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Un final trágico del vuelo MH370.

Todo empezó un sábado de marzo de 2014. Yo y mis amigas íbamos a pasar unas vacaciones en el sur China y salíamos ese mismo día del aeropuerto de Malaysia Airlines, en Kuala Lumpur.  Estábamos acabando de despedirnos de nuestros familiares, y nos disponíamos de subir al avión, en el vuelo MH370.

Una vez que ya estábamos dentro del avión, saqué mi diario y comencé a escribir un poco sobre el viaje. El viaje parecía normal, las azafatas no dejaban de aconsejar a las personas que nunca habían viajado en avión, los pasajeros estaban tranquilos, algunos comiendo, otros viendo la tele o escuchando música…  A la hora de comer, mis amigas pidieron pizza, y nos fuimos a la pequeña cafetería que tenía el avión, y allí nos sentamos todas juntas a comer y a charlar de lo que haríamos, una vez llegado a China. Después de comer, sobre las cuatro y algo, los pasajeros empezaron a quedarse dormidos, y yo, para no molestar, saqué mi diario y comencé a escribir otro poco más:

¨Querido diario, que ganas tengo de llegar ya al hotel, dejar las maletas y salir a explorar China, todos sus lugares, sus monumentos… en fin, todo; aunque. la verdad, he de confesarte que estamos tardando más de lo que yo pensaba. Teníamos que haber llegado hacía una hora, o por lo menos media,  y todavía seguimos aquí volando, y parece que todavía nos quedan unas cuantas horas. Bueno, no creo que deba cundir el pánico, será que vamos más lentos de lo que había pensado.¨

Una vez que ya había terminado de escribir, cerré mi diario y miré por la ventana, entonces pude comprobar con mis propios ojos, como el avión estaba cayendo en picado hacia el océano. Al principio me extrañé un poco y pensaba que estaba soñando. ¿Cómo vamos a estar cayendo en picado, y que nadie se halla alarmado? Además de que no han dado señal de alarma, y las azafatas no están asustadas. Todo me parecía muy raro, cuando de repente el avión comenzó a balancearse, los pasajeros comenzaron a gritar, las azafatas intentaban pedir calma, pero no lo conseguían, ya que su miedo también aterrorizaba a los pasajero.

Entonces saqué rápidamente mi diario, y comencé a escribir lo que estaba sucediendo. A penas había terminado de escribir lo que estaba pasando, cuando me di cuanta de que en el avión empezaba a arder, estaba lleno de llamas, y ya sin darme cuenta de nada, por el humo, el calor etc. contemplé que el paisaje que se veía a través de las ventanas no era agua a lo lejos, si no agua alrededor de todo el avión. El avión estaba sumergido y entraba agua constantemente a una velocidad impresionante. Al final, mi vida acabó ese día de una forma que apenas me enteré, porque antes de que pudiera ser consciente de lo que estaba pasando, ya me había dormido.

Esta historia la estoy contando desde otro mundo, ya han pasado dos meses, y no han encontrado cadáveres, ni cajas negras. Sólo han encontrado unas manchas de aceite gigantes en la mitad del océano, y parte de mi diario, que cuenta lo poco que me dio tiempo a escribir.

                                                                                                   FIN.

 

Yo con 25.

Hola me llamo Nerea Sainz Prada, tengo 25 años y soy alta, delgada, morena de piel, de ojos verdes y rubia. Me encanta patinar, pero sobre todo, el patinaje artístico, que es lo que llevo practicando desde los 10 años. Con 16 años, fui subcampeona de Europa, y campeona de España. A los 17, gané el campeonato de Europa, y quedé segunda en el mundial de patinaje artístico. 

Después de terminar el Bachillerato en el ¨I.E.S Marismas¨, estudié dos carreras. La primera, fue la carrera de magisterio. Esta la estudié en la universidad de Santander, pero más tarde, me trasladé a Estados Unidos, donde realicé la carrera de diseño de interiores. Una vez terminadas mis carreras, comencé a trabajar en California como diseñadora de interiores. Durante el tiempo que estuve en California, viví en un dúplex con vistas a la playa, y con un spa, en uno de los tres baños. Tuve mucho éxito con mis diseños, hasta llegar un momento en el que protagonicé un programa, compitiendo contra mi compañero; él buscaba casas para que los clientes se mudaran, mientras que yo, les diseñaba las casas para que se quedaran en su nueva casa reformada, o para que se mudaran a vivir a una casa nueva.

