Archivo del Autor: luciiaa04

Soneto:

Persona inmunda y malhumorada

trabajas todo el día

como una voraz arpía

para amargar toda mi jornada.

 

Perturbas mis noches

amargas mis mañanas

las de mis compañeros y compañeras

para pagarlo en notas con reproches.

 

Las tardes soleadas miro con anhelo

cuando aún era una niña

sin tantos deberes y pérdidas de tiempo.

 

Me entra gran morriña

pensando en aquello

cruda realidad, cargada de tormento.

 

Alonso y La Que Se Avecina.(Lucía Ricondo)

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hidalgo de nombre Don Alonso. Frente al televisor este se decía: -¡Oh, memoria enemiga mortal de mi descanso!-.

Viviendo una historia ficticia junto a su amigo y compañero Sancho, salieron en busca de Doña Fina, su amada que vivía en la urbanización de Montepinar.

-Señor,-dijo Sancho-¿estáis dispuesto a vivir en semejante sitio por recuperar el amor de Fina?-

A lo que este le respondió:

Manos a la labor, que en la tardanza dicen que suele estar el peligro-.

Partieron a caballo y  burro hacia su destino, y al llegar a una posada le dice Alonso al criado:

-Coke, deje de fregar y avise al presidente, para decirle que nos gustaría alquilar una habitación, por un tiempo, hasta que consiga el amor de mi señora-.

El muchacho, aturdido, va en busca del mesonero. En su espera Alonso ve salir de una de las habitaciones a dos bellas muchachas y le dice a su amigo:

-Fíjese, Sancho, esas son Raquel y Judith, lo más seguro es que vayan a hacer footing. No hay carga más pesada que una mujer liviana– tapándole así los ojos al ver que se quedaba embobado.

Al cabo de unos minutos ven al mesonero llegar a lo lejos y le susurra al oído:

-Ese que llega por ahí es el presidente, Antonio Recio o como por aquí lo llaman, el Rancio. Tiene la pescadería más fresca que te puedas imaginar-.

Llega el señor junto al criado para otorgarles una habitación y les dice:

-Ya lo siento pero no nos quedan habitaciones libres, pero pueden compartir habitación con unas jóvenes que acaban de llegar –.

-¡Ah! Ya se lo que me dice, las puntillas del quinto, ¿no?-.

-¡Qué está usted diciendo!-contesta el mesonero sorprendido.

Sancho intenta resolver la confusión diciendo:

-Mis más sinceras disculpas, que mi señor no para de ver series, concretamente La Que Se Avecina y se le ha acabado subiendo a la cabeza.-

Cuando acaban de hablar, dejan el equipaje y van a desfogar su sed a la taberna de la posada. Al entrar por la puerta, Alonso se pone a gritar:

-¿Qué somos, leones o huevones?-.

Todos se les queda mirando y Sancho avanza, hacia la barra, con las manos en la cara por la vergüenza. Trata de disimular y pide una jarra de vino. Tras él, Alonso le dice a uno de los señores:

-Vicente, deja las cañitas que te van a sentar mal-.

 

 

Antes de salir de la taberna, se acerca a otro hombre que está un poco ebrio a preguntar:

-¡Amadooor¡ ¿Dónde puedo encontrar a Doña Fina? Usted ya sabe para ofrecerla salami-.

-Sí, sí -contesta tambaleándose- en el último piso, la puerta de la habitación 17. Allí se hospeda la dama más fina de toda la posada- y continúa bebiendo.

-Vamos, amigo, que este borderline me ha dicho dónde puedo encontrar a mi señora, que no se haga más larga mi espera-.

Los dos salieron del local y llegaron a la habitación 17. Se dispuso Alonso a llamar a la puerta, cuando dice Sancho:

-Recuerde mi señor: ojos que no ven, corazón que no quiebra-.

Haciendo caso omiso a lo que este le decía, golpea alegremente la puerta. La abre una señora con mucha elegancia:

-¿Qué desean caballeros?

Oh, princesa Fina, señora deste cautivo corazón!

Corre a abrazarla con tal ímpetu, que cuando esta se aparta asustada, sale por la ventana y cae al jardín de abajo. Se oyó un estruendoso golpe y la señora se asomó para comprobar el estado de Alonso, a lo que este anuncia:

Con  todo eso, te has de sentar, porque a quien se humilla, Dios le ensalza-.

-¿Está bien vuestra merced?- dice Sancho corriendo a su auxilio.

Siempre deja a la ventura una puerta abierta, en las desdichas para dar remedio a ellas. Volvamos a casa amigo, que este golpe me ha abierto los ojos-.

