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La expectación por el examen de lengua

El pasado lunes día 9 de mayo, los alumnos de 3º de la ESO hicimos el primer examen de lengua.

Los profesores de lengua pusieron fecha a los exámenes de sus alumnos de 3 de la ESO, en principio, para el día 4 de mayo, pero decidieron cambiar la fecha ya que uno de los profesores decidió cambiarla dado que sus alumnos no comprendían aún la sintaxis y las dificultades que ésta les suponía.

En cuanto al examen, podemos decir que era relativamente fácil, y la mayoría de los alumnos creen que lo van a aprobr. Sin embargo, no lo sabremos hasta la semana que viene, ya que los profesores requieren de un fin de semana para proceder a la corrección, puesto que la hija menor de Ana María Rojas de la Escalera contrajo varicela la semana del examen y, como consecuencia, Ana tuvo que prestarle mucha más atención. Aunque comprendemos sus razones, estamos impacientes por saber nuestra nota, ya que la última evaluación es la más importante.

 

 

Descripción

Hola, me llamo Eva y voy a describirme:

Empezaré por mi pelo, es largo y relativamente ondulado,de un color castaño bastante oscuro, aunque las puntas son más claras y en verano es un tono castaño medio. De pequeña tenía el pelo bastante más claro, aunque eso suele pasarle a mucha gente. Mis ojos son marrones con algún tono verde, aunque a la luz se ven más verdes que marrones. Soy delgada y bastante alta.

La verdad es que he cambiado bastante desde que era pequeña, tenía rizos y ya no hay ni rastro de ellos, aunque supongo que es lo normal.

En cuanto al ámbito psicológico, me considero una persona tranquila y maja con quienes me conocen, aunque con quien no tengo confianza a veces soy un poco borde. En mi opinión, mi personalidad cambia bastante a medida que alguien me va conociendo.

Mi árbol genealógico

Hola, me llamo Eva y os voy a presentar mi árbol genealógico.

Tengo un hermano que se llama Mario, y tiene 17 años. Mis padres se llaman Lidia y Carlos. Mis abuelos paternos se llaman Pepe y Mª Luisa, que además de mi padre tienen otro hijo llamado Jorge, que está casado con Ascen. Mis abuelos maternos se llaman José Manuel y MªLuisa, que además de mi madre tienen otros dos hijos: José y Maísa.

La anécdota es que mi madre es tan despistada con los coches, que un día se metió en el coche de otra persona pensando que era el nuestro.

 

Reclamación.

La abajo firmante, Eva Piernas Bilbao, con domicilio en el estado de Nueva York, Wall Street, nº27 y DNI 53869210D,

Expone lo siguiente:

Compré un dispositivo móvil, y tan sólo tres meses después de su compra, este dispositivo presentó ciertas deficiencias tales como: reinicio automático, deficiencia de cobertura y memoria interna y atraso o bloqueo de la ejecución de varias aplicaciones. Esto causa mi incomunicación total.

Ya que este terminal se encuentra en garantía, solicito su arreglo inmediato o, en su defecto, su sustitución, ya sea económica o con otro dispositivo que funcione correctamente.

Santoña, 5 de diciembre de 2014

Eva

ATENCIÓN AL CLIENTE DEL COMERCIO “BAD TELEPHONE IN WALL STREET”

 

El naufragio.

Ocurrió el 20 de enero de 1961. Estaba de crucero con mi familia.

Mi hijo ya se había ido a dormir y mi marido y yo estábamos cenando en el restaurante del barco. De repente, oímos un ruido, pero no le dimos importancia, hasta que más tarde volvimos a oír otro ruido; el barco se había estrellado contra una roca que sobresalía del mar. Todo era un desastre, allá donde mirásemos veíamos niños llorando, gente gritando y corriendo…

Un trabajador del barco nos dijo que fuésemos a cubierta, donde nos darían unos salvavidas que debíamos ponernos. En mitad del caos que reinaba en el barco entero, me acordé de que mi hijo, de tan solo 7 años, estaba en el camarote. Fui corriendo en busca de mi hijo, sin éxito. Cuando entré a nuestro camarote, no había nadie. Busqué en los camarotes de al lado, y seguía sin encontrarle. Después de buscar en todo el barco, me dirigí a cubierta con la esperanza de que ya le hubieran salvado. Me até el chaleco salvavidas justo antes de que se hundiera el barco. Miré a mi alrededor y solo encontré gente asustada y la roca culpable de esta situación en mitad del océano.