Más tarde, me volví a trasladar a España, a Argoños, el pueblo de mi infancia. Allí, estuve dando clase en un colegio, y diseñando algunas casas, pero ya no era mi trabajo actual.  Aunque mi trabajo actual ya no era el diseño de interiores de casas, diseñé la casa del presidente actual de España, y la del príncipe y la princesa de España.

Actualmente, vivo en una casa de planta baja, (me cansé de subir y bajar escaleras en el dúplex de California), con mucho jardín, un establo para mis caballos, espacio para mis perros, gatos…  Me encantan los animales, soy colaboradora en una asociación de animales abandonados en Cantabria. Cada mes dono  mil euros a la fundación excepto en verano, que dono mil quinientos, ya que los animales necesitan más comida y agua que en invierno, primavera u otoño.

Como ya estoy retirada en la carrera de patinaje, he fundado un pequeño club, pero que día a día va creciendo. Ahora mismo, que va a llegar el verano, me voy a ir a California a pasarlo, pero a mediados de julio, me voy a ir junto a mi familia  al Caribe, a pasar una pequeñas vacaciones.

Mi aventura en el campamento.

¡Hola! Me llamo Laura tengo doce años y vivo en una casa junto a mis padres y mi hermana gemela Lola. Vivo en una casa, mejor dicho, en un piso y no me gusta nada porque es muy pequeño. Mi hermana Lola, es muy diferente a mí. A mí, me encantan los animales, la naturaleza,  el aire libre, las aventuras…  en cambio, a ella le gustan todos esos aparatos electrónicos, es decir, el ordenador, el móvil, la tablet, la tele… además, odia las excursiones, y más, si son por la naturaleza.

Bueno, ahora que ya os he presentado a mi hermana y a mí, principalmente, iré al grano, y os contaré una pequeña historia.

El día 1 de julio de 2009, mi hermana y yo fuimos de camino a la parada del autobús. Mi hermana, estaba enfadada, y además, casi estaba llorando porque no la dejaban quedarse en casa, y para ella, lo peor era que no la dejaban llevar el móvil. En cambio, yo estaba sentada en el coche, mirando por la ventanilla, y con ganas de llegar al campamento.

Cuando llegamos a la parada del autobús, no habíamos terminado de sacar todo el equipaje, cuando ya había llegado el autobús. Entonces, una masa de niños ansiosos de llegar al campamento, dieron un beso a sus padres y subieron corriendo al autobús. Después de tres horas y media de viaje, llegamos al campamento.

El campamento estaba instalado en una montaña, lleno de tienda de campaña, y cerca de un pequeño río.  Al llegar, nos estaban esperando los monitores, un conjunto de nueve chicos y once chicas, de entre veintiuno y veintinueve años.  Los monitores se presentaron uno por uno, y nos explicaron las normas del campamento y el horario (a la hora que había que levantarse, comer, desayunar…) Cuando terminó la presentación, todos fuimos a nuestras tienda, dejamos las maletas y fuimos a comer. La comida no tenía muy buena pinta, pero todos los niños, incluida mi hermana, se comieron toda la comida. Después de comer,  los monitores nos dejaron jugar por el campamento, con la condición de que a las siete y media de la tarde, estuviéramos de vuelta en el comedor.

De camino a mi tienda, me choqué contra una niña sin querer, y accidentalmente, esta se cayó al suelo. Rápidamente fui a disculparme, y a ayudarla a levantarse. La niña, se rió de mí, y me dijo que no había pasado nada.  Yo me presenté, y una vez más le pedí perdón, ella hizo lo mismo, y me dijo que no pasaba nada. Se llamaba Carla y tenía un año menos que yo, es decir, once. A Carla, también la gustaban las mismas cosas que a mí, y lo que más la gustaba, era montar a caballo y hacer excursiones por la naturaleza.

El día siguiente, fuimos a hacer por la mañana una ruta por el monte, todas las tardes, hacíamos talleres en los que hacíamos jabones, trabajábamos el barro, investigábamos las plantas y los animales…. Y después de cenar, todos los martes y domingos, teníamos una yincana nocturna, y los viernes veíamos películas en una tienda de campaña gigante.

Un día en el que fuimos a hacer una ruta por el monte, mi hermana, su amiga, y su hermano se despistaron del grupo, y se quedaron un poco más atrás, entonces Carla y yo, nos ofrecimos para ir a buscarles. Una vez que les encontramos, íbamos a buscar al grupo, para decirles que les habíamos encontrado. De repente, mi hermana Lola, se cayó en un agujero que estaba tapando por un montón de ramas y hojas secas. Carla, al darse cuenta de que se estaba cayendo, reaccionó rápidamente y la fue a agarrar la mano, para ayudarla a salir, pero desafortunadamente, ella también se cayó.

