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Querido Daniel…

Querido Daniel,
eres tan dulce como la miel.
Pero en esta vida muchas cosas te quedan por aprender.
No siempre ganarás, pero tienes que saber perder.
A clase irás y allí deberás estudiar,
para así un futuro poderte labrar.
Tendrás una familia que siempre te querrá,
y pase lo que pase esta te apoyará.
Muchas veces reirás,
y otras en cambio tendrás que llorar.
Pero no olvides que siempre nos tendrás.

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ODA A MI MÓVIL

Oh móvil, móvil querido,
que eres tan cómodo y tan pequeñito.
Tú que en tu interior,
guardas toda mi información.
Gracias a este grandioso invento
por habernos hecho la vida más fácil,
aún que este sea un poco frágil.
Gracias, móvil, por todos tus avances,
que nos hacen vivir sin tantos percances.
Porque gracias a ti tenemos comunicación,
lo cual mola un montón.

SOCIEDAD MACHISTA

Vivimos en una sociedad machista,
en la cual las mujeres sólo sirven para la cocina.
Las mujeres son infravaloradas,
e incluso en el trabajo menos recompensadas.
Son maltratadas, rechazadas e insultadas,
y si caminan solas por la calle pueden ser violadas.
Las mujeres en pleno siglo XXI todavía se sienten intimidadas,
al caminar solas por las calzadas.
Estas deben aguantar muchos comentarios,
los cuales son absurdos además de innecesarios.
Cada día más muertes por violencia de género,
pero esto sin duda para nadie es lo primero.
Los hombres siempre tendrán la superioridad,
en un mundo donde la mentalidad,
no tiene nada que ver con la de una sociedad.

LA RATA Y LA TORTUGA

Había una vez una rata vagabunda,
que cuando llueve se inunda.
Y una tortuga presumida,
que siempre va bien vestida.
La tortuga de la rata se reía,
por las apariencias que esta tenía.
-Rata, qué fea tu vestimenta.
-Tortuga, tu opinión no me interesa.
La tortuga de tanto reír tropezó,
y esta en un charco cayó.
Entonces la rata era la que se reía,
mientras la tortuga corría.

MORALEJA:

Nunca hay que reírse,

mejor dar la vuelta e irse.

UN CAMBIO EN MATEMÁTICAS

Doña Laura López López, con DNI72245678F, nacida en Laredo (Cantabria) el día cuatro de Julio de 2002 y con domicilio en la Urbanización Castilla número 12 de Argoños,

EXPONE

Que el día 20 de Octubre de 2017 estaba en clase de matemáticas con la profesora Marta Gómez, y, después de explicar radicales la mayoría de los alumnos no habían comprendido su explicación y así se lo manifestaron, debido a que la explicación no había sido del todo clara.
Pero esta decidió no explicarlo de nuevo y pasar directamente a logaritmos, aún cuando los alumnos habían expresado que no lo comprendían y la habían expuesto una educada petición de hacer una repetición de la explicación anteriormente dada. Por esto,

SOLICITA

Que la profesora de matemáticas sea sustituida por otra que haga caso a las correspondientes dudas y explique de forma más sencilla.

En Santoña a 9 de Noviembre de 2017.

Laura López López

SR. DIRECTOR DEL IES MARISMAS.

LA REGENTA

Era asqueroso aquel beso de Celedonio, cuando todo hubo acabado.
Aquellas naúseas que la había provocado y a la vez la había salvado la vida.
¡Pero qué vida aquella! Si ella no necesitaba seguir viviendo, si era una traidora que ya no tenía perdón que valiese. Vista y juzgada en la sociedad, sin una honra que mantener porque ya la había perdido toda. No se merecía seguir viviendo, por aquella locura, aquel adulterio cometido. Con el cual lo había terminado de perder todo, a su marido y sobre todo el respeto.
¿Para qué iba a seguir con esa vida? Si ella era una pecadora que no tenía perdón, había traicionado y tirado todo lo que poseía hasta el momento, y no se había dado cuenta hasta entonces. Así terminó la triste vida de la Regenta.

DESAMOR

Yo estaba enamorada,
Él no me correspondía.
Lo conocí en la abadía,
Y allí me dejó abandonada.

Me quedé bastante parada,
Porque yo no lo entendía.
Él nada me respondía,
Y yo quedé destrozada.

Entendí que había acabado,
Pero un día me le encontré,
Y mi amor no había cesado.

Desde entonces mi pena arrastré,
Mi corazón está desolado,
Y ya nunca me encontré.

CSI MIAMI.

Érase una vez un hombre que se pasaba el día pegado a la televisión, viendo series de misterio. Horas y horas sentado en aquel viejo sofá divisando aquella diminuta pantalla del televisor. Le encanta ver lo que aquellos locos personajes hacían en ese mundo ficticio, la serie se llama “CSI Miami”, se trataba de crímenes y detectives los cuales se enfrentaban a diversos retos para averiguar quién era el responsable.
Aquel hombre era llamado Don Quijote. Don Quijote se pasó alrededor de un mes viendo aquella serie que tanto le gustaba, pasó tanto tiempo viendo tantísimos tipos de crímenes diferentes que se acabó volviendo loco. Tan loco que pensaba que es un diminuto pueblo había sucedido uno. Llegó a la conclusión de que debía tomar las riendas del caso y llegar a resolverlo para ser el héroe de su pueblo.

