Castigo divino

Despertó con una sensación horrible en los labios, como si algo viscoso y mugriento se hubiese posado sobre ellos. Era tan asqueroso que las náuseas no tardaron en llegar, comenzaron en el estómago y la recorrieron entera, haciéndola estremecer. En cuanto la bilis le rozó la garganta sintió la primera arcada. Apretó los labios con fuerza y se dobló sobre sí misma, tratando de reprimirla. Los ojos vidriosos y una gota de sudor resbalando por su sien, tirada en el suelo frío de una desértica catedral, la imagen debía ser simplemente patética. Luchó un poco más contra su propio cuerpo, la garganta cerrándose en dolorosas contracciones y las manos temblando, apretadas contra su boca. Respiró profundo y se giró para quedar mirando al techo, debatiéndose entre la fortaleza y la debilidad. El honor y el deshonor. ¿Debía levantarse?¿Podría hacerlo?¿Merecía hacerlo? Tal vez la respuesta era simplemente no. Tal vez no era lo suficientemente fuerte, tampoco lo suficientemente digna. Una nueva arcada la atacó, y quizás solo era Dios enseñándola cómo se sentían los demás con respecto a ella. A lo mejor sus labios merecían ser profanados, pues todo pecado conlleva un castigo. Cerró los ojos con fuerza mientras las lágrimas recorrían sus mejillas y simplemente se rindió. Acabó dormida sobre el duro suelo, deseando no despertar.

 

Publicado el diciembre 7, 2017 en Libro de 4ºB y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: