El desván inexplorado

Hace mucho tiempo cuando yo era un bebé, nació un niño llamado José, mi hermano. Creo que os imagináis lo mal que nos llevábamos; nos estábamos pegando continuamente hasta que nuestros padres nos castigaban estando media hora sentados frente a la puerta del desván. Un día mi hermano y yo discutimos y nos castigaron, y nos fijamos en que nunca habíamos entrado en aquel desván, y decidimos explorarlo. Cuando entramos, empezamos a ver una sala llena de libros y de cacharros inútiles, pero entre todos los objetos que había en aquella inexplorada sala, vimos una puerta.

Al abrir la puerta vimos un portal que nos llevaba a otra dimensión. Sin pensárnoslo, entramos y vimos un enorme castillo hecho con cáscaras de cacahuetes. De repente apareció un cacahuete hablante de más o menos medio metro de altura que nos dijo que nos habían estado esperando para que salvásemos a los cacahuetes del temible pistacho. Cuando nos quisimos dar cuenta, ¡el portal había desaparecido! y nos obligaron a salvarlos, ¿quién iba a pensar que los cacahuetes fuesen tan groseros?

Nos equiparon con espada, arco, flechas, etc. Y nos dieron el arma para acabar con el temible pistacho; era una almendra de plata, se la teníamos que clavar en la cáscara para matarlo. Cuando llegamos al castillo de los pistachos, había dos guardias y les arrancamos la cáscara y murieron.

Cuando entramos al castillo vimos al rey pistacho sentado en su trono y sin que se diese cuenta le clavamos la almendra en la cáscara, pero… ¡no funcionó! Mi hermano y yo pensamos que quizás sería mejor quitarle la cáscara  y clavarle la almendra en el fruto, y así lo hicimos sin que se diese cuenta le pelamos y le clavamos la almendra de plata, entonces cayó rendido y murió. De repente, apareció el mismo cacahuete que nos recibió cuando llegamos y nos agradeció todo lo que habíamos hecho, en ese momento volvió a parecer el portal de vuelta a casa, nos despedimos y cuando llegamos a casa había pasado… ¡un año entero!

Nuestros padres nos habían dado por muertos. Cuando les vimos se lanzaron a abrazarnos y nos preguntaron que dónde habíamos estado. Les dijimos que nos habíamos quedado encerrados en el desván y se callaron. Desde entonces nadie a vuelto a hablar de ese tema… ¿Por qué sera?

Publicado el marzo 27, 2014 en Hemeroteca 13-14. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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