Tratado 1.5: Cómo Lázaro se asentó con un médico, y de lo que le aconteció con él.

Ya olvidada la pésima experiencia con el ciego, me encaminé al pueblo de Almanza, siendo mal recibido por sus gentes y con un hambre que me mataba.

Comenzó a diluviar torrencialmente y refúgieme bajo un cobertizo destartalado. Pasó por allí un individuo que se conmovió al verme.

-¿Qué haces mojado y aterido de frío?

-Yo no tengo donde ir, ni ropas ni alimentos.

-Ven conmigo a casa y compartiremos mi cena.

Le seguí a través de calles embarradas y encharcadas. Me dio ropas secas, un mendrugo de pan, queso y vino. Lo que él comió, yo comí; lo que él bebió, yo bebí.

A la mañana siguiente, desperté y el desayuno ya estaba preparado: pan duro con un poco de leche. Me pidió que si le podía acompañar en sus visitas a sus pacientes, entonces, me percaté de que era doctor. Nos atendían en todas las casas con mucha honra, y vi lo muy querido que era.

Llegamos a casa con cinco maravedís, pues cobraba poco por sus servicios.

Tenía la tripa llena, un lugar donde comer y dormir no podía pedirle más a la vida. Después de tan malas experiencias apareció en mi vida un ángel llamado Félix.

Su familia había fallecido de fiebres no hacía mucho tiempo y no tenía más compañía que la mía. El destino nos unió y recuerdo aquella época con mucha nostalgia.

Los vecinos me aceptaron gracias a Félix y entablé buenas amistades. El inverno era crudo, pero la leña no escaseaba.

Un día de fiesta, cuando regresábamos de una urgencia, varios ladrones nos asaltaron en el camino, nos robaron todo lo que teníamos y me dejaron otra vez solo en el mundo. Mataron a Félix. ¡Qué poco había durado mi suerte!, no he conocido ni conoceré persona más buena.

Cuando curé mis heridas decidí marcharme, nada me ataba ya allí, la pena y la soledad me ahogaban. Esta fue la mejor experiencia de mi vida, había compartido con un desconocido lo que él tenía, pero su muerte me había causado tal dolor que ya nada sería igual.

Escapé del silencio, y de la paz que había tenido. Así como he contado me dejó mi pobre amigo Félix. Busqué nuevas aventuras y emprendí de nuevo mi camino. Atrás quedaron las penas.

Publicado el abril 8, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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