Cogió un disfraz de policía que tenía en el armario desde hace más de tres décadas y se puso manos a la obra. Aquel disfraz estaba muy viejo y ni siquiera tenía placas pero su locura le hacía verlo totalmente real, así que llegó a la conclusión de que no podía tener un traje mejor. Cuando salió a la calle el sol brillaba con intensidad y justo cuando Don Quijote estaba dispuesto a ponerse a investigar se percató de que en el jardín de su vecino había unas manchas rojas. Sin pensarlo dos veces, Don Quijote sabía que aquel era el crimen que debía resolver.

Desde entonces Don Quijote se dedicó a investigar a su vecino, atento a cada movimiento que su vecino daba, a las horas que salía de casa y a las horas que llegaba, así día tras día. Cuando Don Quijote ya controlaba los horarios de su vecino Raúl decidió que había llegado el momento de entrar en su casa a buscar pruebas que demostraran lo que Don Quijote había visto.

Al día siguiente cuando Raúl se marchó a trabajar Don Quijote entró por la ventana del baño que se encontraba abierta. Cuando Don Quijote ya estaba en el interior de la casa comenzó a buscar algo que le sirviese de prueba.
Empezó a buscar en todos los cajones, armarios e incluso debajo de las camas, pero no obtuvo resultado alguno, ya que todo estaba en orden. Cuando habían pasado ya unas horas, Don Quijote había rebuscado ya por toda la casa pero seguía exactamente igual que al principio, así que decidió darse por vencido. Cuando esté estaba a punto de marcharse, oyó como alguien se aproximaba a la puerta y cuando miró el reloj vio que ya era hora de que Raúl llegase a casa.
Don Quijote cayó en la cuenta del desastre que había a su alrededor, pero era consciente de que no disponía del tiempo suficiente para ponerse a ordenar así que corrió a esconderse debajo de las escaleras que conducían a la planta superior de la casa. Raúl introdujo la llave y abrió la puerta. Cuando vio lo que había pasado ahogó un grito y quedó exhausto dejando así caer al suelo un saco lleno de sangre.

Don Quijote que divisaba todo desde el hueco de las escaleras se dio cuenta de que su vecino era un asesino. Raúl se dispuso a abrir el saco y allí había un animal muerto que le habían encargado en su trabajo llevarle hasta la carnicería, pero Don Quijote, que no veía más allá de su locura, en el interior de la sábana veía un cuerpo inerte, así que salió corriendo escaleras arriba y saltó por la primera ventana que vio. Fue tan fuerte el golpe que se dio que su locura acabó allí. Un tiempo después, pudo salir del hospital, ya curado del todo, para regresar a su pequeño pueblo.

RESEÑA: “ORÍGENES”

LUCIALGA

Era una mañana de verano, brillaba el sol, así que decidí ir a pasear.
Iba caminando por el bosque cuando me encontré con Lucialga. Ella, que estaba al corriente de mi pésima situación económica me ofreció un sitio en su hogar. El trato se basaba en que yo trabajaría para ella, satisfaciendo sus necesidades, y, a cambio, ella me daría un techo bajo el que dormir y comida para alimentarme. Yo pensé que era una idea estupenda, y que por fin había algo de suerte en mi vida, así que sin pensarlo dos veces acepté el trato y la seguí hasta su casa.
Al entrar a su casa me extrañó la escasa decoración que tenía, apenas tenía muebles. En un principio llegué a la conclusión de que quizás no tuviera muebles para evitarse tener que limpiar el polvo que se acumula en estos.
Varias horas después de ordenar mis cosas en mi nueva habitación e instalarme, Lucialga me llamó desde el salón. Cuando llegué estaba sentada en una silla, pero la verdad no me extraña, en aquel lugar solo había sillas viejas y muebles desgastados, cosa que me extraño. Me dijo que tenía unas reglas y que pasase lo que pasase yo debería cumplirlas al pie de la letra. La primera norma era que jamás debía entrar en la cocina, ya que acababa de llegar y no se fiaba de que pudiera robar comida. La segunda norma era que no entrara en su habitación ya que era un sitio íntimo.
Cuando acabó de decirme el reglamento, me dijo que si trabaja bien al final del día me entregaría comida y bebida. Seguidamente me puse a ello, ya que quería mi recompensa.

Cuando acabé de limpiar, fui a reclamar mi recompensa pero ella se negó totalmente, añadiendo así que no había trabajado lo suficiente como para haberme ganado la comida y bebida prometida, que me tendría que esforzar más para obtenerla. A la mañana siguiente trabajé muy duro, dejando así las pocas fuerzas que me quedaban, ya que si no comía no podría resistir mucho tiempo más. Llevaba días sin llevarme bocado a la boca.
Cuando había acabado con toda la suciedad de aquella casa apenas me podía mantener en pie, estaba desfallecida, y no podía levantarme sin marearme. En ese momento estaba desesperada y decidí entrar en la cocina para coger algo de comida, pero cuando entré y abrí la nevera casi me desmayo, pero del susto… ¡No había nada!.
Lo primero que pasó por mi mente fue que Lucialga no confiaba en mí y había decidido esconder la comida en su habitación así que decidí ir.
Cuando abrí aquella puerta entré y para mi sorpresa al encender la luz me di cuenta de que allí no había nada, ni siquiera una cama. Fue entonces cuando entendí que Lucialga me había estado engañando todo este tiempo, que no tenía dinero ni siquiera para sí misma.
No tenía fuerzas para hacer nada nada, así que decidí salir a mendigar algo de comida. Un anciano muy amable me ofreció parte de su comida y bebida. Se lo agradecí y me fui a casa. Cuando llegué recogí todas mis cosas lo más rápido que pude y me marché tan lejos como me fue posible.
Ahí fue cuando entendí que no todo es lo que parece y que no tenemos que confiar en la primera persona que diga ser tu amigo.

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