Don Quijote y los Simpson

Érase una vez, en un lugar de Cantabria cuyo nombre no recuerda bien, un hombre mayor llamado Alonso Ruiz Quijano de unos cincuenta años de edad. Vivía en un piso amplio, con una televisión de 40 pulgadas  en su habitación, en donde Alonso tenía muchas series grabadas en un disco duro. Cuando hablo de series me refiero de comedia, de acción, de tragicomedia, de drama, etc. Pero las que de verdad le gustaban, eran  de animación. Una tarde de sol Alonso empezó a ver “Los Simpsons´´ , una serie bastante interesante, que por lo visto le llamó la atención. No paró de verla hasta ver las veinte temporadas en cuatro días. Se volvió loco, porque hacía las mismas cosas que “Homer Simpson´´, incluso cenaba la misma comida que él y con los mismos gestos.

Al día siguiente de que sucediera todo esto, salió a la calle con todo el cuerpo pintado de amarillo como los personajes de la serie. Incluso se metió al bar más cercano, como si estuviera en la “Taberna de Mou´´ y pidió un cerveza. Cuando se la sirvieron dijo :

-Gracias, Mou. ¿Has quitado el billar?

Y el camarero le respondió:

-De nada. Si es que estaba roto.

El camarero sabiendo  que, ni se llamaba Mou, ni tenían ningún billar en el bar, le siguió el rollo y a la vez  se estaba riéndo de él. A cada trago que daba a la cerveza un eructo más que se tiraba y la gente de su alrededor le miraban con una cara extraña. Después salió del bar y de repente vio a un niño de diez años aproximadamente y le estranguló el cuello como hacía “Homer´´ a su hijo. Ese fue el primer niño de unos siete años que estranguló en todo el día. También fue al supermercado y compró un rasca y gana, pero no tuvo suerte. Además de esto, le robó la caja de herramientas a su vecino de debajo. Al final del día llegó a casa se tumbó en su cama y al cabo de cinco minutos llamaron a su puerta, era la policía que le venían a arrestar, pero este miró a ver quien era por la mirilla y cuando se dio cuenta salió por una puerta trasera, pero tuvo la mala suerte que se cruzó con otros agentes que le arrestaron y tenía que pedir perdón a los niños, además devolverle la caja de herramientas a su vecino.

Una vez que salió de la cárcel, fue al psiquiátrico porque se lo recomendaron los agentes. Una vez ya curado del todo, se prometió a sí mismo que no volvería a ver la televisión nunca más y que lo único que podía hacer era salir a dar una vuelta por la calle y sin molestar a nadie ni a nada.

Finalmente quemó todas las películas y los discos que tenía en su casa, vendió la televisión y tiró a la basura los objetos que le podían volver loco, además de su enorme estantería con cien libros en total. Él se quedó muy agusto a pesar de todo y se quitó muchos problemas de encima.

Publicado el mayo 16, 2017 en Hemeroteca 15-17, Libro de 3ºA y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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