La misión que cambió mi vida

Cuando Eugenio entró se coló en el patio de la mansión del malvado Leroy unos perros rabiosos le fueron a perseguir y como estaba un poco fondón le iban a coger rápido…Espérate, dijo Eugenio, ¿Y por qué no puedo yo perseguir a los perros?

Porque si no tendría sentido, dije yo.

Primero me pones ese nombre, me dices que estoy un poco gordito y además calvo… ¡¡¿ Y ahora me quieres que me muerdan los malditos perros?!!

Sí, eso es lo que tenía planeado.

Pues me largo y dejo que Leroy invada la tierra, que además me cae bien.

Vale, te pongo pelo y que no estés gordo, pero los perros te tienen que pillar.

Pero no me tienen que morder, porque me subo a un árbol.

Espera… ¿Aquí quién hace la historia?

Tú.. pero…

¡¡Pues silencio!!

mmmmmmm…

Dejaré  que te metas en la ventana de Leroy, pero tendrás que un perro te muerda el pie así quedará más épico cuando derrotes a Leroy.

Pues… vale…

¡¡Bien hecho!!

Publicado el marzo 28, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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