Por primera vez sentí la impotencia y la desesperación de estar en mitad del océano, con más posibilidades de morir que de vivir y sin saber nada de mi familia. Nadé hacia la roca e intenté trepar con la esperanza de que desde allí arriba pudiera encontrar a mi hijo, o a mi marido, pero no podía subir. La roca estaba resbaladiza debido al musgo y estaba cubierta de ostras, por lo que cada vez que intentaba subir, las ostras me hacían cortes en la piel. Cuando, después de hacer tantos intentos que perdí la cuenta, intenté subir de nuevo, mis músculos no respondieron y perdí el sentido.

Cuando desperté, no estaba flotando en mitad del interminable océano, si no en la costa de una playa de lo que me supongo que era una isla. Me levanté y miré a mi alrededor. No había nadie, pero al menos no estaba a merced del océano. Decidí dar una vuelta por la playa para ver si había alguien. Después de buscar durante 2 horas por la playa y alrededores, me senté en  la arena pensando qué había sido de mi hijo y mi marido. Estuve pensando qué iba a hacer, cómo iba a sobrevivir sola en una isla desierta, cuando vi un cuerpo flotando muy cerca de la costa. Me levanté para verlo mejor, y vi que era mi hijo. Corrí hacia la costa y fui nadando hasta él, lo saqué del mar, lo llevé hasta la arena y le quité el chaleco para comprobar que su corazón aún latía, y así era. Sentí una felicidad arrolladora, y durante unos minutos olvidé dónde estábamos, y todo el horror que pasamos la noche anterior. Mi hijo abrió sus ojos y me miró.

– ¿Dónde estamos?- me preguntó mientras se incorporaba.

– Estamos en una isla desierta, te encontré a unos kilómetros de donde yo estaba- le respondí.- ¿Quién te llevó ayer a cubierta?

-Papá- me dijo- luego se fue, dijo que iba a buscarte, pero el barco se hundió y esa es la última vez que le vi.

Estuvimos intentando asimilar los últimos acontecimientos hasta que decidimos dar una vuelta por los alrededores de la playa. Encontramos una palmera, y había cocos a sus pies. También había más árboles con distintos tipos de frutas y verduras.

-Esto nos servirá por el momento- dije-. Se va a hacer de noche, tenemos que buscar un refugio.

Volvimos a la playa y buscamos un refugio. Encontramos una cueva y entramos para ver si podíamos pasar ahí la noche.

-¿Puedes ir a la palmera de ahí y coger las hojas que están a sus pies?- le pregunté.

-Sí, voy.

-Gracias- le dije, mientras intentaba hacer una hoguera en frente de la cueva.

Mi hijo trajo las hojas, y las pusimos en la cueva para dormir encima de ellas. Salimos y buscamos por la costa si había peces o marisco, ya que no podíamos vivir solo de frutas. Encontramos cangrejos y algunos peces. Los asamos en la hoguera y los comimos.

Así pasaron cinco largos años, alimentándonos de lo que encontrábamos, hasta que nos encontró un helicóptero. Por lo visto habían rescatado a mi marido dos semanas después del naufragio, y nunca se cansó de buscarnos….. Hasta que nos encontró.

Palabrismos

Monomente: se dice de cualquier ser u objeto que solo tiene espacio para una cosa en la mente.

Monovolumen: que solo tiene un volumen.

Dispositivo: cualquier cosa que no es positiva.

Desponer: quitar.

Sudadera: expresión cuyo significado es que has sudado mucho.

Bimochila: mochila con doble espacio.

Monoliso: que es todo liso.

Binormal: que es doblemente normal.

Multigatos: que tiene muchos gatos.

Precorte: acción realizada antes de cortar algo.

Yo con 25

La verdad no cambié mucho desde mis 15 años. Sigo siendo alta, con el pelo castaño oscuro y ondulado y los ojos marrones.

