Bones

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Tras acabarse en nada más y nada menos que 12 días las 12 temporadas de “Bones”, se convenció a sí mismo de que, al igual que Brennan podía resolver crímenes con tanta facilidad, él también podría hacerlo. Vistiéndose entero de negro, se colocó un chaleco salvavidas como uno antibalas, y salió en busca de un asesinato sin resolver.

Tras un buen rato caminando, se topó con Dulcinea.

– ¿Dónde vas así vestido, Don Quijote?- le preguntó, al ver las pintas que llevaba.

– Te gusta, ¿eh? Me hace ver más apuesto.- contestó él, convencido de que su aspecto era inmejorable.- Y no soy Don Quijote, soy el Dr. Brennan, el mejor médico forense de la zona.

– Teniendo en cuenta que en varios kilómetros a la redonda no hay otra civilización que no sea la nuestra… Dejémoslo mejor en que eres Don Quijote, simulación de médico forestal, o lo que hayas dicho- contestó Dulcinea ante el inminente ridículo que iba a hacer Don Quijote.

– Es forense, no forestal- recalcó nuestro hidalgo.

– Es lo mismo, o como poco, parecido, mira las tres primeras letras.- dijo ella, quitándole peso a su error.

– Ah, ¿sí? Pues gracias por la información, pensé que era distinto, ¡nos vemos, bella dama!- y se fue sin dejarla contestar.

Días más tarde, fue Dulcinea al bosque a por algo de leña para la lumbre, cuando de repente, vio a Don Quijote poniéndole una manta a un abeto. ¿Qué mosca le había picado?

– Don Quijote, ¿se puede saber qué haces?- le preguntó.

– Cumplo mi trabajo como médico forestal; este pobre árbol estaba herido y he tenido que ayudarle, mírale que deprimido está, se le ha caído una quima.- contestó Don Quijote apenado.

Dulcinea, viendo la oportunidad de quitársele de encima unos días más, le dijo:

– Pues a mí me acaba de avisar el Dr… ¡Sí! El Dr. Fisher, ese, de que un árbol se ha desplomado en el Buciero, en Santoña, todo norte, y que tienes que ir rápido.

– ¡El deber me llama! Adiós, mi bella dama, debo partir, este crimen es imperdonable.- dijo, con cierta indignación.- Rocinante, vamos, tenemos un largo viaje por delante.

“Y así Don Quijote emprendió su primera aventura”. Vale.

Publicado el junio 9, 2017 en Libro de 3ºA y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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