Archivo del Autor: marhorna9

Microrrelato

Te dí mi corazón porque ya te había dado todo lo demás.

La actual España

¡Oh España querida
que mal te han dejado…!
Unos viendo el sálvame
y otros sin un chavo.
Belén Esteban se queja por una croqueta
y tú últimamente no has visto riqueza
Los políticos robando
y los pobres llorando.
La familia Pantoja en Cantora
y tú metido en una chabola…
Dios mío, escúchame,
que el llanto de esta gente
se tiene que detener.

 

 

Rey

Un rey o representante de nuestro país no debería saber hablar otro idioma de España que no fuese el castellano, porque al vivir todos en un país con el mismo idioma (castellano), tanto en las reuniones como en las ceremonias importantes se debería hablar en español. Realmente, tampoco estaría mal que el rey entendiese lenguas como el catalán, gallego, euskera o valenciano; pero no para usarlos en circunstancias que salgan por la televisión, radio o internet donde hay cientos de españoles que no lo entenderían. Por lo tanto, es preferible que nuestro representante hable en español para que no haya confusiones a la hora de los ciudadanos entender lo dicho y para una mayor comodidad.

Descripción

Siempre que miro por la ventana, veo un parque infantil. Siempre suele estar lleno de gente, pero cuando dan las 7 de la tarde en invierno no hay nadie. Quiere decir que es un parque que está descubierto. Tiene columpios, un tobogán, un coche de bomberos… y el suelo de corcho por si se cae algún niño al suelo no se haga daño.

Las madres, padres o acompañantes del niño que juega en el parque, suelen o estar de pie o sentados junto a otras personas que hacen lo mismo que ellas. Suelen hablar, reírse etcétera.

A veces, el parque esta bastante lleno. Es grande, tampoco mucho, pero hay buen espacio para jugar al “pilla pilla”, fútbol, hacer patinaje, ¡incluso tenis!

Ahora, está más protegido aún que hace poco, está la policía local de Santoña instalada al lado por si pasa algo, y enfrente hay una tienda de chuches.

Ahí he pasado mi infancia con muchos amigos, jugando a los juegos de toda la vida, inventando nuevos, riendo y como siempre dividiéndome. ¡Qué bonito es el parque que veo al asomarme por mi ventana!

Grillín

Hola, me llamo Kerman y soy un niño alemán que actualmente vivo en España, solamente acompañado de mi madre. Cuando era un crío y no tenía que estar preocupado por los estudios, me dedicaba a buscar todo tipo de insectos (mariposas, gusanos, caracoles…) (siempre solo, porque mi madre trabajaba todo el día en la panadería). Era mi afición. Hubo un día que encontré un grillo y decidí cuidarlo hasta que muriese. Mi madre me dejó tenerlo en casa, siempre y cuando me hiciese cargo de él.

Pasó un año y poco, y mi grillo Grillín se puso malo. No tenía ganas de comer ni nada. Yo al verle me ponía muy triste. Dio la casualidad que a los dos días me pasó justamente lo mismo, me puse enfermo, sin ganas de alimentarme, fiebre, todo el día en la cama… Mi madre me llevó al médico donde me recetaron un medicamento. Una semana después vi que Grillín ya estaba recuperado, corriendo e investigando la jaula por todos los lados. Yo estaba igual, en buen estado, curado y con ganas de seguir yendo a jugar con mis amigos al parque y buscar insectos con ellos. Un día me pareció divertido e interesante meter en la jaula una piedra para que jugase con ella, estuve unos 30 minutos observando qué hacía con ella, y me pareció que no le gustó mucho, y de lo aburrido que estaba se durmió.

Bajé a jugar un poco con mis amigos, regresé a casa sobre las 8 y seguía durmiendo. Me resultó raro. Esa tarde estuve jugando yo con una cosa que se llama “comba” y tenía un sueño terrible. Me desperté sobre las 12, no muy normal en mí… Empecé a pensar que lo que le sucedía a mi grillo me pasaba a mí. Después de unos 3 meses nos pasó algo fuera de lo normal y le puse un poquito de leche para que la probase… y… Grillín murió.

Yo acabo de terminar de cenar, he probado por primera vez los espárragos y no me encuentro bien, igual me pasa lo que a él… Dejo esta carta por si sirve de algo, debajo de tu almohada mamá… buenas noches.

Tratado de Lázaro

Un día me escapé de casa de mi dueño para no volver nunca. Tenía oído que los rubios trataban muy bien a sus criados y hasta el momento, todos mis dueños fueron morenos y pelirrojos. Llegué al centro del pueblo y me fue muy fácil encontrar a mi nuevo dueño.

Se llamaba Edgar, pues tenía fama de buena persona y de rico.  Al entrar en su casa me quedé boquiabierto, pues tenía todo muy bien ordenado, limpísimo y una casa enorme. Pero pasaba una cosa… Edgar no me quería para cuidar la casa entera, tenía a dos sirvientas más que hacían ese trabajo. A mí me quería para servirle, llevarle el café, el periódico, ir a comprar el pan… En fin, me estaba gustando, porque nunca me ha gustado limpiar baños.

El primer día ya empecé duro. Edgar me solicitaba para muchas cosas, pero no ponía mala cara porque me trataba con respeto y me daba de comer.

Un día, una de las sirvientas, Mariola, la noté un poco torpe. Se la notaba muy cansada, con la cara pálida y con resfriado. Edgar no la creía porque coger un resfriado no era muy normal en pleno mes de Agosto. Mariola, queriendo estar en buenas condiciones, no fue fuerte y permaneció unos días en la cama. Sin conseguir mejores, Edgar decidió echarla.

A mí, no solo me daba pena porque se iba, también porque se fue en muy malas condiciones.

Ahí conocí un aspecto nuevo de Edgar, que desde lo ocurrido nunca más fue así de amable… Consideré buena idea el irme de esa casa antes de que Edgar, con su nuevo carácter, me hiciese algo que yo no quisiese…

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