Al ver lo que había sucedido, intentamos ayudarles, pero fue inútil, ya que el agujero era muy hondo y no podíamos sacarlas nosotros solos. Entonces, el hermano de la amiga de mi hermana y yo, fuimos a buscar a los monitores para que nos ayudaran a sacarles y, mientras, la amiga de mi hermana se quedaba vigilando el agujero, y en caso de que aparecieran los monitores por aquella zona, que nos avisarían.

Llegamos al lugar donde habíamos dejado al grupo, pero estaban. Buscamos por todos los lugares, y nada, nadie aparecía, nada, ni rastro del grupo. Regresamos al lugar donde se habían quedado Carla, Lola y su amiga. Pasaban las horas, y no por allí nadie aparecía, iba anocheciendo, y de repente, el hermano de la amiga de mi hermana dijo que sería una buena idea que encendiéramos una hoguera, así, nos podríamos calentar y si los monitores veían el humo o luz, nos podrían encontrar.

Al final, terminamos todos dormidos en el suelo. En medio de la noche, me desperté por un ruido, miré a mi alrededor, y no veía nada. Entonces me asomé al agujero, y allí vi a mi hermana llorando; estaba aterrada. Yo la pregunté que la pasaba, y no me quiso responder, pero al final, terminó haciéndolo.  Me dijo que tenía mucho miedo, no solo porque no sabía dónde estaban, sino porque tenía miedo a que no las encontraran y ellos no sabrían regresar de vuelta al campamento. Al ver que estaba temblando, le tiré mi chaqueta para que se tapara, ya que el calor del fuego, no llegaba  hasta las profundidades del agujero.

Al día siguiente, me desperté temprano y fui a lavarme la cara al río que pasaba por allí cerca. De repente, oí varias voces que gritaban nuestros nombres, así que fui hasta el lugar de donde provenían esas voces, y allí estaban todos los niños y monitores del campamento buscándonos.  Una vez que me vieron, les llevé hasta donde estaban los demás y entre todos los monitores conseguimos sacar a mi hermana y a Carla del agujero y regresamos al campamento.

A la mañana siguiente, nos levantamos todos, desayunamos y fuimos a preparar las maletas, ya que era el último día de campamento, y había que volver a casa. Cuando ya estaba todo preparado, llegaron los autobuses, y empezaron a guardar nuestro equipaje. Yo, antes de subir al autobús, me despedí de todos, pero sobre todo, me despedí de Carla. Le prometí que la escribiría, y que ya algún día quedaríamos para volver a vernos.

Al llegar a la parada del autobús, estaban esperando todos los padres de los niños, entre los que estaban incluidos nuestro padres. Nada más bajar, fui corriendo hacia donde estaban mis padres, y les di un beso y un abrazo muy fuerte, porque les había echado mucho de menos. Una vez que ya llegué a casa, fui a mi cuarto me tumbé sobre mi cama, y me di cuenta, que no solo había hecho amistades nuevas en el campamento, sino que además de haber descubierto a mi mejor amiga, había recuperado a la hermana que había perdido hacía unos años.

FIN.

Una navidad diferente.

Este año, a Sara y a Marcos, les tocaba pasar las Navidades en un lugar diferente. Hace un mes, los padres de Sara y Marcos, habían muerto en un accidente de coche, mientras iban a buscarles al colegio. Sara y Marcos, no tenían familia, y la poca que tenía, no se quería hacer cargo de ellos, por lo que no les quedaba más remedio que a quedarse en un orfanato. Sara, era la mayor, tenía trece años, y un hermano pequeño de tres años, a su cargo. Marcos, a pesar de ser pequeño, y no darse  cuenta de lo que pasaba, sabía que sus padres no iban a volver, no iban a estar por las noches para arroparle y darle el beso de buenas noches.

