CSI MIAMI.

Érase una vez un hombre que se pasaba el día pegado a la televisión, viendo series de misterio. Horas y horas sentado en aquel viejo sofá divisando aquella diminuta pantalla del televisor. Le encanta ver lo que aquellos locos personajes hacían en ese mundo ficticio, la serie se llama “CSI Miami”, se trataba de crímenes y detectives los cuales se enfrentaban a diversos retos para averiguar quién era el responsable.
Aquel hombre era llamado Don Quijote. Don Quijote se pasó alrededor de un mes viendo aquella serie que tanto le gustaba, pasó tanto tiempo viendo tantísimos tipos de crímenes diferentes que se acabó volviendo loco. Tan loco que pensaba que es un diminuto pueblo había sucedido uno. Llegó a la conclusión de que debía tomar las riendas del caso y llegar a resolverlo para ser el héroe de su pueblo.

Cogió un disfraz de policía que tenía en el armario desde hace más de tres décadas y se puso manos a la obra. Aquel disfraz estaba muy viejo y ni siquiera tenía placas pero su locura le hacía verlo totalmente real, así que llegó a la conclusión de que no podía tener un traje mejor. Cuando salió a la calle el sol brillaba con intensidad y justo cuando Don Quijote estaba dispuesto a ponerse a investigar se percató de que en el jardín de su vecino había unas manchas rojas. Sin pensarlo dos veces, Don Quijote sabía que aquel era el crimen que debía resolver.

Desde entonces Don Quijote se dedicó a investigar a su vecino, atento a cada movimiento que su vecino daba, a las horas que salía de casa y a las horas que llegaba, así día tras día. Cuando Don Quijote ya controlaba los horarios de su vecino Raúl decidió que había llegado el momento de entrar en su casa a buscar pruebas que demostraran lo que Don Quijote había visto.

Al día siguiente cuando Raúl se marchó a trabajar Don Quijote entró por la ventana del baño que se encontraba abierta. Cuando Don Quijote ya estaba en el interior de la casa comenzó a buscar algo que le sirviese de prueba.
Empezó a buscar en todos los cajones, armarios e incluso debajo de las camas, pero no obtuvo resultado alguno, ya que todo estaba en orden. Cuando habían pasado ya unas horas, Don Quijote había rebuscado ya por toda la casa pero seguía exactamente igual que al principio, así que decidió darse por vencido. Cuando esté estaba a punto de marcharse, oyó como alguien se aproximaba a la puerta y cuando miró el reloj vio que ya era hora de que Raúl llegase a casa.
Don Quijote cayó en la cuenta del desastre que había a su alrededor, pero era consciente de que no disponía del tiempo suficiente para ponerse a ordenar así que corrió a esconderse debajo de las escaleras que conducían a la planta superior de la casa. Raúl introdujo la llave y abrió la puerta. Cuando vio lo que había pasado ahogó un grito y quedó exhausto dejando así caer al suelo un saco lleno de sangre.

Don Quijote que divisaba todo desde el hueco de las escaleras se dio cuenta de que su vecino era un asesino. Raúl se dispuso a abrir el saco y allí había un animal muerto que le habían encargado en su trabajo llevarle hasta la carnicería, pero Don Quijote, que no veía más allá de su locura, en el interior de la sábana veía un cuerpo inerte, así que salió corriendo escaleras arriba y saltó por la primera ventana que vio. Fue tan fuerte el golpe que se dio que su locura acabó allí. Un tiempo después, pudo salir del hospital, ya curado del todo, para regresar a su pequeño pueblo.

Publicado el junio 7, 2017 en Libro de 3ºA y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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