Cuando acabé Bachillerato en el “IES Marismas” me fui a la Universidad de Oxford a estudiar arquitectura y diseño de interiores. Terminé cuatro años después y me mudé a una casa de tres plantas en la costa de California. Trabajo de arquitecta desde que acabé la carrera y actualmente me contratan para diseñar las casas de muchos famosos, además de edificios importantes y de fama mundial.  Al haber estudiado arquitectura y diseño de interiores, cuando se acaban de construir las casas que yo he diseñado, actúo como diseñadora de interiores.

A los 24 años me mudé a un dúplex en Santander, pero no vendí  mi casa de California, así que en verano me voy allí de vacaciones. El dúplex es de 200 metros cuadrados, así que me sobran habitaciones, ya que por el momento no estoy pensando en tener hijos, supongo que hasta dentro de dos años, nada.

Tengo dos perros, un Golden Retriever y un Labrador.

Un accidente terrible.

Me arrepiento de muchas cosas en mi vida, pero sobre todo de haberme embarcado en ese avión. Todo empezó el 7 de marzo de 2014:

– Último aviso para los pasajeros con destino a Pekín de Malaysia Airlines.- avisaron por megafonía.

Me embarqué en el avión y me dirigí hacia mi asiento. Era un viaje largo, así que pensé que dormir sería un abuena idea. Cuando me desperté miré mi reloj, y combrobé que había dormido más de 3 horas. No me extrañé, ya que me levanté a las 5 de la mañana, me preparé, desayuné, hice la maleta y a las 7 me fui del hotel, y desde entonces no había parado. Ya que había venido desde Madrid hasta Asia, quería aprovechar para visitar todos los lugares que me fueran posibles en 2 meses. Mis padres siempre me decían que con tan sólo 20 años, ya había visto más mundo que ellos, y no se lo discuto.

Tenía hambre, así que pedí a la azafata que me trajera algo para comer. Mientras comía, oí gritos en la cabina del piloto, me asusté, y estuve escuchando unos minutos, y el resto de pasajeros parecían hacer lo mismo. Cuando se dejaron de oír gritos, me tranquilicé, pero al poco tiempo se volvieron a oír, esta vez más altos y claros. Cuando entendí lo que significaban las palabras que el piloto dijo, la histeria se apoderó de mí, y varias azafatas tuvieron que venir a tranquilizarme, y al no conseguirlo me dieron un tranquilizante.

Abrí los ojos. No había luz, y hacía frío. Me incorporé y miré a mi alrededor. Estaba en el avión, mejor dicho, en lo que quedaba del avión. Había un silencio completo. Me levanté y caminé como pude por el avión, pero cuando iba a dar un paso con la pierna, un dolor agudo salió desde mi rodilla hacia todo mi ser. Me había roto la rodilla, y no podía andar, así que me apoyé en los respaldos de los asientos e impulsándome con los brazos y la pierna izquierda, poco a poco llegué a la cabina del piloto. No había supervivientes. Estaba sola. Sin salvación aparente, ya que al abrir la puerta que me separaba del interior de la cabina, vi que la radio estaba rota.

Apoyándome en lo que podía, salí del avión, saqué mi móvil, pero estaba roto. Miré a mi alrededor, no sabía donde estaba.

Así pasaron mis días, estaba moribunda rodeada de cadáveres. Había perdido mucha sangre, y no sabía qué me pasaba, pero ya no podía moverme. Hasta que me encontraron. Oí ruidos, pero todo era muy borroso, oía, pero no podía comprender nada, y lo que veía, estaba todo muy borroso. Sentí que alguien me cogía, me inmyectaron algo en el brazo, y me desmayé.

Abrí los ojos. Oí al doctor:

– Está muy grave. No sé si sobrevivirá, hay pocas probabilidades, y si lo hace, no podrá moverse. Quedará inválida.

En cuanto pronunció su última palabra, alguien rompió en llanto. Tardé un poco, pero te reconocí. Quería llamarte, pero no podía hablar. Tenía una máscara con oxígeno.

– ¿Eso es todo?- preguntó mi madre, llorando aún.

-Sí.- respondí.

Siento un fuerte dolor en el pecho, y oigo como el pitido de la máquina que tengo al lado empieza a hacerse más rápido y constante. Vuelvo a ver borroso, no veo nada. Siento como mis fuerzas me abandonan, y con ellas, se va mi vida. Mi último pensamiento fue: la vida son dos días, hay que aprovecharla.

FIN

 

La maldición de Greenville.

