Archivo del Autor: celiagarmi

La casa abandonada

Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había una casa abandonada a la que nunca nadie se había atrevido a entrar. Tenía un tejado negro, a saber por qué, unas ventanas que apenas se veían, y las que se veían, estaban destrozadas, la puerta estaba siempre cerrada, y la fachada tenía un color muy raro, un color que nadie conocía.

Todo el mundo decía que había algo raro en esa casa, nadie sabía el que pero algo había. A Sara le llamaba mucho la atención. Sara tenía 13 años, era una niña normal y corriente, sacaba buenas notas y la encantaba jugar con sus amigas.

Siempre, después del colegio todas las niñas iban directas a casa. Pero un día, Sara y sus amigas decidieron dar un paseo antes de ir a casa. Iban de camino al parque, y pasaron por al lado de la casa abandonada.

-Mirad, es la casa abandonada a la que tanto teme todo el mundo, dicen que hay algo malo ahí dentro. ¿No tenéis tanta curiosidad, que hasta entraríais dentro? – dijo Sara.

-La verdad es que algo de curiosidad sí tengo, pero da mucho miedo… – dijo una de las amigas de Sara.

De repente vieron que una de las persianas de la casa se subía y se volvía bajar rápidamente.

-¿Que ha sido eso? – dijo asustada una de las niñas.

-No lo sé, pero yo quiero entrar ahí y averiguarlo. Chicas, ¿entramos?- dijo Sara

-¡Ni hablar!- dijeron a la vez todas sus amigas.

-Venga, solo un momentito y nos vamos – suplicó Sara.

Las niñas accedieron a entrar solo cinco minutos. La puerta de la valla que la rodeaba estaba abierta. Al entrar al enorme jardín de la casa volvieron a ver moverse algo en las ventanas, las niñas se asustaron, pero siguieron hacia delante. La puerta de la casa era muy vieja y antes de que Sara la tocara se abrió sola. Cuando Sara estaba dentro miró hacia atrás y vio a sus amigas corriendo hacia sus casas, antes de que Sara pudiera correr tras ellas la puerta se cerró. Rápidamente Sara intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada. Después de un rato intentando abrir la puerta Sara decidió ir a echar un vistazo a la casa. En la planta baja todo parecía estar bien, de momento todo era normal. Al subir por las escaleras le pareció oír ruidos extraños arriba. Allí estaban las habitaciones. Entró a una bonita habitación, la pared era rosa y estaba llena de muñecas. Sara se quedó observando las muñecas, de repente se dio cuenta de que las muñecas estaban rotas, a todas las pasaba algo, a unas les faltaban los brazos, a otras las piernas, la cabeza…

El corazón de Sara se paró durante unos segundos, cuando se volvió a poner en marcha y se disponía a salir de la habitación…

-¿No te ha gustado mi habitación? – dijo una voz detrás de ella.

Sara miró hacia atrás aterrorizada y vio un niña de pie. De repente la niña se abalanzó sobre ella y las dos cayeron en la cama. Lo último que Sara vio fue la cara pálida de la niña encima suyo.

Y ahora cada vez que alguien pasa por la noche al lado de la casa se oye al espíritu de Sara pidiendo que alguien la saque de ahí.

 

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La Cenicienta

Érase una vez un hombre y una mujer que tenían una hija llamada María. La mujer enfermó, y después de un tiempo murió.

Después de mucho tiempo el hombre se volvió a casar. María ya había crecido, ya no era una niña, ahora era una joven guapa y amable, era una muy buena periodista, pues lo heredó de su madre. La madrastra de María tenía ya dos hijas. Eran feas y malvadas, al igual que su madre.

María se ganaba la vida con el periodismo, ya que su madrastra no la ayudaba en nada y todo lo tenía que conseguir por sí misma, mientras que sus hermanastras no hacían nada útil por la familia. Después de un tiempo el padre de María murió repentinamente. Ella no dejó el periodismo.

La madrastra no podía soportar que María tuviera éxito en el periodismo, así que aprovechó que su marido había muerto para arrebatarla a María su puesto en el periodismo y dárselo a sus hijas. Y obligar a María a limpiar los ceniceros, llevarles el café a sus hermanastras,…

Las hermanastras se pasaban el día riéndose de María porque siempre estaba limpiando ceniceros. Así que acabaron llamándola Cenicienta.

