La Regenta

Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas. Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.
Aquel momento en el que se dio cuenta de que lo que le había sucedido era real no supo ni qué decir, ni qué hacer ¡qué asco le dio haber tocado los labios de ese hombre! Sentía que a causa del terrible suceso que había vivido iba a vomitar en cualquier momento, y el mal cuerpo y la sensación de que todo le daba vueltas que tenía después de desmayarse tampoco la ayudó mucho.
La sensación causada al abrir los ojos y tener ante ella a ese ser, fue más que suficiente para que prefiriese no haber vuelto a la vida si esa era la manera, pues el asco y la rabia que sintió hicieron que se formara en su interior un gran deseo de pegar a Celedonio.
De mientras que la Regenta continuaba tumbada en el suelo, comenzó a pensar en lo que debía hacer y por una parte quería levantarse y revelarse contra ese miserable hombre, pero por otra prefería permanecer tumbada en el suelo, para así no regresar al pueblo en el que ella sabía que no iba a poder cambiar su mala fama.

 

Publicado el diciembre 12, 2014 en Hemeroteca 15-16 y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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