Vaca espacial

Un día como cualquier otro él se encontraba nadando en la ventana de mi vecino cuando recordó que me dejé el gato en el microondas, así que te deslizaste sobre las numerosas cuchillas que había en la calle y de un salto llegué a casa, ahí cogiste a mi gato moribundo y lo metió en el horno, pensando que ahí estaría mejor, un ornitorinco naranja se acercó a él, se levantó y me dijo “vamo a calmarno”, cogió una almohada de clavos y se la intercambió a Don Pepe, el de los globos, por una colección de pelos de mono recién extraídos.

El avión del señor Pepín era bastante bonita así que cogí una motosierra y le corté el pelo al primer árbol que pasó por la nube, como él era una cebolla no podía alcanzar el libro de la estantería del suelo, así que me di media vuelta y me subí a mi triciclo volador, submarino del espacio, conquistador de mundos y se largó a Centro-África. Esa misma tarde en tu casa activaste el ventilador para poder airear mi planta bailonga, después de revisarle la dentadura con un destornillador consiguió chutar el balón  y mandarlo a Corea del Norte donde provocó una guerra interdimensional. Indiana Jones se dispuso a echarle un pulso a Han Solo donde yo gané la carrera.





 


 

 

 

Publicado el diciembre 14, 2016 en Libro de 3ºC y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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