La Cenicienta

Érase una vez un hombre y una mujer que tenían una hija llamada María. La mujer enfermó, y después de un tiempo murió.

Después de mucho tiempo el hombre se volvió a casar. María ya había crecido, ya no era una niña, ahora era una joven guapa y amable, era una muy buena periodista, pues lo heredó de su madre. La madrastra de María tenía ya dos hijas. Eran feas y malvadas, al igual que su madre.

María se ganaba la vida con el periodismo, ya que su madrastra no la ayudaba en nada y todo lo tenía que conseguir por sí misma, mientras que sus hermanastras no hacían nada útil por la familia. Después de un tiempo el padre de María murió repentinamente. Ella no dejó el periodismo.

La madrastra no podía soportar que María tuviera éxito en el periodismo, así que aprovechó que su marido había muerto para arrebatarla a María su puesto en el periodismo y dárselo a sus hijas. Y obligar a María a limpiar los ceniceros, llevarles el café a sus hermanastras,…

Las hermanastras se pasaban el día riéndose de María porque siempre estaba limpiando ceniceros. Así que acabaron llamándola Cenicienta.

Un día a las dos hermanastras les surgió una entrevista muy importante, iban a entrevistar al joven presidente.

-¡Cenicienta!- dijeron las hermanastras.

– ¿Qué queréis? -dijo Cenicienta.

-¿Vamos a entrevistar al joven presidente! -gritaron las hermanastras.

– Cuando le entreviste se enamorará de mí y nos casaremos y tendré un guapísimo marido y estaremos forrados-dijo una de las hermanastras.

-¿ Que me pondré? ¡Qué ilusión, vamos a entrevistar al presidente!-dijo Cenicienta

-¿Pero qué dices?, tú no vas a ir, solo iremos nosotras -dijeron las hermanastras.

-Pero yo quiero ir, no es justo -se quejó Cenicienta.

-¡Mamá! Cenicienta se piensa que va a venir a la entrevista del presidente – dijeron las hermanastras riéndose.

-No irás, cenicienta- dijo la madrastra- te quedarás aquí limpiando los ceniceros.

-Pero, yo quiero ir, si tú te pasas el día fumando yo no tengo la culpa – dijo Cenicienta llorando.

-¡No irás y punto! – gritó la madrastra.

Al día siguiente, por la tarde la madrastra y sus dos hijas partieron camino a la entrevista. Cenicienta estaba limpiando los ceniceros, tazas, platos y cucharas que habían dejado allí. Estaba muy triste porque no iba a poder conocer al presidente.

-Ojalá pudiera ir a esa entrevista, me encantaría conocer al presidente. Yo aquí limpiando ceniceros, mientras que mis hermanastras están pasándoselo bien hablando con el presidente.

-Tu deseo ya está medio cumplido, y se cumplirá entero-dijo una voz detrás suyo.

Cenicienta se giró y vio a una mujer con una gran caperuza azul y una barita mágica en la mano.

-¿Quién eres? – pregunto Cenicienta.

-Soy tu hada madrina y vengo a cumplir tu deseo de conocer al presidente -dijo la mujer con orgullo.

De repente una gran limusina apareció en el jardín y de ella salió un mayordomo que la abrió la puerta para que entrara.

-Pero no puedo ir así -dijo Cenicienta.

-Es verdad, la ropa… Ya sé -dijo el hada madrina.

La mujer pronunció una extrañas palabras y Cenicienta apareció sentada en la limusina con un sencillo pero elegante vestido azul.

– A las diez en punto el hechizo se romperá- gritó el hada madrina.

-Vale, muchas gracias-dijo Cenicienta.

Cuando llegó a la sala el presidente solo podía responder a las preguntas de Cenicienta, ignorando por completo a sus hermanastras. Cuando tocaron las diez, Cenicienta se tuvo que ir corriendo y se dejó allí su cámara.

Al día siguiente vio en los periódicos que el presidente estaba buscando a una joven de la que se había enamorado, y que iba por las casas comprobando si las fotos de la cámara que se dejó coincidan con la cara de alguna joven. Al ver esta noticia Cenicienta se entusiasmó. Llevaba todo el día esperando a que el presidente llegara para que se diera cuenta de que ella era la joven que estaba buscando. Cuando por fin llegó el presidente la madrastra lo entendió todo y encerró a Cenicienta en un cuarto para que el presidente no la encontrara.

Cuando el presidente entró a la casa oyó unos golpes en la parte de arriba de la casa y subió para ver que ocurría. Al ver a Cenicienta se dio cuenta al instante de que era ella. Se fueron los dos juntos. Tras un tiempo juntos se casaron, Cenicienta volvió a ser periodista y vivieron felices para siempre.

 

Publicado el junio 6, 2016 en Hemeroteca 15-16 y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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