Archivo del Autor: elainemaruri

Me cautivó tu mirada

Ojos verdes, insondables, que con el tiempo se irán oscureciendo por filtrar toda la maldad vista por la persona que los posee.

Tuvo que huir con 15 años, siendo simplemente una niña, una cría, por amor o mejor dicho, todo lo contrario, por no amar a su futuro marido, por no aceptar su religión, por no aceptar sus costumbres, por amar a quien no debía. Un marinero, un militar de la base de Rota, traído aquí por las absurdas guerras creadas por los irracionales humanos que dominan (sin que nos demos cuenta) este mundo. Él era el enemigo, ella era una simple afgana con el sueño de ser alguien, que se vio completamente truncado por su familia al comunicarle su futuro matrimonio con un completo desconocido.

 

Se enamoró perdidamente de ese militar, cuando la salvó de uno de sus compañeros, exponiéndose a un inminente destierro. Desde ese día ellos quedaban, en el mismo sitio donde se conocieron, a la misma hora. Ese era su tiempo de libertad, para criticar la guerra, despotricar contra su religión, para reír, hablar, cantar, para enamorarse más el uno del otro…

 

Pero un día ella no apareció. Él la buscó de forma desesperada, pero no la encontró, así que decidió esperarla en su escondite. Ese fue el primer día de los muchos en los que no se vieron. Ese fue el primer día en que su padre la encerró en casa.

 

Los gritos de la discusión entre ella y su padre resonaban por la casa:

-¡No voy a consentir que mi hija confraternice con el enemigo!

-Él no es el enemigo!- Lágrimas de desesperación salían de sus hermosos ojos esmeralda.

-¡Mientes! ¡Mientes para encubrir su maldad! Esa persona, ese hombre, no merece tal nombre, en sus manos está la sangre de inocentes. ¡De nuestro pueblo!

-¡Eso es mentira padre!, ¡él me salvo!

-¿Por qué defiendes a nuestro enemigo hija?, ¿por qué?

-¡Porque le amo!-Lo único que se oyó en ese momento fue el chasquido de la mano del padre en la asombrada cara de la niña.

 

Unos pasos apresurados y la puerta cerrándose estrepitosamente.

Ella corrió y corrió, con lágrimas de frustración cayendo por su delicadas mejillas. Corrió y corrió hasta quedar exhausta. Iba a contracorriente entre mares de gente. Hasta que llegó a su punto de encuentro con el militar. Pero allí no habia nadie, ni nada, estaba todo destruido. Los gritos de la gente le informaron de la bomba caída recientemente y la alertaron de que algo iba mal, que había alguien por allí, cruzando la frontera de la vida hacia la muerte. Ya le había perdido; ella ahora estaba sola, sólo le quedaba huir de ese país y cumplir sus sueños.

 

Con lágrimas en los ojos y una tristeza que le helaba los huesos, recogió la poca comida y recuerdos que pudo y siguió andando, alejándose de esa ciudad hasta que la vio, semiardiendo, viva y muerta a sus pies. Tenía una ciudad a sus pies, ¿por qué no podía tener el mundo?

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