 

Se dice que sobre los habitantes de un pequeño pueblo llamado Greenville cayó una terrible maldición.

Todo se remonta al año 1386.

Cuenta la leyenda que había una mujer de unos 40 años a la que condenaron a la hoguera por brujería. La ataron a un poste y la quemaron, pero para gran sorpresa de los que habían sido testigos de su muerte, a los pocos minutos,  las cenizas de lo que antes había sido su cuerpo se juntaron y formaron su mismo cuerpo, pero esta vez mucho más degenerado por las altas temperaturas a las que había estado expuesto. Como venganza, puso una maldición sobre este pueblo. Acabó con la vida de los que la habían condenado y de los que habían presenciado su muerte sin hacer nada por impedirlo. En cuanto acabó su venganza, su cuerpo volvió a reducirse a cenizas.

En el año 1989, un historiador llamado Josh Smith decidió ir a ese pueblo para comprobar si era cierta la teoría de que si ibas a la casa donde vivía aquella mujer, y entrabas, ya no saldrías jamás, y serías preso de su fantasma el resto de tu vida, pero nadie sabe qué ocurre en el interior de esa casa.

Josh fue dos semanas, y se alojó en un hotel. Durante los 12 primeros días conoció el pueblo y preguntó a sus habitantes sobre la  leyenda, pero nadie quería hablar de ello, hasta que un día un hombre que rondaba los 90 años, le habló de ello, y al día siguiente se lo encontraron desangrado en su casa. El hombre le había contado que una vez que entras en este pueblo, ya no puedes salir vivo. El último día, Josh fue a la casa de aquel demoníaco fantasma.

Entró el 13 de diciembre de 1989, y nadie lo volvío a ver jamás, pero los habitantes del pueblo, oyen sus gritos de agonía cada noche.

FIN

 

Ricitos de carbón

Había una vez una niña cuyo pelo era tan rizado y tan oscuro, que la llamaban “Ricitos de carbón”. A Ricitos le gustaba entrar en casas ajenas, hasta tal punto que casi la encarcelan por allanamiento de morada.

Un día, estaba dando un paseo por el bosque, ya que vivía en una casa de campo al lado de este bosque. Ya llevaba aproximadamente una media hora, cuando se encontró una llanura, en la cual había una casa muy grande, con un jardín enorme y una piscina. Como dije antes, Ricitos tenía tendencia a entrar en casas ajenas, nadie supo nunca por qué, así que se encaminó hacia la casa. Los dueños se habían dejado la verja del jardín abierta, y debe ser que tenían mucha prisa, ya que también se dejaron abierta la puerta de la casa.

Ricitos entró sin pensárselo dos veces, como siempre. Cuando entró, le llegó un dulce olor a tarta. Fue siguiendo ese olor y llegó a la cocina, como no podía ser otro lugar. Cuando se acercó a la mesa donde se encontraban las tartas, vio que había tres. Probó la primera, pero era de naranja, y no le gustaban las naranjas, así que lo escupió inmediatamente. Había otra, ligeramente más pequeña. Vio que tenía nueces y ni la probó, ya que era terriblemente alérgica a estas. Vio un “cupcake”  de chocolate, y a ella le encantaba el chocolate, y como había desayunado haría unas 5 horas y tenía hambre, se la comió.

Volvió al salón, y por el camino vio algo que le pareció extraño: arañazos por las paredes. No le dio importancia.

– Será que tienen un perro- dijo.

Una vez allí, vio un rato la tele, y le entró el sueño, así que decidió buscar alguna habitación en la casa para dormir. Vio una habitación con una cama grande, pero el colchón era muy blando para su gusto, así que siguió buscando hasta que encontró otra habitación, y esta vez el colchón era de su agrado. Se echó una siesta, y se despertó con unos ruidos. Parecían rugidos, pero ella pensó que estaba soñando, hasta que vio dos enormes osos delante suyo, y su cría. Los osos empezaron a rugir y dicen que Ricitos soltó un grito tan profundo y desgarrador, que su madre lo escuchó desde su casa, a 2 km de allí.

Al darse cuenta su madre de que a su hija la estaba pasando algo, llamó a la policía, y esta fue hacia la casa de los osos. Encontraron una peluca de rizos oscuros teñidos de sangre, pero nadie la volvió a ver jamás.

FIN

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