Cuando llegaron ambos al orfanato, fueron a su habitación, y Sara, comenzó a deshacer su maleta, y la de su hermano. Mientras Sara deshacía las maletas, su hermano encontró una foto de sus padres, la cogió, se sentó en su cama y comenzó a llorar. Su hermana, al haber observado lo que hacía su hermano, se sentó junto a él, lo abrazó e intentó hacer todos los esfuerzos por no llorar, pero no pudo evitar que dos lágrimas se le escaparan. La hermana Soledad, un monja muy mala, pequeña, de piel pálida y con dos verrugas en la cara, abrió la puerta bruscamente, y chillándoles, les mandó bajar hacia el comedor, porque era la hora de la comida, y llegaban tarde.  Sara, asustada por el grito que le había metido la hermana Soledad, cogió a su hermano en brazos y bajó corriendo por las escaleras, hasta llegar al comedor. Allí en el comedor, se encontraron con niños y niñas de todas las edades, desde los niños más pequeños, hasta los más mayores, que todavía no habían podido cumplir los dieciocho años. Allí se encontraban todos los niños y niñas, que no habían tenido la suerte de ser adoptados. Sara y Marcos se sentaron en la mesa, y comenzaron a comer, la comida que las hermanas les habían preparado.

Cuando terminaron todos los niños y niñas de comer, se fueron hacia sus habitaciones, se echaron en sus camas, y se dispusieron a echarse la siesta. Sara se tumbó junto a su hermano e intentó dormir como él, pero de nada valieron sus intentos, ya que fue imposible poder dormirse. Sara, no dejaba de pensar en sus padres, y en que solo quedaba una semana para navidad. Sara, a pesar de que sabía que era mayor, y que tenía menos posibilidades de ser adoptada, que una niña pequeña, esperaba, poder pasar estas navidades fuera del orfanato, y aunque le sería difícil, con una familia nueva.

Al día siguiente, se despertaron a las ocho de la mañana, y se fueron a duchar. Después de ducharse, bajaron al comedor, y tomaron el desayuno junto a sus compañeros. Cuando terminaron de desayunar, todos los niños subieron a lavarse los dientes, y más tarde, tendrían dos horas de estudio, un pequeño descanso para que pudieran jugar, y otras dos horas de estudio.

Durante las clases, un matrimonio, fue al orfanato, preguntado por dos niños, que serían hermanos. Al matrimonio, les daba igual la edad de los niños, tanto como si eran niño o niña, pues lo que querían, era tener esas navidades, a unos niños en su casa, que les acompañaran. Era un matrimonio de más o menos, unos treinta y pocos años, eran muy educados, y vestían elegantemente.  Mientras los niños estaban en las clases, el matrimonio pasó clase por clase, mirando todos los niños que eran hermanos, y justo, cuando llegaron a la clase en la que se encontraban Sara y su hermano, (era una clase, en la que contaban cuentos a los niños pequeños), les quisieron adoptar. Les encantó la forma de cómo se trataban hermana mayor y  hermano pequeño, la forma en la que compartían su dolor por la pérdida de sus padres,  y a  su vez, la esperanza que tenían en poderlo superar pronto, y que todo eso se olvidaría.

Cuando terminaron las clases, la hermana María Eugenia,  que era la monja suprema y directora del orfanato les llamó para avisarles de que habían sido adoptados. Cuando Sara se enteró de la noticia, no pudo evitar pegar un pequeño grito de alegría, y abrazarse a su hermano.  La hermana María Eugenia, les mando a recoger sus cosas de la habitación, para estar preparados, porque mañana, a primera hora de la mañana, les pasarían a recoger.  Sara, inmediatamente, subió a su habitación, y comenzó a guardar sus cosas, y las de su hermano en las maletas, esperando ansiosa, a que llegaría mañana.

Al día siguiente,  Paula y Paco, que era así como se llamaba la pareja, les pasaron a buscar sobre las diez y media de la mañana. Sara y Marcos se subieron al coche, y cogieron rumbo, a su nuevo hogar. Cuando llegaron, contemplaron asombrados, la casa en la que iban a vivir, una casa de tres plantas, con cinco habitaciones, siete baños y un montón de cosas que todavía les quedaban por descubrir a Sara y a Marcos…  Cuando entraron dentro de la casa, sus nuevos padres, les enseñaron un poco la casa, y a continuación, pasaron a instalarse en sus nuevas habitaciones, por su puesto, una independiente de otra. Cuando terminaron de instalarse, se cambiaron de ropa, se lavaron las manos, y se sentaron en la mesa, para comer con sus nuevos padres. Durante la comida, Paula y Paco, les preguntaron a los dos hermanos:

Paula- Mira, lo he estado pensando, y me he preguntado, ¿que si os gustaría venir al centro comercial esta tarde? Así, os compramos un poco de ropa si queréis, y algunos adornos para adornar la casa de Navidad.

Marcos- ¿Y podemos comprar también un árbol?

