TRATADO OCHO DEL LAZARILLO DE TORMES

TRATADO OCHO:

     CÓMO LÁZARO SE ASENTÓ CON UN PASTOR, Y DE LAS COSAS QUE CON ÉL PASÓ.

Hube de buscar al octavo y éste fue un pastor. Harto de aguantar al alguacil y a mi mujer con sus humillaciones, me fui de Toledo sin rumbo fijo por los caminos de Dios.

Y por el camino me crucé con un pastor que corría detrás de las ovejas porque se le habían escapado y al que ayudé sin ningún interés por mi parte en ese momento.

-Gracias por vuestra ayuda, yo solo no las hubiera podido juntar (me dijo el pastor).

-A más ver (le contesté).

Seguí mi rumbo, pero como se estaba haciendo de noche me quedé en el pueblo. Allí entré en una taberna para reponer fuerzas pues estaba algo cansado y tenía muy seca la garganta. Y cual fue mi sorpresa que un rato después entró el pastor por la puerta. Me saludó y se acercó a mí. Yo ya me iba, y me preguntó que dónde iba a ir a dormir, y yo le dije que no sabía y que no conocía a nadie y que no tenía mucho dinero. Voy a ver si alguien me puede dar cobijo esta noche.

-Busco un amo que me pueda dar comida y cama a cambio de que yo le pueda ayudar en sus tareas cotidianas. ¿No conocerás tú a alguien?                                                                                   

-Pues yo, yo no puedo darte mucho, pero esta noche si quieres puedes pasarla con mis ovejas  bajo un techo. Y mañana veremos a ver que pasa. Por el día las cosas se ven más claras.

-Vale, de acuerdo.

Y ambos marchamos hacia su humilde cabaña.

A la mañana siguiente, me desperté con el canto del gallo.

El pastor me presentó a su mujer y me invitaron a almorzar. Les  pregunté si habían pensado en cogerme como criado. Entonces ellos me dejaron desayunando y se marcharon a otra habitación a dialogar.

Aproveché el momento para coger algo de comida por si decidían que no fuera su criado. Y al volver donde yo estaba me dijeron que de acuerdo, que aunque su vida era también modesta que se las arreglarían para poder seguir adelante.

Entonces les agradecí el almuerzo y acompañé al pastor a hacer sus tareas, eso sí con el zurrón bien cargado de comida para los próximos días.

Todos los días íbamos a llevar las ovejas al monte, allí pastaban y entre charla y charla nos tomábamos la bota de vino y unos trozos de queso con una hogaza de pan. Su mujer me daba ropa casi todos los días y mientras iba a buscarla les robaba queso y rellenaba la bota con agua, pues yo me había bebido un largo trago. Mi amo me dijo un día:

-Cada vez hay menos queso.

-Verdad es (le contesté).

-¿No habrás sido tú, no?

-No, ¿acaso dudas de mí?

-No, claro que no, ¿pero si no quién ha sido?

-Ahora, que me acuerdo bien, el otro día vino un señor acá cuando tú estabas en el pueblo, mientras que yo almorzaba y mientras que fui a llamar a vuestra mujer, se quedó solo en la cocina.

-¿Y para qué vino?

-Dijo que para comprar unas ovejas, pero tu mujer le dijo que no las vendíais.

-Así, que podría ser él, el ladrón de queso.

-Seguramente.

-Bueno vamos a llevar a las ovejas al monte.

-De acuerdo.

-Coge la bota de vino y yo cojo un poco de queso y un poco de pan. Mañana iremos al mercado.

-Vale.

Nos dirigimos hacia el monte con las ovejas, nos sentamos y comenzamos a comer, él dió el primer trago a la bota. Y me comentó:

-Oye Lázaro, ¿me has cambiado tú el vino o ha sido también el ladrón que vino a comprarme ovejas?

-Yo, no fui señor mío, pero tampoco sé lo que hizo aquel señor.

-Espero que ese desdichado no vuelva.

-¿Cuándo esquilaremos las ovejas?

-Primero tendrás que aprender a ordeñarlas, Lázaro, primero te tocará aprender lo difícil.

A la mañana siguiente me levanté muy pronto, y mientras almorzábamos le pregunté:

-¿A qué vamos al mercado?

-Te lo voy a enseñar, Lázaro. Y si te gusta, el sábado que viene iremos a vender lana y ropa que teje mi mujer, luego aprenderás tú e irás a venderlo, te daré una recompensa cada vez que vendas algo.

-Me parece perfecto.

Nos dirigimos hacia el centro del pueblo y me encantó lo que vi, nunca había visto un mercado tan grande. Mi amo que quería lo mejor para mí, me ofreció unas lentejas y le dije:

-¿Eso se come?

-Pues claro,¿no las has probado nunca?

-No, ya te conté que hasta ahora he estado con siete amos y contigo ocho y que todos me daban muy poco de comer.

-Pues mañana las probarás.

Compró un tarro y yo como no sabía cómo se comían cogí una y me la metí a la boca, pero como no tenía  dientes ya que el ciego me los rompió, la tuve que tirar por lo dura que era.

-¿Estás bien?

-Pensé que eran menos duras, creo que mañana no podré comerlas.

-Hay que hacerlas en una cazuela, y se volverán blandas.

-Entonces sí que podré.

Seguimos por el mercado hasta que nos fuimos. Y en el camino de vuelta le comenté que me había encantado y que me gustaría volver.

-Claro, Lázaro, pero tendrás que aprender a ordeñar.

Pues empecemos.

-Al principio te costará un poco, pero ya verás cómo te acostumbras.

Esa noche mi amo me llevó a dormir a su casa porque estaba muy contento de lo que había aprendido.

Mañana nos levantaremos muy pronto, toca esquilar.

Al día siguiente aprendí a esquilar y a tejer lana.

-Mañana es sábado.

Sí, ¿iremos al mercado?

-Por supuesto.

-Así aprenderé a vender.

Fuimos al mercado y aprendí muy rápido, tanto que mi amo se quedó asustado viendo lo rápido que aprendía y ese día me dió de comer el doble. Me dijo:

-Te lo mereces Lázaro, aprendes muy rápido, ya me gustaría tener tu edad.

-Gracias, ya sé que es de mala educación pero ¿cuántos años tienes?

-63.

-Todavía eres muy joven.

-No te creas. Espero que cuando me vaya de este mundo te quedes con mis ovejas y cuides a mi mujer como si fuese la tuya.

-Así, será.

Dos meses después, estábamos en el monte cuando de repente mi amo se cayó al suelo, al ver que no respondía le lleve hasta su casa y después nos dirigimos al hospital, no despertó. Su mujer desesperada comenzó a gritar y a llorar, intenté tranquilizarla pero no pude. Horas después volvimos a casa y la dije:

-El deseo de mi amo fue que yo cuidase de sus ovejas y que te tratase y cuidase como si fueras mi mujer.

-Pues si ese era su deseo, ¡cúmplelo!

Y así fue lo cumplí, con tal de tener dinero, techo y comida.

Publicado el marzo 22, 2018 en Libro de 3ºA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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