento se me cambió la cara, porque vi al mendigo de nuevo en el mismo sitio del día anterior comiendo mis mandarinas. Antes de volverme a reencontrarme con él, ideé un plan para vengarme. Una vez ideado este, fui donde el ladrón y le aconsejé saltar el muro, porque le dije que al otro lado del muro había más frutas. El muy avaricioso quiso que le ayudara a saltar, y eso hice. Finalmente se estrelló contra un zarzal del que no pudo salir porque no tenía manos y yo tan alegre cogí mi saco y pude desayunar tranquilamente sin que nadie me molestara.

En resumen, un pícaro cayó en la trampa de otro pícaro sin pararse a pensar.

Tratado VIII

Yo, Lázaro de Tormes, estando mal en la calle, apareció un nuevo amo, diciéndome que le ayudase a vender aspiradoras. Me dijo también que me pagaría 30 euros, el equivalente a 8000 maravedíes, al mes. Era un tal Gonzalo de la Parra. Cuando creía que era un buen señor, me di un día cuenta que era muy muy malo, lo recuerdo como si fuese ayer…

Recuerdo que, en mis tiempos mozos, fui a vender unas aspiradora a mi nuevo vecino. Él era muy grande y fuertote (al que le tenía respeto) e iba con miedo ya que nadie se le había acercado nunca a vender nada. Un día vi por la mirilla que unas niñas de ocho años se acercaron a vender unas papeletas y así recaudar dinero para la Iglesia. Las echó a voces y gritos y amenazándolas. Al recordar esto, me entró un escalofrío por todo el cuerpo pero me armé de valor y me presenté. Aquel señor me miró con cara de desprecio pero al entrar y presentarle la aspiradora Revolution X20, le entró tal alegría ya que necesitaba una aspiradora capaz de limpiar las pulgas del perro.

Al volver a casa, mi amo que era muy muy malo, me preguntó a quien le había vendido la aspiradora y le dije que a su vecino de al lado. Me pegó santa paliza que me quedé sin respiración durante varios minutos. Al parecer, su vecino era vendedor como él y le había vendido una aspiradora al “enemigo”. Por esta razón y por no alimentarme como es debido, decidí dejar a este amo del que no supe más de él.

TRATADO OCTAVO. Como Lázaro se asentó con un político y de lo que le acaeció con él

No crea que fue fácil, su señoría, el político tiene la gran virtud de engatusar a la gente y pregonar sus acciones futuras, vestirse con el hábito de la decencia fingida y armarse con el maletín lleno de billetes de 500 euros. Siempre pensé que los grandes charlatanes se encontraban en el teatro y la venta ambulante, pero qué mejor farsante quien nunca se viste de payaso y finge no serlo.

Le voy a contar mis andanzas con el político: Como sabe su señoría, soy nada más y nada menos que un pobre currante que después de trabajar  de lunes a viernes, solo aspira a tomarse una cerveza en el bar, pasear con el perro y montar en bicicleta el domingo. Mi trabajo apenas me da para comer y aún así no puedo quejarme. Pues,  hete aquí que recibo la llamada de la empresa que me comunica que debo empezar en la casa del señor Diputado, famoso por sus largos mítines moralizantes, sermones y soluciones para los de abajo. Llego a su casa, enorme y suntuosa, grifería de primeras marcas y habitaciones espaciosas. El trabajo encomendado era cambiar un plato de ducha, trabajo sencillo pero latoso, teniendo al político que no es nada amable, muy distinto de ese personaje público simpático y agradable. Termino mi trabajo y voy a la salita, el hombre recostado me mira de forma fría y me pregunta:

– ¿Qué quiere usted?

– Señor, sólo le pediría un vaso de agua y que más tarde me abonara la factura de la reforma.

El señor diputado no era precisamente una persona generosa, pero descubrí que además era rácano y corrupto. Me viene con un billete de 500 euros y me dice que le dé las vueltas, que no necesita factura de ninguna clase. Fíjese su señoría, un político que tiene que dar ejemplo y pagar legalmente, sin embargo se quiere escapar como una anguila. Finalmente me pagó en dinero y así quedó. Me pregunto: ¿De dónde sacó ese billete?¿Por qué no quiere pagar impuestos? La respuesta es muy sencilla, como dice un refrán, haz lo que te diga pero no lo que yo hago.

Enchufo la tele y le veo aparecer en un debate, nos dice a los mortales que se compromete a perseguir el fraude y la economía sumergida, pero él y yo sabemos que miente, a lo mucho que se va a comprometer es a tratar de aumentar su capital. Con un poco de suerte el plato de ducha se atascará pues los tubos tienen la caída contraria, volverá a llamarme y le diré que la garantía solo cubre con la presentación de la factura. Es lo que hay, cada uno trampea en su oficio, unos con los tubos y otros con la política. Soy tan profesional como usted, soy tan decente como su señoría, no espere de mi lo que no puede dar a los demás.

Copla a la muerte de una gata

Aunque tú apenas me conozcas,

recuerdo ese precioso color,

querida Lumi,

y siento hoy unas grandes penas,

pues tu vida nos llenó de amor,

sobre todo a mí.

Pocas veces nos encontramos,

pero yo no te olvidaba,

me acordaba.

Mas es en estos momentos

cuando más te necesitaba,

te añoraba.

 

 

Copla a la muerte de su abuelo

Él sí era un buen hombre ,

vivió en otra época,

y sin pausa,

se convirtió en un hombre,

y con bastante ética,

vio, sin pausa,

la vida de un gran hombre,

que nunca se equivoca,

él me cuenta

cómo nunca pasó hambre,

usando bien la cabeza,

y destreza.


 

 

 

 

 

 

 

 

Coplas a la muerte de Laura

¡Oh! Mi querida Laura, cómo te echo de menos,

todavía recuerdo cuando aún estabas

¡Pobrecita mía!

Aún recuerdo cómo eran tus dedos

cómo pasábamos tardes hablando mientras andabas

¡Menudo día!

Con mucho dolor te he perdido,

ahora estoy solo en esta vida.

¡Como sonreía!

Contigo era el más feliz del mundo,

ahora no soy nadie por tu ausencia.

¡Ay, mi vida!

Coplas a la muerte de mi perro

Yo solo recuerdo tus grandes aullidos

que a mí solía tranquilizarme escuchar.

¿Y dónde estás?

Aunque a veces parecíamos absurdos,

aunque a veces yo te quería echar,

¿Y dónde estás?

Tú eras el mejor amigo del hombre,

eras lo mejor que podía yo tener.

¿Por qué no estás?

Tú me querías aunque fuese yo un pobre.

Te tenía aunque no te podía mantener

¿Por qué no estás?

 

Pablo Escribano habla en Radio Santoña sobre el Proyecto de Innovación Educativo de nuestro centro

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