Archivo del Autor: martaramirezfuentes

LEYENDA DE TERROR

Cuenta la leyenda, que hace 5 años, un empresario llamado Nicolás llegaba muy tarde al trabajo. Jamás se había retrasado, así que para no empeorar la situación decidió tomar un atajo.

Vio un callejón totalmente desierto. A pesar de toda la gente que paseaba por la gran avenida, nadie hacía caso a ese callejón. Nicolás decidió tomar ese camino. Un error fatal.

Al estar entrando por él, observó que todo eran casas viejas, de no más de dos pisos, cosa rara entre tanto rascacielos. Se adentró. Apenas había dado diez pasos cuando dejó de oír el ruido del tráfico, de la gente… Él continuó, pensando, muy equivocado, que sería una mala pasada de su mente.

Avanzó unos metros, cuando de repente oyó el ruido de una moneda al caer. Miró y efectivamente allí había una moneda. Pensó que era imposible que hubiera nadie en aquel sitio, pero se acercó a por ella. Al cogerla, vio que había un rastro de estas que llevaban hasta una puerta. Llegó hasta la puerta, que estaba entreabierta. Estaba oscuro dentro, pero creyó ver el resplandor de una montaña de monedas.

Entró. La puerta se cerró. El resplandor desapareció. Oyó una risa cerca de él y al cabo de unos segundos, su grito de socorro alarmó a los vecinos del edificio más próximo al callejón. No se supo nada más de Nicolás.

Todavía hoy, una noche silenciosa, si te acercas al callejón, podrás oír sus gritos de socorro, y una leve risita burlona haciendo ecos a sus gritos.

Cuento popular modernizado: Blancanieves

Una joven llamada Blancanieves, pero que todo el mundo llamaba Blanca, vivía con su padre y su madrastra en un lujoso ático de Manhattan. Su vida parecía perfecta, pero no lo era ni por asomo. La mujer de su padre la trataba como si de un trapo de cocina se tratase. Tan mal la trataba, que la hermosa chica de quince años decidió coger una mochila con ropa y dinero y marcharse una noche.

A la mañana siguiente, al darse cuenta de que Blanca no estaba, el padre llamó a la policía. Mientras el padre hablaba por teléfono, la madrastra llamaba a un conocido suyo, para que capturara a la chica y fingir un secuestro, para que el dinero del rescate llegara finalmente a ella. En un barrio de Manhattan, Blanca llegaba a un albergue barato, en el que podría pasar unos días. Le asignaron una habitación en la que estaban siete personas, todas bajitas, ex miembros de un circo. Todos eran muy majos y enseguida se ganó su amistad. La persona contratada por su madrastra la localizó un día por la calle, intentó cogerla, pero la joven escapó. La mujer del padre, frustrada, decidió ocuparse personalmente del problema. Se disfrazó de anciana y llegó hasta el albergue en el que se hospedaba la joven y le ofreció un apetitoso bocadillo. Pero este bocadillo llevaba un veneno paralizante. Tardó un rato en hacer efecto, y la chica se desmayó sobre su cama. Al rato llegaron sus siete amigos, que al verla no supieron qué hacer. Mientras esto ocurría, en la otra punta de la ciudad, el padre de Blanca removía tierra y mar para encontrar a su hija. De repente, en la factura de llamadas vio las llamadas que hacía su mujer y lo que pensaba hacer. Cogió un antídoto, ya que él era científico, y llegó justo a tiempo al albergue para salvar a su hija.