Paula- Claro.

Marcos- ¿Y puede ser grande? Y, ¿de color verde? ¿Con bolas de  colores?

Paco- Pues claro, compraremos todo lo que queráis, siempre y cuando, que nos ayudéis a colocarlo, después de comprarlo.

Marcos- ¡Genial!

Paula- ¿ Y tú, Sara, no te quieres comprar ropa, o ayudarnos a colocar las cosas de Navidad?

Sara- Claro, me encantaría, pero, ¿luego puedo ir a pedir un deseo al árbol de Navidad del centro de la capital?

Paco y Paula- Pues claro, siempre y cuando, no este muy lejos… jejeje. Que no, estaba bromeando, claro que podemos ir, ya sé donde está, así que no será mucha molestia.

Sara- Vale, muchas gracias.

Paco y Paula, se miraron a los ojos, contentos, porque habían conseguido  alegrar  un poco más a los niños, ya que les estaba siendo un poco difícil, sobre todo a Sara, pasar a una casa nueva sin sus padres.

Cuando terminaron de comer,  se fueron a duchar, y más tarde se vistieron, y se arreglaron un poco. Cuando estaban ya todos listos, se montaron en el coche, y fueron de camino al centro comercial. Cuando llegaron al centro comercial, había una sala de juegos para niños, y Marcos, al verlo, lo primero que hizo, fue pedirle a sus padres adoptivos, que si se podía quedarse a jugar, pero estos le respondieron, que se podía quedar a jugar, después de comprar las cosas de navidad. Fueron todos juntos a la tienda, que estaba dedicada a las cosas de cada época, y esta vez, estaba dedicado a la Navidad. Cuando entraron, Sara y Marcos, se quedaron asombrados, por la gran cantidad de cosas que había relacionadas con la Navidad. Compraron un árbol gigante, de color verde, y con luces incrustadas de colores, bolas, y más adornos, para adornar el árbol. Después de hacer todas sus compras navideñas, y de comprarse un poco de ropa, cogieron rumbo para ir, al árbol de los deseos, que era así, como llamaban al árbol central de la capital. Una vez que llegaron, Sara cogió a su hermano de la mano, y una vez que estaban frente el árbol de los deseos, pidieron un deseo.

Sara-  ¨Sé que estas Navidades, no van a ser iguales que las de otros años, pero por  lo menos, deseo pasármelo bien con mis nuevos padres y con mi hermano. Deseo que todo se supere, pero, que sepan mis padres, que nunca les olvidaré, y siempre les querré.¨

Cuando llegaron a casa, empezaron a colocar las cosas, el árbol, las luces… y cuando terminaron, se sintieron orgullosos, por lo bien que había quedado la casa.

Llegado el día de reyes, Marcos despertó a su hermana muy pronto, porque creía haber oído ruidos, y decía que los reyes magos estaban colocando los regalos. Entonce, Sara fue con su hermano a donde estaba colocado el árbol, y allí vieron, que había una gran cantidad de regalos puestos. Empezaron a abrirlos, pero antes de eso, fueron a llamar a sus padres, para que pudieran compartir esa alegría que siente un niño, al abrir un regalo, junto a ellos.

    FIN.

Diccionario Nerealógico.

* Polisueño: Se dice de cuando sueñas, y en ese sueño has tenido más de uno.

*Prelocura: Enfermedad que se sufre o se tiene antes de la locura.

* Monosentido: Persona que solo utiliza uno de sus tres sentidos.

* Conomizo: Material en forma de cuadrado de punta triangular y de base esférica, que lo utilizan los policías y los bomberos, cuando a habido algún robo, algún incendio, o algún control policial.

* Blanquización: Se dice de cuando tienes que hacer una cosa o decirlo, (generalmente cuando vas a hacer un examen, o tienes que decir algo en público) y justo en ese momento, te quedas en ¨blanco¨es decir, no te acuerdas de lo que ibas a hacer o a decir.

* Aguacría: Se les llama así, a los pequeños charcos, o a cualquier lugar, donde se haya almacenado muy poco de agua.

* Cerebrillo: Expresión que se da cuando no has estado atento, y no sabes qué responder. Ej.: ¿Se te ha dormido el cerebrillo?

* Zapuntacón: Tipo de zapato de punta fina, y con un tacón, de una altura de 0.5 cm.

* Monoacepcionario: Tipo de diccionario, que solo incluye una acepción por palabra.

* Trifante: Se llama así, al conjunto de entre uno y tres elefantes.

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