Beso de cuento

[…] Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas. Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.

Pero que se ha creído este, que puede besarla cuando le diera la gana, que vale que todo el pueblo la ha rechazado y que su marido haya muerto a manos de su amante, pero tampoco estaba tan desesperada. No sé que se habría creído este, que se iba a tomar de buen gusto que un ser repugnante como este la besara. Pero no es solo esto, esta escena la recordaba al cuento de El Príncipe Rana, el ser viscoso al que besó lo tenía pero el príncipe apuesto no, y por si fuera poco, sentía como las babas del ser este le descendían por la boca y como sus labios viscosos se despegaban de los suyos. Y qué va a decir ella, ya no podría haber caído más bajo, de esta ya no se recupera, pero no tiene que ser negativa, sigue con buena salud, sino es que no le han pegado de todo con ese beso de la muerte, porque vete tú a saber cuando ha sido la última vez que se ha lavado este los dientes.

Publicado el diciembre 4, 2014 en Hemeroteca 15-16 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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