Una cenicienta un poco peculiar.

La cenicienta –> La camarera (Paula).

La madrastra–> La jefa del restaurante.

Las hermanastras–> Las compañeras de trabajo.

El príncipe–> Hijo del gobernador del país.

Este no es un cuento cualquiera, en este cuento no hablamos de hadas, ni dragones, ni de príncipes avariciosos y hermosos, ni de princesas buenas y bellas. Esta historia comienza en un pequeño bar de un pueblo, en el cual, trabaja una chica llamada Paula. Paula trabaja junto a sus dos compañeras, estas son hermanas, además de ser envidiosas, ya que Paula es buena, amable, lista, trabajadora, simpática, guapa, etc. Las gemelas son también muy vagas.

Un día normal, en el que Paula estaba atendiendo, sirviendo los pedidos, limpiando, y preparando el resto de las cosas, mientras sus compañeras, están sentadas, charlando junto a sus otras amigas que han ido al bar. Ese día estaba allí, el hijo del presidente del País, un señor muy importante que había ido al pueblo, para pasar unos días, e inaugurar unos monumentos que habían construido y habían sido declarados patrimonio de la Humanidad.

El presidente era un señor muy importante y él era la imagen del país. Su hijo era un chico joven que no quería saber nada de lo que hacía su padre; él quería llevar una vida de un chico normal como él, sin tener lujos, ni vivir en una casa gigante, etc. El hijo del presidente, asistía únicamente a los actos a los que asistía su padre, ya que, como su padre decía, era una imagen de política; pero aquel día ya se había hartado, así que decidió escaparse cuando nadie le miraba y así daba una vuelta por el pueblo, porque sabía que si su padre o su madre no le veían, empezarían a avisar a la policía a la prensa… para que le encontrasen, aunque solo estuviera unas dos horas desaparecido.

En una de sus vueltas alrededor del pueblo, el hijo del presidente, entró en un bar y pidió un vaso de agua, ya que no llevaba dinero encima. Paula, ya que estaba haciendo todo el trabajo le atendió, y el chico, se quedo mirándola. Él podía observar, que debajo de tanta suciedad, el pelo despeinado, el sudor que le corría por la frente… podía observar que se escondía un hermosa chica, de edad similar a la de él. Paula, no se paró a observarle, ya que le sirvió el vaso de agua corriendo y siguió trabajando, pero al contrario de ella, sus compañeras, si se fijaron en el chico, y fueron directamente a atenderle y a charlar con él. Aunque el chico también se fijó en ellas, no podía dejar de fijarse en Paula. Entonces, no se lo pensó dos veces, y les preguntó a las otras camareras por su nombre. Ellas les contestaron de forma borde y le dijeron que se llamaba Paula. Estas se empezaron a dar cuenta de que el chico se estaba enamorando de Paula, así que empezaron a hablarle mal de ella. Le contaron todas sus caídas al fregar, sus comidas mal hechas y quemadas, los clientes que estaban insatisfechos con ella, etc. Entonces el chico, fue consciente de lo que intentaban hacer con Paula, así que con tono irónico les dijo:

– Si es que ella hace todas estas cosas mal, ¿qué hacéis vosotras entonces?

Las otras camareras, se miraron y se empezaron a reír descaradamente. Estas le contestaron que no hacía falta trabajar para tener el mismo sueldo que ella, que ellas cobraban lo mismo, y al fin y al cabo ella era la que acababa haciendo siempre todo el trabajo. El príncipe, para dejarlas en evidencia, por todo lo que había hecho y dicho hasta entonces, les dijo:

– Bueno, pues si ella hace todo eso, la prefiero antes que a vosotras, porque vosotras sois muy vagas,  y para qué os quiero si no sabéis hacer nada; si lo único que sabéis hacer es estar sentadas, charlando, riendo, y pasando el rato contemplando el paisaje, mientras yo tengo que hacer todo. No os quiero para nada.

Las camareras, enfadadas, le demostraron al chico, que sabían hacer algo más que estar sentadas, así que le quitaron a la chica todas las cosas, y empezaron a hacer todas las tareas que quedaban. Empujaron a Paula, y la pusieron a la fuerza sentada en una silla, para que de esta forma, el chico, viera que las que de verdad sabían  trabajar eran ellas, y Paula solo estaba sentada pasando el rato, hasta que se acabaría la jornada. Entonces, el chico aprovechó esta ocasión, para acercarse a la chica y, así, charlar con ella. El chico, se acercó, se sentó en una silla al lado suyo, y comenzó a hablar.

– Hola,¿ cómo te llamas?

– Hola, me llamo Paula.

– Hola, Paula, ¿ qué tal estás?

– Bien, ¿ y tú?

– Bien. Ya he visto que tienes unas compañeras de trabajo muy majas, parece ser que trabajan así de duro todos los días.

– Sí, pues no las has visto trabajar en los días de verano, en lo que hace sol. Je, je, je, je.

– Seguro que estaría bien verlas, la verdad.

– Mira, no soy de aquí, y en cuanto he entrado a pedirte el vaso de agua, he podido observar, que eres una chica muy trabajadora y respetuosa. Yo, soy el hijo del gobernador, pero prefiero que no me reconozcas por eso, sino que me tomes por un chico normal y corriente, ya que los asuntos de mi padre solo son de él; yo no quiero saber nada, más bien, quiero dejar de asistir a sus asuntos. Mira, tengo que volver en unos minutos a donde se encuentra mi padre, porque si no pensara que me ha pasado algo y que he desaparecido, así que, si no te importa, iré allí, se lo explicaré todo, y luego volveré, pero antes de nada, ¿te gustaría ser mi novia? Yo no tengo ningún privilegio, porque todo lo que me da mi padre lo dono, ya que yo no quiero saber nada de su dinero, así que cuando vuelva me lo dices.

Paula, se quedó alucinada, no se podía creer lo que acababa de pasar, creía que todo era un sueño, pero era realidad, así que decidió no pensar lo que le había dicho, ya que en cuanto le había visto entrar por la puerta, aunque él no se había dado cuenta, se había enamorado de él.

En cuanto llegó el chico, Paula le explicó todo lo que había pensado desde que se había ido, y él, se quedó sin palabras, así que le dijo a Paula, que el padre se iba a mudar a un pueblo por allí cercano, y que él se iba quedar a trabajar junto a ella en el bar, hasta el final de su vida.

 

FIN.

Publicado el julio 1, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: