Descripción.

De pronto me desperté. Estaba tumbada en la húmeda arena y me llegaba el fresco aroma del mar. Este chocaba con las gruesas piedras que sobresalían en el mar. Ese día había llovido y se habían creado un muchos charcos que ocupaban la mitad de la gran playa.

A lo lejos se podían ver unas grandes y altas montañas y un pequeño pueblo costero. Lo que más me fascinó fue ver aquella playa tan desierta y silenciosa, solo dos personas paseaban tan temprano por la playa. El agua del mar era oscura y no se apreciaban los miles de peces que ahí vivían. Los árboles se movían por el viento.

El sol hoy estaba cansado y como de costumbre en Cantabria no apareció en todo el día. En el cielo se veían unas nubes blancas como la nieve.  La bandera que indicaba el oleaje del mar era roja y ondeaba con gran fuerza. Se respiraba un aire muy agradable y el paisaje era muy tranquilo.

Volví a cerrar los ojos y me desperté otra vez en mi casa. Me levanté del sofá y salí a la calle. Todo estaba como siempre, pero yo estaba segura de que había estado en esa playa alguna vez, por eso soñé con ella. Mi madre me llamó y volví a entrar en esa casa tan grande y bonita.

Aunque no podía dejar de pensar en que alguna vez conocería esa maravillosa playa.

Publicado el julio 30, 2014 en Hemeroteca 13-14 y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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