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QUERIDO HIJO

Hola, querido hijo,
no tengas niños
son como bichos.

Cuando te vi nacer,
me sentí desfallecer,
porque más feo
no podías ser.

Así que, cariño,
sigue mis consejos:
si ves un bebé
que sea siempre de lejos.

Machismo

Vivimos en una España
de ciegos y verdugos,
de pecadores y pecados,
de víctimas y abusos.

En la que las mujeres temen
al juez y a su juicio
sobre el largo de su falda,
tal vez demasiado corta.

En la que las mujeres mueren
y vemos al asesino por las calles,
y bajamos la mirada,
en el suelo su autoestima.

En la que se juzgan
de idiotas a los presos
de cárceles con apellidos,
de cadenas de puñetazos y besos.

Y por una vez,
el contador de las mujeres
superó por mucho al de los hombres.

Y no dejan de aparecer,
de mujeres en los telediarios,
un sinfín de nombres.

Instancia

Doña Paula Bataná Sanclodio, con DNI 23282471D, nacida en Bilbao (Vizcaya) el día 22 de Enero de 2002 y con domicilio en la calle Tomás Palacios, número 4, de Santoña.

EXPONE

Que el día 10 de Noviembre de 2017 tanto ella como muchos de sus compañeros acudieron a la clase de matemáticas de la señorita Amaya Sanabria con algunas tareas sin realizar puesto que se escapaban a sus conocimientos.  Sin embargo, la ya antes mencionada Amaya Sanabria no tomó en consideración este factor y alegando una falta de interés por toda la clase decidió imponer una notificación colectiva.

Por ello

SOLICITA

Que dicha notificación sea retirada, ya que el supuesto desinterés por el cual fue impuesta nunca existió y que se vuelva a explicar la lección que los alumnos no alcanzaron a comprender.

En Santoña, a 17 de Diciembre de 2017.

Paula Bataná Sanclodio

SR. DIRECTOR DEL IES MARISMAS

La abeja y las hormigas

Había una vez una joven abeja obrera

que compartía colmena con sus compañeras,

sin réplicas o quejas debían servir

a la reina que las habría de dirigir.

 

La pequeña, altanera y ostentosa,

a la reina la creía muy poca cosa.

Orgullosa, altiva y sin humildad,

de sus compañeras no se creía igual.

 

-¡Estoy harta de vivir en este lugar

lleno de abejas que no me pueden igualar!

¡Aquí no hay nadie a quien pueda respetar!

Y sin decir más, abandonó su hogar.

 

Tuvo que luchar contra el viento y el mar,

el frío, el hambre y la soledad.

Y cuando sentía que ya no podía aguantar

vio a unas hormiguitas alegres caminar.

 

Las observó atenta, con curiosidad.

La líder las guiaba, ellas se dejaban llevar.

Si alguna lo necesitaba no dudaban en ayudar.

Eran una familia, hasta ella lo podía notar.

 

La añoranza la embargó y sin poder esperar

con la cabeza agachada puso rumbo a su hogar.

Avergonzada y arrepentida, con ganas de llorar

deseaba llegar y poderse disculpar.

 

Cuando al fin llegó y tomó valor

a todas sus compañeras pidió perdón.

Y ellas con bondad la decidieron perdonar

porque los amigos y la familia se han de apoyar.

 

La enseñanza que esta fábula pretende dejar

es que no importa tu talento o capacidad,

si te encuentras solo y nadie te puede apoyar

ninguno de tus talentos te traerá felicidad.

 

 

 

 

 

Castigo divino

Despertó con una sensación horrible en los labios, como si algo viscoso y mugriento se hubiese posado sobre ellos. Era tan asqueroso que las náuseas no tardaron en llegar, comenzaron en el estómago y la recorrieron entera, haciéndola estremecer. En cuanto la bilis le rozó la garganta sintió la primera arcada. Apretó los labios con fuerza y se dobló sobre sí misma, tratando de reprimirla. Los ojos vidriosos y una gota de sudor resbalando por su sien, tirada en el suelo frío de una desértica catedral, la imagen debía ser simplemente patética. Luchó un poco más contra su propio cuerpo, la garganta cerrándose en dolorosas contracciones y las manos temblando, apretadas contra su boca. Respiró profundo y se giró para quedar mirando al techo, debatiéndose entre la fortaleza y la debilidad. El honor y el deshonor. ¿Debía levantarse?¿Podría hacerlo?¿Merecía hacerlo? Tal vez la respuesta era simplemente no. Tal vez no era lo suficientemente fuerte, tampoco lo suficientemente digna. Una nueva arcada la atacó, y quizás solo era Dios enseñándola cómo se sentían los demás con respecto a ella. A lo mejor sus labios merecían ser profanados, pues todo pecado conlleva un castigo. Cerró los ojos con fuerza mientras las lágrimas recorrían sus mejillas y simplemente se rindió. Acabó dormida sobre el duro suelo, deseando no despertar.