Un día a las dos hermanastras les surgió una entrevista muy importante, iban a entrevistar al joven presidente.

-¡Cenicienta!- dijeron las hermanastras.

– ¿Qué queréis? -dijo Cenicienta.

-¿Vamos a entrevistar al joven presidente! -gritaron las hermanastras.

– Cuando le entreviste se enamorará de mí y nos casaremos y tendré un guapísimo marido y estaremos forrados-dijo una de las hermanastras.

-¿ Que me pondré? ¡Qué ilusión, vamos a entrevistar al presidente!-dijo Cenicienta

-¿Pero qué dices?, tú no vas a ir, solo iremos nosotras -dijeron las hermanastras.

-Pero yo quiero ir, no es justo -se quejó Cenicienta.

-¡Mamá! Cenicienta se piensa que va a venir a la entrevista del presidente – dijeron las hermanastras riéndose.

-No irás, cenicienta- dijo la madrastra- te quedarás aquí limpiando los ceniceros.

-Pero, yo quiero ir, si tú te pasas el día fumando yo no tengo la culpa – dijo Cenicienta llorando.

-¡No irás y punto! – gritó la madrastra.

Al día siguiente, por la tarde la madrastra y sus dos hijas partieron camino a la entrevista. Cenicienta estaba limpiando los ceniceros, tazas, platos y cucharas que habían dejado allí. Estaba muy triste porque no iba a poder conocer al presidente.

-Ojalá pudiera ir a esa entrevista, me encantaría conocer al presidente. Yo aquí limpiando ceniceros, mientras que mis hermanastras están pasándoselo bien hablando con el presidente.

-Tu deseo ya está medio cumplido, y se cumplirá entero-dijo una voz detrás suyo.

Cenicienta se giró y vio a una mujer con una gran caperuza azul y una barita mágica en la mano.

-¿Quién eres? – pregunto Cenicienta.

-Soy tu hada madrina y vengo a cumplir tu deseo de conocer al presidente -dijo la mujer con orgullo.

De repente una gran limusina apareció en el jardín y de ella salió un mayordomo que la abrió la puerta para que entrara.

-Pero no puedo ir así -dijo Cenicienta.

-Es verdad, la ropa… Ya sé -dijo el hada madrina.

La mujer pronunció una extrañas palabras y Cenicienta apareció sentada en la limusina con un sencillo pero elegante vestido azul.

– A las diez en punto el hechizo se romperá- gritó el hada madrina.

-Vale, muchas gracias-dijo Cenicienta.

Cuando llegó a la sala el presidente solo podía responder a las preguntas de Cenicienta, ignorando por completo a sus hermanastras. Cuando tocaron las diez, Cenicienta se tuvo que ir corriendo y se dejó allí su cámara.

Al día siguiente vio en los periódicos que el presidente estaba buscando a una joven de la que se había enamorado, y que iba por las casas comprobando si las fotos de la cámara que se dejó coincidan con la cara de alguna joven. Al ver esta noticia Cenicienta se entusiasmó. Llevaba todo el día esperando a que el presidente llegara para que se diera cuenta de que ella era la joven que estaba buscando. Cuando por fin llegó el presidente la madrastra lo entendió todo y encerró a Cenicienta en un cuarto para que el presidente no la encontrara.

Cuando el presidente entró a la casa oyó unos golpes en la parte de arriba de la casa y subió para ver que ocurría. Al ver a Cenicienta se dio cuenta al instante de que era ella. Se fueron los dos juntos. Tras un tiempo juntos se casaron, Cenicienta volvió a ser periodista y vivieron felices para siempre.

 

Yo con veinticinco

Hola, me llamo Celia Garmilla. Soy tutora de primaria.

Estudié magisterio y cuando acabé la carrera me fui de viaje con mis amigas a Thailandia, Laos, China y Japón, de mochileras. A mis amigas también las ha ido muy bien, Lola está de residente con Andrea en Valdecilla, para ser cirujanas, Lucía es profesora en un colegio, conmigo, y Laura es periodista, pero no la vemos mucho porque vive en París. Mientras yo estoy en  unas vacaciones a Noruega, he visto muchos osos polares, también conocí a un reno que se había jubilado después de trabajar 100 años para Papá Noel.

