Tratado inventado. Álvaro Calera

Yo me marché de Toledo, ya que estaba aburrido de la perra vida que llevaba y de mi amo. Decidí coger camino con mis cuatro posesiones metidas en mi viejo zurrón, caminando y caminado llegué a Madrid, mi cara de sorpresa fue estrepitosa al ver todas las calles, iglesias y conventos de la capital ¿como podía vivir yo una vida tan perra comparada con la de esta gente que se veía por las calles? Carruajes, vestidos preciosos y casa de ensueño. Admirando estas estaba cuando una gorda mujer tropezó cayendo a mis pies. Presuroso la ayudé a a levantarse, cosa que me costó la verdad, pero que gracias a mi maña logré hacer, esto a la señora le chocó y esta me ofreció ser el jardinero de su palacio. Me acomodó en el cuarto de las azadas y rastrillos con paso directo a la cocina, nunca en mi vida había visto tantos manjares de los que podía disponer solo por cuidar los rosales y tener bien aseado el césped. De momento aquí estoy, comiendo y regando sin arrepentimiento alguno de abandonar Toledo.

Publicado el marzo 25, 2018 en Libro de 3ºA. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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