UN DÍA EN EL ACUARIO

Aquel día, Celia se levantó pronto de la cama, muy feliz. ¡Iban a ir al acuario! Además, el de su ciudad, Valencia, era enorme y se habían organizado actividades por Semana Santa. Su hermana Lorena, no se levantó tan feliz, ya que tenía un poco de miedo. A pesar de ser mellizas, Lorena y Celia son muy diferentes, en cuanto a carácter se refiere. Salieron de casa a las nueve y cuarto, para llegar a tiempo. Los talleres acabarían a las dos y media, pero ellas podrían quedarse el resto del día con sus padres en el acuario. Al llegar, se unieron a un grupo de niños, y una monitora comenzó a explicar los talleres. Lorena tenía mucho miedo, sobre todo cuando pasaban debajo de todos esos peces enormes y todos esos tiburones. Celia, al darse cuenta de cómo estaba su hermana, comenzó a animarla, diciéndola  que esos animales nunca la harían daño y que se lo iba a pasar muy bien en los talleres. Poco a poco, Lorena se fue sintiendo mejor y más segura, hasta que perdió todo el miedo hacia aquellos peces. En un abrir y cerrar de ojos, eran las dos y media, y las niñas, tristes porque ya se habían acabado todas esas actividades, regresaron con sus padres. Estos, para animarlas, les dijeron que a las tres y diez, habría una actuación de delfines y que podrían ir. Se les iluminó la cara, y Lorena y Celia disfrutaron mucho de la exhibición. Pero cuando el entrenador de delfines pidió voluntarios para bañarse con los simpáticos animales, a Lorena le entró pánico. A su hermana, que parecía que se le iba a salir el brazo, no la daba nada de miedo, y dándose cuenta de que su hermana necesitaba ánimos, comenzó a alentarla. La niña acabó por levantar la mano y las eligieron a ellas y a unos cuantos niños más. Disfrutaron muchísimo, y al acabar el día, todos llegaron a casa cansados pero muy felices.

Yo con 25

Me llamo Marta, tengo 25 años y nací el día 14 de enero. Soy española, de Santoña y no estoy casada.

Vivo en Nueva York, para ser más exactos, en Manhattan.

Soy directora de una empresa inmobiliaria, en la que vendo pisos de lujo en la ciudad.

No soy muy alta y estoy más bien delgada. Mi pelo es de un color rubio oscuro o castaño claro y largo. Los ojos los tengo verdes, la boca ni pequeña ni grande y la nariz normal.

Mi personalidad es agradable y luchadora, y procuro ser eficaz en todo lo que hago, sobre todo en el trabajo.

Tengo muchas aficiones, pero las que sin duda destacan son las tres siguientes:

– Viajar, porque me encanta conocer lugares diferentes-

– Pasear, tanto por las calles de la ciudad como por los inmensos parques.

– Por último, pero no menos importante, hacer fotos, que siempre me ha encantado.

 

AVENTURA HACIA EL TESORO.

Hace ya mucho tiempo, corrí la que quizás haya sido mi mayor aventura. Iba en un barco, junto con más personas, pero dio la casualidad de que nuestro barco naufragó en medio de la nada. Me desperté sola, en una especie de balsa, el enorme océano. Tenía mucha hambre, pero por suerte tenía galletas en el bolsillo de la chaqueta. Sabía que tardaría días e incluso semanas hasta llegar a tierra firme y encontrar alimento, así que me racioné las galletas. Por fortuna, no tardé muchos días en encontrar una isla, que al contrario de lo que me esperaba, era muy grande.

Llegué a su playa y lo primero que hice fue recoger toda la fruta que pude. Cuando me harté de comer, decidí ir a inspeccionar la isla. Lo primero que vi fue una enorme cueva, a la que después de media hora, me atreví a entrar. Lo que vi me dejó sin palabras. Había una enorme pintura, a la que asocié con un mapa de la isla en la que estaba. Pero en este mapa, lo que más destacaba era una gran cruz, marcada en rojo. Esto me llevó a pensar que en el lugar de la marca se hallaba algo de un gran valor. El caso, es que no todo era tan buena como parecía, además de que yo con la cartografía era malísima. Pero al cabo de una hora y media, creí descifrar parta del mapa. ¡El tesoro se hallaba a diez pasos de una cueva! Salí escopetada y di diez pasos al salir de la cueva. Pero no encontré nada.

