El punto y seguido

Tom se despertó. Le dolía todo el cuerpo, se encontraba tumbado en una camilla blanca, al igual que la habitación en la que se encontraba, se levantó como pudo, a duras penas consiguió llegar a la habitación de al lado, quería averiguar donde se encontraba. La habitación era más pequeña que la anterior, al entrar vio un botón y decidió pulsarlo, de repente, empezó a llover a cántaros en aquella habitación, así que salió corriendo mientras gritaba incoherencias. Volvió a la anterior habitación, en la cual no llovía, y se calmó un poco, pero un señor con bata blanca alarmado se empezó a acercar a él y  Tom cayó rendido al suelo, por el gran susto que se había llevado.

Entonces, empezó a recordar.

Tom se despertó por el molesto sonido de su despertador, y pesadamente , se levantó de la cama. Ya listo para ir a su escuela, salió de casa, pero se dio cuenta de que llovía, así que cogió un paraguas. Apenas había andado unos metros , cuando un fuerte viento se llevó a su paraguas, que chocó contra la ventana de su habitación. Entró corriendo a su casa, quería buscar su teléfono para llamar a sus padres, que no se encontraban en casa, pero nada más entrar, se percató del tremendo error que había cometido, cientos de  diminutos cristales, cortaban su piel, ya teñida de rojo, intentó gritar, pero fue en vano, se le había ido la voz, ya no sentía, comenzaba a no oír nada,  lágrimas resbalaban por su cara.

Pudo divisar a lo lejos su paraguas, al que maldijo varias veces, pero de nada le servía. Se fijó en la ventana, cada vez la veía más de cerca, se estaba acercando pero ni siquiera se daba cuenta de lo que hacía,  se asomó por la ventana y sus débiles fuerzas se esfumaron, dejándole caer  varios metros hasta chocar contra el duro suelo, ya no veía, todo era nada, y es que allí estaba, en la nada.

Una aguda voz percibieron sus oídos, no le resultaba conocida, parecía que  provenía de ningún lado, pero que a la vez de todas partes. Se limitó a escucharla:

-Tom -dijo la voz.

Su curiosidad y confusión le ganaron y  decidió conversar con aquella lejana pero muy cercana voz.

-¿Quién eres? -dijo Tom.

-Tu creadora- dijo la voz.

– ¿Mamá?¿Eres tú?-dijo Tom, más confundido aún.

-No, soy Marina, y tú, solo eres producto de mi imaginación-dijo Marina.

-No entiendo-dijo Tom, ya abrumado por la situación.

-Toda tu vida todo lo que te ha pasado, lo bueno y lo malo, yo lo quise así- dijo Marina.

-Bueno, sinceramente, creo que tú eres producto de mi imaginación, porque me acabo de caer de un segundo piso y estoy lleno de cristales, seguramente me haya vuelto loco y…

-Mira este espejo- le interrumpió la voz

-¿Qué espejo? ¿Dónde? – dijo Tom.

Un espejo apareció en frente de él, pudo verse reflejado en él, no tenía ni un rasguño, se acercó al espejo y lo tocó con la mano, esta traspasó el espejo y con ella todo su cuerpo.

Empezó a ver distintos momentos de su vida, aquellos que le marcaron: su nacimiento, su primer palabra, su primer paso, su primer cumpleaños, su primera caída, su primer día de guardería, sus amigos, sus enfados, sus regaños, en milésimas de segundo vio pasar su vida completa antes sus ojos.  Igual estoy muerto, pensaba Tom. Pero volvió a ver la nada, a estar en la nada y a formar parte de la nada, como el nadie que era.

– Tom-dijo Marina-, ya soy mayor, tengo muchos años, apenas pude disfrutar de la vida, por ello, te creé, a través de ti descubrí lo que es ser feliz, y me encantaría poder seguir haciéndolo, pero se me ha acabado el tiempo, y  a ti también. Siento mucho lo de esta mañana, pero tenía que dejarte inconsciente de alguna manera.

Tom se despertó. Estaba en el hospital pero ya no le dolía nada, ya sabía donde estaba.

– Tom, aquí estoy, a tu lado- dijo Marina.

Se giró y vio a una señora mayor y con un aspecto muy cansado.

– Ven aquí- dijo Marina.

Tom se tumbó en la camilla de la anciana.

– Lo siento- dijo Marina, mientras las lágrimas salían sin permiso de sus ojos, por todo, lo siento mucho.

Tom le dedicó una entristecida sonrisa y con lágrimas en sus ojos  le abrazó muy fuerte, rápidamente fue correspondido.

– ¿Este es el punto y final ?-dijo Tom.

– No, este es un punto y seguido, pero no de nuestra historia, de la historia de nuestros queridos lectores-dijo Marina.

– ¿A ellos les quedan muchos capítulos por vivir que tienen que ser escritos, verdad?-dijo Tom.

– Verdad-dijo Marina.

-Hasta nunca, que duermas bien-dijo Tom.

-Nunca digas nunca, hasta siempre- dijo Marina.

Los dos murieron, abrazados, juntos, para siempre jamás.

 

 

 

 

Publicado el febrero 9, 2018 en Libro de 4ºB y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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