-No se ganó Zamora en una hora-.

-Al bien hacer jamás le falta premio-.

Y pusieron rumbo hacia la Mancha.

 

 

 

 

 

Sin rumbo

El rey Arturo cabalgaba,      sin rumbo alguno tenía,

era un hombre apuesto        y con gran sabiduría.

A lo lejos vio una joven,      que le deslumbró su hermosura

y mientras bajaba de su caballo,      se quitó la armadura.

“¿Dónde vas hermosa dama,      tan sola y sin compañía?”

Ella le contestó:      “Huyo de mi padre con gran agonía.

Quiere casarme con don Alberto.

Que tiene mucho dinero pero,      pero es un viejo con ojo tuerto.”

“Yo te acompañaré al pueblo,      para pedirle tu mano,

ya que tengo una gran fortuna      y terreno con ganado”.

Su padre quedó contento,       con tan suntuoso argumento

y decidió casarlos      en ese mismo momento.

“¡Oh, amado mío,      en tan buena hora has aparecido!

Porque yo con Don Alberto,      me hubiera deprimido.

No sé cómo devolverte,      semejante cometido”.

FÁBULA: La abeja con moraleja. Lucía Ricondo 2ºA

En un frondoso bosque, existía una colmena no muy grande. Todas las abejas, menos la reina, salían cada mañana temprano, a recoger su maravilloso polen.

La pequeña abejita Lili, fue a buscar a su fiel compañera Mina, para salir a recolectar, como un día cualquiera.

Por el camino, observaron a lo lejos un gran arcoíris de brillantes colores, era tal su asombro, que decidieron verlo más de cerca, dejando de lado su tarea.

Durante el viaje, estaban tan entusiasmadas, que no se dieron cuenta de la hora, y cuanto más se acercaban al arcoíris, este parecía cada vez más y más lejano. Tras un largo vuelo de risas y aventuras, empezó a anochecer, y preocupadas por no llegar a tiempo, decidieron volver.

Cuando llegaron al prado donde se encontraban sus cestas vacías, ya era la hora de regresar a la colmena. Les entró el pánico, por miedo al castigo que les pudieran dar, debido al retraso. De ese modo, decidieron llenar el fondo de la cesta de hojas, y poner por encima un poquito de polen.

Al entrar a la colmena, los guardias estaban en la puerta, y Mina, decidió ocultarse entre el grupo de abejas limpiadoras que iba delante. Lili, se dio cuenta tarde, y se puso nerviosa, tanto, que cuando los guardias le preguntaron si se encontraba bien, ella empezó a tartamudear. Eso hizo que estos sospecharan de ella, y al revisar su cesta, hallaron la trampa.

Decidieron llevarla ante la reina, que la puso un severo castigo, que consistía, en permanecer en la jaula de las abejas malas, durante dos semanas.

Todo lo ocurrido, no era lo que más le preocupaba a Lili, ella temía la reacción de su madre.

Al llegar a casa, la madre, muy decepcionada, tuvo una larga charla con ella, y de nuevo, fue castigada a recoger el doble de polen, durante las vacaciones.

Tras lo sucedido, Lili, no volvió a cometer ese error jamás, ya que tenía como prioridad, recoger el polen antes de salir a jugar.

 

MORALEJA:

Vale más aceptar una derrota a tiempo, que pasar una vergüenza delante de las abejas, y lo más importante, que pierdan la confianza en ti.

 

CUENTO DE TERROR Lucía Ricondo 2ºA

                                          EL MURMULLO DE LA LOCURA:

 Una noche de frío invierno, Diego, Adriana y Sergio. Regresaban a sus casas por un  camino, en el que apenas había luz y lo único que les rodeaba era un frondoso bosque con muchas sombras.

Sergio, el más pequeño del grupo, notó como una mano le arrojaba de la bicicleta. Adriana corrió a ayudarle, mientras esta le ayudaba a levantarse, Diego vio a lo lejos una antigua mansión, con las paredes quemadas y el tejado derribado por las llamas. En una de las habitaciones, se apreciaba una luz, que parpadeaba continuamente.

Estremecidos por el miedo, cogieron sus bicicletas y salieron corriendo. Apenas habían recorrido un tramo,  cuando una niña, vestida con un camisón blanco, manchado de ceniza, abrió la verja chirriante de la mansión. A medida que se acercaba, la luz de las bicicletas, dejaban ver las desagradables quemaduras que tenía en el rostro. Tarareaba una canción escalofriante:

-“Mi papá y mi mamá acaban de quemarse,¡ ayudadme, ayudadme!…mi papá y mi mamá acaban de quemarse…”-.

