La Regenta con miedo.

Y ahí estaba esperando en la iglesia apartada de todas aquellas beatas pesadas y viejas. Unas tras otras eran absueltas y después de rezar la penitencia iban abandonado la catedral, ella seguía esperando. Se estaba haciendo de noche. Ya no quedaba ninguna vieja por confesar, pero el confesor no la llamaba. Ella no aguantaba más aquel nerviosismo, por ello se estaba levantando y acercándose al confesionario.

Ya estaba allí, frente al confesor. ¿Quién era?¡Noo! ¡Quería matarla o hacerla algo malo! (…)

Oh, ¿qué la estaba ocurriendo?¿Qué la había pasado?¡Qué asco!, parece que como si la hubiera besado un sapo, la besó alguien que tenía la boca muy sucia y no se lavaba hace un tiempo.

 

Publicado el diciembre 9, 2014 en Hemeroteca 15-16 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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