Frustración

Una vez cobró el sentido, notó cómo la besaba un frío y asqueroso sapo.

No, no era un sapo, era un hombre muy feo y repulsivo, era Celedonio.

¡Por todos los santos! A punto de desmayarme de nuevo, ¡cómo se atreve Don Celedonio!

Una vez de pie, le propinó una sonora bofetada que le dejó una gran marca roja en la cara. Celedonio, no reaccionó al instante, ¡qué vergüenza! Había abusado de su confianza, y se sentía muy mal consigo mismo.  La miró en silencio implorándola perdón ¡qué desfachatez! Cómo osaba dirigirla la palabra después de lo que la había hecho, ¡qué agraviada!, alrededor no se veía a nadie, podía salir y olvidarlo todo. En el fondo solo había sido un mal día. Sin mirar atrás salió despacio. Pasearía un momento por el parque se sentía algo mejor pero mareada. Ya era hora de regresar a casa, pues ya estaba oscureciendo y no eran horas  para merodear por las calles de Vetusta. Al fin en casa cenando, todo era ya más lejano, todo había sido muy raro pero ya acabó. No recuerda bien lo que pasó, tal vez fue un sueño.

 

 

Publicado el diciembre 15, 2014 en Hemeroteca 15-16 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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