Sonámbulos, los dos niños acudieron a la llamada, mientras Adriana, con el pánico, cerró fuertemente los ojos y se tapó los oídos.

Al abrir los ojos, se encontró sola frente a la casa, decidió volver creyendo que sus amigos también lo habían hecho. Al contarles la historia a sus padres, estos llamaron para comprobar que los niños habían regresado.

Diego y Sergio no habían vuelto, todos los padres, con los coches y linternas ,decidieron ir a buscarlos al camino, por donde habían ido de excursión. La mansión había desaparecido, ni la verja estaba allí, nada coincidía con la historia que contó Adriana.

La policía interrogó a la niña una y otra vez, nada parecía verdad, el tiempo transcurría y los cuerpos de los pequeños seguían sin hallarse.

Adriana fue internada en un hospital psiquiátrico, se pasaba los días repitiendo los nombres de sus amigos:

-“Sergio, Diego…Sergio, Diego…”-.

Solo ella conocía la verdad.

                                                                               FIN DE LA LOCURA

(Sólo por un tiempo)

 

Monólogo Lucía Ricondo 2ºA

¡Lo que hubiera dado yo por ser hija única!

Toda la vida pidiendo tener una hermana…

¡¿A qué fin?! ¡Hay que ser gilipollas!

Me tendría que haber pedido un iPhone.

Cuando nació, era tierna y esponjosa, pero no os “confuncieis”, lo que esa criatura diabólica echaba en los pañales era una bomba nuclear capaz de acabar con todo el país.

A medida que se hace mayor, te aparece el móvil dentro del váter, te hace un cuadro abstracto con los deberes, y lo peor es cuando intenta copiarte, y te la cargas.

Como mi madre se negaba a preguntarme la lección, decidí dibujarle a la manzana una carita y que ella me escuchase. Mi hermana me miró con cara extraña, sonrió y salió corriendo. Yo intuía que tramaba algo, y cuando mi madre gritó mi nombre, ya no dudé que la había liado. Bajé a la cocina y los 3 pisos de fruta que estaban en el frutero tenían dibujadas caritas sonrientes, y una vez más… ¡Me la cargué!

Por fin cuando un día mi madre reñía a mi hermana, esta va y la salta:

-¡Hala, hija que te dé el aire!-

¿Y cómo no?

-¡Lucía se lo has mandado tú! ¡¿A que sí?!

Otra vez bronca para mí ¿Qué raro?

No se podía creer que esa frase saliera de una boca tan pequeña.

Este año no voy a cometer el mismo error,  me pido el iPhone y que la descambien.

 

¡Muchas gracias! ¡Hasta pronto!

 

LUCIA RICONDO 1ºB LEYENDA TERRORÍFICA

                                          “LA LEYENDA DE FUENTELLORO”

Una tarde de invierno, al lado de la chimenea del salón de mi abuela, mientras se asaban la castañas, empezó a contarme cosas sobre su infancia, leyendas, anécdotas…muy interesantes , que despertaron mi curiosidad.

-Cuando yo era niña…-me dijo con una dulce voz- mi abuelo Joselín, que se encargaba de mis cuidados(ya que no tenia padre) me llevaba  muchas tardes de excursión, a coger moras , higos, manzanillas…etc.

Mientras caminábamos, llegamos a un barrio y nos sentamos en un poyo. Mi abuelo se puso a liar un cigarrillo, y yo aproveché para beber agua de una fuente. Cuando acabé de beber, cogí un higo de la cesta y me senté en su regazo, mientras este comenzaba su historia-.

-Hace muchos años, aprovechando el agua del manantial, el alcalde decidió construir  una fuente en medio del barrio. A su alrededor, se alzaban grandes casas blancas de piedra con pequeños balones de madera. Era un barrio tranquilo, donde vivía gente muy amable.

En la casa más pequeña y pobre, vivían tres niños, una niña, su madre enferma, y su padre marinero. La hermana mayor, llamada virginia, se encargaba del cuidado de sus hermanos José, Joaquín y Manuel y de Magdalena (su madre).

Todos los días, iba un médico a visitar a Magdalena , y Virginia aprovechaba para ir con su cántaro a por agua a la fuente. Allí se echaba a llorar por que su madre empeoraba día tras día,  y su padre estaba en la mar.

