Una historia para llorar.

Hola soy Julia y os voy a contar una historia que me pasó el 1977. Yo estaba con mi padre, Pedro, y estábamos en el banco a punto de sacar nuestros ahorros para ir de viaje a casa de los padres de mi padre. Cuando de repente vino un chico, nos regaló dos billetes para ir de crucero, al parecer su novia le había dejado justo el día de su aniversario, y le había comprados dos billetes para ir de crucero, y no le dejaban devolverlo.

Eso fue lo mejor, ya que a mí no me apetecía ir mucho a casa de mis  abuelos, y además era muy caro, y con este viaje no tendríamos que sacar dinero porque en el billete ponía “todo incluido”. Así que este año íbamos a ahorrar muchísimo dinero. Después fuimos a la oficina de correos a mandar un telegrama a los abuelos para decir que nos había surgido algo importante y no podíamos ir a visitarles.  Más tarde fuimos a casa después de comprar el pan.

Después de comer hicimos la maleta para  ir al crucero que salía al día siguiente sobre las 11. Luego mi padre me dijo que me fuera a dormir porque era tarde y mañana había que madrugar, pero…  Yo no tenía nada de sueño, y estaba muy nerviosa. Nunca había ido en un barco y después de lo que pasó con  aquel barco llamado Titanic, estaba aterrada.

Esa noche no dormí ni un instante. Justo cuando me estaba quedando dormida, mi padre me vino a despertar para prepararme, pero yo le conté que tenía miedo y me dijo que no pasaba nada, que estuviera tranquila. A las 10 en punto sonó el timbre y era el chófer que nos iba a llevar al puerto.

Aquel barco era impresionante. Cuando íbamos a embarcar me paré en seco, y le dije a mi padre que no podía subir, y mi padre me contó una de sus viejas historias de niño, así que me convenció y subí. Aquello era algo enorme y precioso de muebles rústicos. Nuestro camarote era fantástico.

Pero cuando estábamos almorzando, se oyeron unos ruidos y luego todo empezó, a moverse como si hubiera un terremoto. En el barco entraba agua, y la gente gritaba, las entradas estaban ocupadas por todos los pasajeros. La gente empezó a sacar los botes salvavidas, pero solo podían subir niños y mujeres, mi padre la dijo que me subiera, que a él no le pasara nada. Me subí y mi padre intentó subirse a un barco como si no le vieran, pero un hombre lo descubrió y lo tiró al agua. 

Mi padre debió morir por hipotermia. Yo lo esperé años, pero mi padre nunca volvió.

Publicado el julio 5, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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