Casandra y Tomás: La rebelión

El apuesto caballero tomó a la dama en brazos y la subió con delicadeza a su caballo.

-¿Crees que estamos haciendo lo correcto? -preguntó la joven.

-Ya es tarde para echarse atrás, es el momento de que seamos libres y felices, es nuestro momento -le respondió con voz firme.

Tomás se subió al caballo y la hermosa Casandra agarró con fuerza el vientre de su amado. Entonces, ambos se alejaron de la ciudad a lomos de su caballo, dejando el olor del dulce perfume de la joven allá por donde pasaban.

Tras unas horas, alcanzaron una pequeña aldea que parecía estar inhabitada. Ya era de noche… Hacía frío y lo único que se podía escuchar era los cantos de búhos y grillos, que cantaban al unísono. Los dos amantes entraron en una pequeña casa, donde encontraron un par de mantas. Ambos se cubrieron con ellas y comenzaron a comer unas migajas de pan duro. Cuando terminaron de “cenar”, se dispusieron a dormir, pero un ruido en las afueras de la cabaña llamó su atención. Tensión.

-¿Lobos? -preguntó la chica.

-No lo sé, saldré a ver qué ocurre. Tranquila, yo te protegeré -le contestó besándola con dulzura.

El caballero salió de la casa y tras unos segundos de silencio, un grito agudo resonó con fuerza por el lugar. Casandra comenzó a temblar, pero tenía que ser valiente, no podía quedarse ahí parada. La joven rebuscó por la casa hasta encontrar una pequeña daga, y con decisión, salió de su refugio en busca de su amado.

Anduvo en la oscuridad durante unos minutos, hasta que por fin lo encontró. Estaba aterrorizado…

-¡¿Qué te pasa?! -gritó la noble aterrorizada.

-Yo… -Tomás no tenía palabras para describir lo que había visto.

-Hey, nena, ¿cómo va? -dijo una voz detrás de ella.

Casandra pegó un corto chillido y empuñó su cuchillo. Entonces, la vio.

Era una criatura… poco agraciada, para qué mentir, era horriblemente fea.

-Hey, perdona, bonito, creo que me estás describiendo bastante mal, ¿no crees?

Em… disculpa… ¿me estás hablando a mí?

-Sí, tú, el narrador de pacotilla que me utiliza como protagonista para su trabajo de lengua.

-Perdona, preciosa, pero la protagonista soy yo, la gran Casandra, una heroína.

-Nena, ¿pero te has visto? Si estabas gritando. Menuda heroína eres para el que te está escribiendo.

-Em… bueno… yo… Vaya, tienes razón, ¿se puede saber qué papel me estás dando? En mi contrato decían que era una joven valiente e independiente.

Me estoy volviendo loco. Seguro que es cosa de los exámenes, ¿veis normal tres exámenes un mismo día? Yo sigo indignado… En fin, a lo nuestro: sois mis personajes, sois ficticios, no podéis rebelaros contra mí, yo os creado como quien dice.

-Perdona, pero jóvenes nobles y hermosas como yo que viven detrás de su amado hay miles, ¿acaso te crees original? Méteme en una torre y ya esto es la bomba.

-Nena, lo mejor es que te vayas y le dejes un hueco a la verdadera estrella.

-Supongo que tienes razón, enana peluda, me voy a otra historia en la que me valoren. Adiós, fracasados.

-¡Espera, Casandra! ¡Yo me voy contigo!

-Ay, Tomás… lo nuestro ha acabado, era ficticio también, ¿sabes?

-No, no, si no es por ti, es porque hay altas probabilidades de que ahora que te vas me pongan de novia a este monstruo, y me niego.

-Anda, vámonos, qué menudo creador nos ha tocado…

¿Se acaban de ir mis protagonistas o son impresiones mías?

-Tranquilo, Alberto, te quedo yo, seguro que puedes hacer una historia a mi altura, aunque es complicado teniendo en cuenta lo mediocre que eres… Dime, ¿dónde me pongo?

Ponte donde quieras… total, yo qué pinto…

-¡Venga! ¡Dame acción! Ains… cuánto te queda por aprender.

Mira, será mejor que lo deje. Este relato es un desastre y mi salud mental está en peligro. Adiós…

-¡Pues vete! ¡No te necesito! Puedo ser una narradora perfecta, mejor que tú, ¡dónde vamos a parar! Bueno… vamos allá.

Entonces, apareció una joven alta, esbelta, hermosísima y bien depilada y la pobre Casandra, harta de ser la patética segundona, decidió quitarse la vida junto a su amado, el estúpido enamorado Tomás…

Mira, esta historia no hay por donde cogerla, me rindo. Me voy a Hollywood, seguro que habrá algún director de mi talla, o escritor, o, bah, lo que sea, total, puedo hacer lo que quiera… para eso tengo vida, ¿no?

Publicado el marzo 15, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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