Un día, la niña escuchó hablar al médico y a Amparo (la vecina) de que el cuco de la muerte se había posado en el alfeizar de la ventana de la habitación de su madre(eso significaba que la muerte la acechaba).  Virginia corrió a la fuente, y  mientras rezaba, una paloma blanca se le poso en el hombro. Esta  llevaba un ramito de laurel en el pico, lo soltó  y cayó en la mano de la niña.

Al llegar a casa, encendió una vela y  la puso justo con la ramita de laurel al lado de la cama de Madalena. Se arrodilló y pidió a la virgen que curara a su madre a cambio de su vida

Al día siguiente, el médico se quedó asombrado por la mejoría de Madalena.

Fue pasando el tiempo,  una mañana  de agosto, cuando amanecía, Virginia cogió el cántaro y fue a la fuente a por agua. Mientras lo llenaba, la paloma blanca se volvió a posar sobre su hombro. Como se hacia tarde, Madalena salió en busca de su querida hija, y encontró junto a la fuente el cántaro roto, la niña muerta y la paloma entre sus manos.

Después de lo sucedido, todos los trece de agosto(el día de la muerte de la niña)se siguieron y se siguen escuchando los llantos de Virginia, esto da nombre al barrio de Fuentelloro (Argoños).

FIN

CUENTO POPULAR MODERNIZADO Lucia Ricondo 1ºB

                                                          Parkerl y Viki (Hansel y Gretel)

Parkerl y Viki eran hermanos. Vivían con sus padres Cristina y Tony, en un duplex en Dubái.

Una tarde, fueron a visitar el museo de Momema. Mientras la guía  explicaba, los niños,empezaron a correr por el museo.

-No os alejéis-les dijo su padre. Pero no le oyeron.

Llegaron a la sala donde se encontraban los cuadros más importantes y caros del museo.

Con las prisas, se chocaron contra uno de ellos, y poco a poco, los cuadros empezaron a caer uno detrás de otro. La alarma empezó a sonar, aparecieron los guardias de seguridad y tras ellos Margareth, la propietaria del museo.

Esta acudió donde los padres de los niños, y les dijo:

– Ya que vuestros hijos han roto unos cuadros muy valiosos, y no tenéis aspecto de tener mucho dinero, os propongo un trato. Vosotros os marcháis como si no hubiera pasado nada, y yo, me encargaré de restaurar todos y cada una de las obras. Pero a cambio, me llevaré a vuestros hijos para enseñarles educación, modales  y respeto por las cosas y personas-

-Pero…¿quién se encargará de sus cuidados?Y…¿cuándo les podremos ver?-preguntó  Cristina desconcertada.

-Por eso no os preocupéis, vivirán conmigo, no les faltará de nada y el tiempo no es un problema, ya que en menos de un mes vuestros hijos estarán en casa sanos y bien educados- contestó con una voz consoladora.

Como no les quedaban más remedio, aceptaron el trato.

Una vez cerrado el museo, Margareth se llevó a los niños a su rascacielos. Cerró todas las ventanas y las puertas, encerró a Parkerl  y a Viki la puso a limpiar.

Un día la niña se dispuso a abrir la puerta de una de las habitaciones para limpiarla. Se llevó un terrible susto, al ver figuras de niños disecados y de pronto se dio cuenta de que la intención de Margareth era matar de hambre a su hermano, y una vez muerto hacer lo mismo con él, para la exposición de su museo.

Aprovechando  que no estaba, corrió a la habitación donde se encontraba su hermano y, a través de la puerta, contarle todo y pensar un plan para salir de allí.

Una mañana, que Margareth estaba guardando las llaves en la caja fuerte, viki miró en el reflejo de un espejo y se aprendió de memoria la contraseña para abrirla.

Al día siguiente, cuando Margareth se fue al museo, Viki cogió las llaves que se encontraban en la caja fuerte y abrió la habitación, donde estaba su hermano encerrado.

-!Sal, hermanito!-grito temblorosa- !tenemos que huir cuanto antes, puede llegar en cualquier momento!-

Mientras la niña habría el candado del garaje, donde estaba la moto, Parkerl cogió un cuadro muy valioso.

-!Por fin somos libres!-exclamo el niño. Subiéndose a la moto tan rápido como pudieron.

Llegaron al piso donde vivían, sus padres les abrazaron con alegría, tras contarles la historia, llamaron a la policía. Les dijeron lo sucedido, al investigar en el rascacielos, vieron la habitación con las estatuas de los niños. Metieron a Margareth presa y los padres, que  eran pobres, vendieron el valioso cuadro y fueron muy felices para siempre.

 FIN

 

 

 

 

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