LAZARILLO CON UN DELINCUENTE

 

Una tarde mientras caminaba por las orillas del río Tormes donde nací, de vuelta a  casa con el fin de encontrar a mi querida madre y tras haber abandonado a mi infiel esposa el ruido del relinchar de un caballo me llamo  la atención e hizo que levantara la cabeza; esto dio lugar a que pudiera encontrar un nuevo amo para añadir a mi larga lista, pero que sería el último de todos.

Un caballo acababa de llevarse esta capa que me ha costado ganar con sudor y sangre, pensaba yo. Entonces sin darme cuenta empiezo a correr detrás de él, y el jinete que llevaba encima, hace parar al caballo rápidamente y empieza así nuestra conversación:

-Perdone, pero su caballo acaba de quitarme mi capa- dije.

-Disculpe, señorito, quería llamar la atención de usted para preguntarle algo-dijo él.

-Claro, si no se va a entretener mucho, tengo prisa.

-Espero que no. Soy nuevo por estas tierras y me gustaría tener a alguien que me ayudara mientras estoy aquí con mi casa, el caballo y demás, ya sabe. La pregunta concretamente es si estaría buscando por casualidad un amo.

Yo ya no sabía qué contestar. Aquel hombre parecía de buena apariencia, pero eso no me traía muy buenos recuerdos. La verdad, ya que había preguntado por mi madre y nadie me había contestado, no me quedaba nada más que hacer por aquí, así que contesté:

-La verdad es que no lo buscaba, señor, pero viendo su interés no me importaría mientras tenga dinero y cobijo para atenderme.

Él contestó muy seguro:

-Eso no es problema para mí. No se preocupe, no se morirá de hambre conmigo.

Oír aquello para mí era algo extraordinario y nuevo, así que me dejé llevar por mi barriga sin hacerle caso a mi cabeza. Continuamos el viaje, él con su caballo, y yo a pie; pero a ratos me ofrecía agua y algo de pan. Cuando llegamos preguntó en el pueblo por una posada y allí fuimos, a una de las afueras no de las caras, pero bastantes confortable. Cuando llegamos él pagó sacando de su capa un monedero que tenía pinta de pesar, por lo que a este hombre dinero no le faltaba por lo que parecía.

Estuvimos hablando sobre a lo que se dedicaba me dijo que había sido sirviente de un gran cargo en la sociedad y que este le había compensado por sus gratos años de servicio pagándole un poco más el último año que estuvo. Ya por la noche dijo que su intención era salir de España y conocer mundo y si quería podía acompañarle.

Al día siguiente me dijo:

-Lázaro he sido demasiado bueno contigo al acostumbrarte tan bien. En solo un día te seguiré dando comida, pero no te pagaré nada ya que te alimento, doy cobijo y te protejo.

En ese momento mis penas aumentaron día a día porque no había manera de poder comprar nada ni de darme ningún capricho. Empezaron a suceder cosas raras, porque cada vez que nos acercábamos más al sur de España mi amo cada vez tapaba más su cara y cuerpo con bufandas, abrigos y demás…

La gente lo miraba con mala cara y yo empezaba a hacerlo también, hasta que una noche en la posada de un pequeño pueblo, mi amo dijo que dormiría solo ya que tenía que reunirse con unos viejos amigos.

Ya que a mi amo le sobraba el dinero según decía, yo decidí cogerle algo para comprar una buena botella de vino. Al abrir la capa que nunca se quitaba solo esta noche había dejado abandonada al irse encontré mapas billetes y muchos billetes una espada y una carta que decía así:

Amigo mío ya puedes escapar rápido. Aquí en la cárcel hay un revuelo muy grande. Saldrán en unos días a por ti. En este paquete te dejo ropas suficientes para taparte y el dinero que robaste. Gastátelo rápido porque si no te pillarán.

Tu compañero de celda, Luis. Te espero en dos noches para darte más noticias.

 

Al ver esto comprendí todo el dinero que mi amo tenía, como lo miraba la gente por la calle, porque quería salir del país a donde había ido esta noche, a reunirse con su amigo y idear el plan final para salir de aquí y llevarse el dinero.

Mi miedo aumentaba por momentos. Tenía que irme, dejarlo todo como antes, porque si no terminare siendo parte de su plan.

Justo cuando iba a salir, el cerrojo de la puerta sonó y mi plan di un vuelco. Me vio con todo aquello en la mano y entonces supe que ya nunca más tendría ningún amo, no porque yo no quisiera, sino porque mi amo no me dejaría hacerlo más.

-Lázaro, ya veo que no has aprendido nada conmigo, porque no te has dado cuenta de que no  me gusta que urgen en mis cosas- dijo con voz fría y calculadora.

-Perdone señor, yo quería decirle que ya me iba. Iba sido un largo camino y veo que sus planes lo están esperando.

-Lo siento mucho muchacho, pero no puedo soltarte y que vayas contando por ahí quién soy. Todo esto te pasa por ser tan creído y pensar que te ibas a ir con un poco de dinero y pagarías por ello.

Justo cuando iba a chillar el cogió la espada, sus cosas, se puso la capa y no hizo lo que yo esperaba. No me clavó la espalda en la barriga, sino que me enganchó con un par de cuerdas a una viga, me tapó la boca y me hizo un corte en la pierna. Este fue el día que más deseaba morir porque podía haber hecho lo que pensaba yo, todo mas rápido y sin sufrir.

Mis últimos momentos de vida los dedique a pensar en una moraleja:

Nunca te fíes de nadie, porque al final nadie es tu amigo.

Publicado el julio 10, 2014 en Hemeroteca 13-14. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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