Niebla

-¿Y dices que no existo?- preguntó el personaje.

-No que no existas, pues hablo contigo, sino que no eres.- respondí

-Vaya – suspiró – Un gran vacío el de no ser.

– Eres producto de mi mente, fruto de mi conciencia y de lo que yo soy.

– ¡Luego soy! – exclamó – Dices que soy producto de tu ser y tu conciencia, y, sin duda, en la conciencia y la mente muchas cosas son sin llegar nunca a existir.

– Tus palabras quedan aquí recogidas como las de un mortal, lo que implica existencia, pero tu eres una ínfima parte de mi mente expresada de una manera que empieza a escaparse de mi control, pero aún así, es mi persona la que existe y ha dado forma a la tuya, y mi conciencia se ha implantado en ese nuevo ente que es tu personaje sin dejar de ser mía. Yo soy y existo, tú existes.

– ¿Y si soy yo el que tiene las riendas? ¿Y si yo controlo tu ser y tu persona, siendo tú el producto de mi ser? Fui yo el primero que hablé.

– Respondiendo a mi pregunta.

– Nunca formulada.

– Empiezo a dudar de mí. ¿No podemos valorar la posibilidad de constituir un ente mayor?

– Podemos. Tampoco recuerdo yo donde empieza el debate de nuestro ser.

– Te siento parte de mí, como si fueras yo.

– Solo es aquel con libertad. Y nuestra libertad es mucho más que clara.

– Sin duda. Nadie carente de libertad es capaz de existir y hablar de ser de esta manera.

Y ambos fueron.

Publicado el abril 5, 2015 en Hemeroteca 15-16 y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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