Volví a entrar en la cueva y para mi suerte (ironía), había veintidós cuevas en toda la isla. Sabía que mis fuerzas no darían para aguantar la caminata por toda la isla y además no conseguí identificar más dibujos que las cuevas. Salí a fuera y ya estaba anocheciendo. Decidí resguardarme en esa misma cueva, pues ya me haría un refugio al día siguiente. Cuando oscureció del todo, no pude dar crédito a lo que veía. El mapa se iluminó de un color azul intenso, y el idioma escrito en la pared, se convirtió en un perfecto castellano. Lo leí en un momento, y decía que el tesoro se encontraba en la cueva más pequeña de la isla. Miré el mapa, que ahora parecía ser más descifrable. Por suerte, la cueva de la que el texto hablaba, se hallaba cerca de la que estaba.

Al día siguiente me puse en camino, pero sentí que me desmayaba, caí y vi todo oscuro. Soñé que no podía salir de la isla. Me sentía más débil y más débil, pero en ese momento me desperté. Estaba desganada, pero comí unos dátiles que al poco hicieron efecto. Seguí el camino, pero no estaba en el mismo lugar, ¡estaba en la cueva! En cinco minutos encontré el tesoro, en el que no había ni plata ni oro, ¡era un billete de barco! Caminé hacia la playa y encontré un yate con su capitana, que encantada me llevó de vuelta a mi casa.

Tarta de nubes

INGREDIENTES:

– 5 kilos de nubes.

– 3 sobres de 150g de azúcar cada uno.

– Harina de arcoiris.

– 4 huevos de fénix.

– Nata.

PROCESO:

El primer paso es echar en un bol los 5 kilos de nubes, la harina de arcoiris y los 3 sobres de azúcar. A continuación, batimos bien la mezcla y echamos los huevos de fénix. Volvemos a batir la mezcla, la vertemos en un molde y lo metemos al horno unas siete horas. Pasado este tiempo, lo sacamos y le echamos un poco de nata por encima a modo de decoración. Servir caliente, ya que está más sabroso, pero de todas formas, siempre queda rico. Al comerlo te volverás azul, después rojo, más tarde verde y, finalmente regresarás a tu tono natural de piel. Si en el momento en el que tu piel se vuelve normal no tomas un vaso de agua, podrías quedarte de color morado para siempre.

Proyecto mimo:Pintor/a.

Trabajar como pintor/a de obras de arte requiere, aunque no lo parezca, estudiar una larga carrera en la Universidad, Bellas Artes. Aún estudiando esa carrera, poca gente llega a obtener un reconocimiento a nivel nacional o mundial. Mucha gente acaba dibujando retratos en algún pueblo o ciudad a las personas que pasan por allí. En mi opinión, yo estudiaría bellas artes para aprender a pintar mejor, no para dedicarme a ello. También en esta carrera enseñan la historia de los más grandes artistas del mundo, aparte de enseñarte técnicas de dibujo.

Relato ralista: El sueño

La semana pasada, me eché a dormir como cualquier otro día, pero me quedé dormida más rápido. Comencé a soñar. Soñé que estaba en lo que me pareció una habitación, completamente oscura. Caminé durante unos diez minutos aproximadamente, hasta que vi una puerta de color amarilla fosforita. La abrí, ya que estaba cerrada pero sin llave. El cambio me sorprendió, porque pasé de estar en un lugar totalmente oscuro a estar en un lugar fantástico, con seres propios de los cuentos de hadas, paisajes encantados… Unos niños se acercaron a donde yo estaba y me preguntaron mi nombre y mis apellidos y se los dije encantada. Ellos se asombraron y me dijeron que la reina del lugar me tenía guardado un regalo en el palacio de la colina que teníamos enfrente. Me avisaron de que un duende intentaría impedir que llegara a palacio, que tuviera cuidado. Así que emprendí el camino y vi al duende del que me habían hablado. Se extrañó al verme, se me acercó, me preguntó cómo me llamaba y a dónde iba. Mentí sobre mi nombre y sobre a dónde iba, ya que todos parecían saber lo que ocurría. Se lo creyó, y vi que se metió en una pequeña cueva y cerró con llave. Continué mi camino y conseguí llegar sana y salva. En cuanto abrí las puertas, todo empezó a dispersarse y me desperté. Miré el reloj y ya eran las siete de la mañana.

Me hubiera gustado saber lo que me tenía preparado la reina de aquel lugar fantástico.

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