Ya verás cuando se lo cuente a mis niños de segundo. Se van a quedar con la boca abierta.

En cuanto vuelva tenemos una excursión, vamos a ir a un camping de Madrid, estaremos allí una semana. Visitaremos museos, iremos a parques de atracciones, pasearemos por el monte, iremos de compras…

Claro que todo esto no será muy divertido para Lucía y para mí, ya que tendremos que cuidar de cuarenta niños de ocho años. La última excursión que hicimos fue a Cabárceno, pero no acabó muy bien, digamos que los niños dieron comida que no tenían que dar a los animales, dieron mortadela a una jirafa. La pobre acabó mal, muy mal.

 

Noticuento: Moli en el jardín

Hola, soy Moli, una cabra que vive en la India. Os voy a contar una lo que me pasó el otro día.

Era un día soleado y caluroso. Me fui a jugar con mis amigos Oliver y Mimi. Estuvimos jugando al pilla pilla, al escondite, a correr tras las palomas…

Después de mucho tiempo jugando, puede que demasiado, me entró el hambre. Fui al lugar del jardín donde siempre comíamos, pero como siempre había lo mismo; hierbas verdes, hierbas verdes puntiagudas, hierbas verdes redondas y paja. Ya estaba cansada de comer siempre lo mismo, hacer siempre lo mismo y que todo el mundo se comporte siempre igual. Me tumbé al sol un rato para pensar en que podría hacer para cambiar un poco la rutina y sobre todo la comida.

Cuando de repente vi unas hierbas distintas que nunca había visto. Me acerqué corriendo y vi una valla, en ella ponía; propiedad de Hemant Ratre, no entrar.

Pensé que por una sola vez que entrara a probar esas hierbas no pasaría nada ¿no?

Así que salté la valla. Cuando ya estaba en el jardín fui corriendo hasta las hierbas, tenían muy buen aspecto y decidí probarlas. Fue lo mejor que había probado nunca, las di unos cuantos mordiscos más y me fui a mi casa. No se lo conté a mis amigos por si les daba por ir y comérselas todas.

Al día siguiente la tentación me pudo y no pude evitar volver. Al día siguiente volví también, y al siguiente, y al siguiente del siguiente, y al siguiente del siguiente del siguiente. El dueño parecía enfadarse cada vez más, pero yo no le di importancia. Un día estaba pastando tranquilamente en el jardín de Hemant otra vez, cuando de repente unos señores vivieron corriendo hacia mí y me metieron en un coche. Yo no sabía que estaba pasando, hasta que,  a través del cristal conseguí leer en sus uniformes una palabra llamada Policía. No sabía muy bien que significaba pero no debía de ser muy bueno porque me habían encerrado en el maletero de un coche y no sabía porque. Hombre, esto es algo diferente pero yo no me refería a esto.

Lo último que recuerdo fue que me empezó a entrar sueño, me dormí y cuando desperté estaba entre rejas con mi dueño, no veía muy bien pero en cuanto empecé a fijar la vista vi que…

¡Mi dueño y yo estabamos en la cárcel!

Estuvimos allí unos días, hasta que por fin nos dejaron irnos.

Al final  no me enteré muy bien de lo que había pasado pero debe ser algo parecido a que nos detuvieron por colarnos en el jardín de otro. Sigo sin entenderlo, yo no me colé en el jardín de nadie. Creo que fue mi dueño, es increíble hace algo malo él y lo tengo que pagar yo…

Bueno, ya me despido que voy a pastar hierba del jardín de Hemant.

Mimo,Mima,Moma: La cocina

La cocina es una actividad que requiere dedicación. Con la cocina se desarrollan los sentidos de la vista, el olfato, el tacto y el gusto. Ya que para comprobar que la comida está en buen estado, la olemos, miramos su aspecto, lo tocamos para comprobar su textura y lo saboreamos.

Cuando cocinamos también queremos satisfacer a nuestros invitados, y con ello también buscamos reunirnos con nuestros amigos o familiares. Todas estas son razones que dejan clara la importancia de cocinar.

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