Nuevo tratado del Lazarillo de Tormes

Una vez más, mis desafortunadas aventuras hicieron valerme de mí mismo; otra vez para buscar la ansiada comida deseada durante días y días. Cerca del mediodía llegué a un desdichado aunque bonito pueblo. Paseando por sus calles una taberna encontré, y su tabernero, desde luego, piel de cordero conmigo fue, pues al preguntarle por comida, él me dijo: “Entra, y algo te ofreceré”. Cruzando el umbral de la puerta, y siguiendo sus pasos me preguntó:

-“¿Te apetece fregar vasos?”-. Sin argumento y sin refunfuñar, me dispuse a trabajar. Trabajando por comida , y créanme, no era para ir a escondidas, me ofreció un puesto fijo, claro está, a cambio de mis servicios, limpiar y lavar, pensé: “¡Esto no puede mejorar!”

Tras días de servicios algo en la taberna pasó, puesto que todo el mundo en frente de esta se paró. Entrando hacia su comedor, algo me invadió, el terror. Yacía en el suelo el cuerpo de mi mentor, sin cumplir con su labor. Acudí al doctor, tan rápido como urgía, entre explicaciones, mi mentor del corazón sufría, mis penas con el no se fueron, sino con mi barriga, la cual se dio cuenta de que necesitaría comida. Y es así como huí de la ciudad, aunque algunos se lo tomaran con maldad.

Publicado el julio 8, 2014 en Hemeroteca 13-14. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: