La Casa Silenciosa

Había una vez una casa muy grande y abandonada en la mitad de un bosque. Un día estábamos dando un paseo una amiga y yo por aquel frondoso bosque. Viendo la naturaleza encontramos una casa con un aspecto que llamaba mucho la atención y no pudimos evitar entrar a investigar aquel asombroso lugar.  Esta casa no era una casa normal; esta casa tenía algo en especial, posiblemente sería por su ambiente fantasmal. Cuando nos encontramos en frente de la puerta, nos enfrentamos a una situación difícil: no sabíamos si seguir a delante e investigar, o no entrar y seguir con nuestra ruta. Finalmente después de un rato decidimos entrar. Cuando estábamos a punto de entrar vimos pasar a un señor cerca de la ventana que había al lado, nos asustamos muchísimo, pero nuestras ganas de entrar eran tan grandes que aquel hombre no nos dio ni el más mínimo miedo.

Cuando conseguimos abrir la puerta vimos que la casa estaba totalmente en silencio y decimos no hacer mucho ruido. De repente, la puerta se cerró de un golpe, y no era por el viento, cada vez el miedo corría más por nuestros cuerpos. Asustadas decidimos ir hacia la puerta para abrirla, por si encontrábamos a alguien peligroso, salir corriendo y no tener que detenernos a abrir la puerta. Nuestros cuerpos empezaron a temblar cuando vimos que la puerta no se podía abrir y no estaba ni candada ni nada parecido. Era como si una fuerza mayor que la nuestra estuviese empujando para impedirnos abrir la puerta. Por mucho miedo que tuviésemos, nuestras ganas de averiguar qué era aquello seguían en pie, así que decidimos investigar primero la planta de abajo y luego subir a las plantas de arriba.

Estando en el salón el miedo se nos calmó un poco. Debía ser el ambiente, la temperatura estaba más alta y se notaba como si hubiese gente muy unida, así que nos sentimos como uno más de aquel grupo tan unido que no podíamos ver pero que sentíamos. Toda nuestra calma desapareció cuando la televisión se encendió de repente a un volumen muy alto y el mando se cayó de la mesa en la que estaba apoyado. Con la piel de gallina me acerqué al mando y apagué la tele. Salimos de aquel lugar, donde nos sentimos con cobijo, pero vimos que no era lo que parecía.

Empezamos a creer que había fantasmas y, esa idea, por una parte nos fascinaba. A nosotras nos encantan las películas de miedo y sería una experiencia poder sentir lo que sale en películas en nuestra piel.

Cuando subimos por las escaleras, se oían como pasos por detrás, como si hubiera fantasmas siguiéndonos. Esto no nos preocupó demasiado y seguimos adelante. Entrando en muchas habitaciones dimos con una en la que había una biblioteca. Con toda nuestra curiosidad empezamos a buscar algún libro que pudiera decir de quién era o fue esta maravillosa y a la vez espiritual casa. Observando la biblioteca vi que había una mesa apartada en la que había numerosos libros. Fui a ver qué libros eran y curiosamente vi que eran unos diarios escritos a mano del dueño de la casa. Me puse a leer y en las últimas páginas contaban que estaban pasando mucho miedo y peligro, y que había unos asesinos por el monte y alrededores de la casa. Cuando se lo dije a mi amiga pensamos que los fantasmas que notábamos y presenciábamos era una gran familia rica de hacía mucho tiempo.

Con esta información fuimos a una habitación de un bebé. El aire parecía que pesaba, era una situación muy incómoda y no me gustaba nada. Este ambiente hacía que nos fuésemos durmiendo y finalmente acabamos tiradas en el suelo dormidas. Cuando me desperté, vi que no estaba en la misma habitación y me puse a buscar a mi amiga. Chillando durante dos minutos acabamos encontrándonos. Vimos que estábamos en una habitación oscura y no había nada. Al minuto vimos que venía un señor alto y trajeado. Empezamos a agarrarnos y teníamos mucho miedo. El señor nos dijo que era el dueño de la casa y que estábamos en peligro teníamos que huir de allí. Nos explicó que nos habíamos quedado dormidas y un espíritu maligno nos había llevado a una habitación en medio de la nada y que teníamos que salir corriendo de esta sala. De repente desapareció y vimos abrirse una puerta y un señor apareció. Iba enmascarado y nos hizo firmar un trato para entrar en la sala del silencio, si hacíamos ruido éramos expulsadas. Decidimos aceptar el trato porque de la sala oscura no había salida.

Después de firmar el trato nos quedamos dormidas y nos volvimos a despertar en una sala con mucha más gente, estaban todos en silencio. Yo me acerqué a hablar con uno y le dije que que hacíamos aquí. Él me dijo que no hiciera mucho ruido y que estábamos aquí bajo la maldición del espíritu del silencio que apoderó toda la casa del bosque. Me dijo que quien entraba allí y firmaba el trato tenía que guardar silencio toda la eternidad. Mi amiga y yo estábamos muy asustadas, teníamos miedo de no poder salir de allí nunca más, pero teníamos temor de hacer ruido, porque no sabíamos qué nos podía pasar.

Un día jugando al escondite por aquella sala, tuvimos un pequeño accidente, nos asustamos al ver a un señor vestido de mimo detrás de un sillón. Ante aquel chillido que metimos, desaparecimos a la velocidad de un chasquido de dedos y aparecimos ante aquella casa de nuevo.

Tras aquella aventura en la que vivimos numerosos sentimientos, decidimos no volver a entrar, porque igual nos pasaba algo peor. Descubrimos que aquella casa no estaba abandonada, si no que estaba habitada por espíritus malignos.

 

Publicado el junio 14, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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