Tratado Inventado, Nelson Macedo.

Lázaro Entra al Servicio De un Circo Ambulante

Después de que el clérigo me echara de su casa por robar su comida, iba yo caminando al lado de un rio cuando me encontré una feria llena de payasos, pequeños puestos de comida y baratijas y una gran carpa roída y muy desgastada. Al cabo de un rato paseando por aquel lugar en busca de alguien que me diera un poco de aquella rica y suculenta comida que había en aquellos puestos, un hombre esbelto y con un gran sombrero que llamaba mucho la atención me pregunto si tenía algún amo, dando por hecho que era mendigo, ” por la pintas que llevaba estaba claro que no tenía a nadie”.

Con cara de pena le solté que mi antiguo amo no me tenía aprecio y que no se daba cuenta de mi gran talento como ayudante.

El misterioso hombre respondió a eso con un:

-¿Te gustaría formar parte de nuestra familia?

Yo sin dudarlo respondí que sí, esperando que me diera algo de comer pronto. Me llevó a una especie de caseta donde estaban el resto de los participantes de aquel circo, había un malabarista, uno que contaba chistes y una mujer que hacía piruetas.

Al día siguiente me dieron una gran camiseta que parecía que la habían usado como trapo y unos pantalones más cortos, me pidieron que les ayudase en los números y que después recogiera. En aquellos inacabables cuatro días, me mandaron recoger todos sus ropajes y elementos de actuación, me usaron como conejillo de indias para sus trucos, me quemaron, cortaron y me pusieron en una especie de concurso, alguien pagaba unas monedas y lanzaba una bola a la diana que había junto a mí, si acertaba yo me caía al agua y el conseguía un premio.

No podía aguantar aquellos duros trabajos y magulladuras y menos las mofas de la gente riéndose de mí, como si no fuera una persona, me hacían recordar a cuando el ciego contaba mis travesuras a los campesinos. Así que decidí irme de allí. Aquella misma noche mientras todos dormían, cogí prestado unos ropajes mas cómodos y un poco de comida y nada más salir el sol salí corriendo de aquel lugar.

Nunca más quise acercarme a una feria por si era en la que había estado yo.

Publicado el marzo 22, 2018 en Libro de 3ºA y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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