 

BRAKETS

Mi segundo hogar, aquel sillón.
El dolor que se siente es de lo peor.
Les pides que se detengan con horror,
pero da igual, no importa tu opinión.

Ahora tus dientes en una prisión.
La primera semana es puro terror,
de cada golpe incrementan el dolor.
En Navidad son una maldición.

Es un infierno en cada mordida.
Si te ponen gomas es pero si cabe.
Ves a otros disfrutando su comida.

Tú relación más larga, y se sabe.
Piensas que durará toda tu vida.
Esto es llevar brakets quien lo probó lo sabe.

 

ENTRE FANTASMAS

Alonso Quijano era un jubilado acomodado muy aficionado a las series de misterio y fantasía, en especial a una llamada “Entre fantasmas”, en la que la protagonista es una medium que se dedica a ayudar a las almas atrapadas en la tierra a poder llegar al otro lado, cruzar la luz. Era tal su afición a esa seria que se pasaba días sin dormir viendo y reviendo los episodios continuamente, se sabía todos los diálogos, incluso podría interpretar los movimientos de los actores. Entre tanto fanatismo no era de extrañar que acabase volviendose loco, y un día simplemente ocurrió.

Despertó aquella mañana sintiéndose diferente, notando que algo nuevo había despertado en su interior, algo único y especial. Hizo su rutina diaria sin saber todavía que era ese algo que había cambiado, pero en cuanto salió a la calle no tardó en darse cuenta de que era, y le costó no ponerse a gritar de pura emoción. Don Quijote veía, o más bien creía ver fantasmas en todos los espejos, a veces incluso en charcos, escaparates u objetos brillantes. El reflejo de la persona más cercana aparecía ante él de forma más nítida y con voluntad propia. Al principio no interactuaban, los espiritus parecían no verlo y él estaba seguro de que era porque sus habilidades de medium todavía estaban por desarroyar, es esa la razón de que cuando todo empezó solo se limitase a mirarlos por largos momentos, analizando los movimientos de los supuestos espíritus de una manera tan intensa que se habría asustado de ver su propia mirada en el espejo. Cuando se comportaba así atraía la atención de algunos curiosos, que no entendían que atracción podría tener un charco, o un retrovisor, o una cuchara reluciente. El rumor de que al viejo Alonso se le estaba yendo la cabeza no tardó en extenderse por todo el pueblo, incrementándose cuando los espíritua comenzaron a poder hablar con él. La imagen de aquel anciano delgaducho y solitario hablando largo y tendido con su propio reflejo se grabó en la retina de muchas personas, y una minoría no tardo en exigir que se llevase a ese loco a un manicomio, otros solo lo miraban con gracia o pena, y algunos pocos eran indiferentes, demasiado ocupados con sus propios problemas como para centrarse en las supuestas habilidades de medium que el jubilado había jurado tener. El verdadero problema llegó cuando los espíritus empezaron a pedirle favores, ya sabemos que su labor era ayudarlos a cruzar la luz, por lo que no dudó en acatar todas sus órdenes. Hacía ritos y bailes extraños en mitad de la noche, robaba objetos a quien fuese y de donde fuese, trepaba a árboles y cantaba extrañas canciones, se colaba en institutos y pintaba las paredes, rompía ventanas, liberaba a animales de las tiendas etc, no tardó en ser considerado peligroso para la salud pública, y aquella minoría que se creó al principio de su locura se convirtió en una mayoría absoluta que exigía algún remedio al caos que creaba la locura del pobre anciano. Lo intentaron todo: medicamentos, terapias, sesiones e incluso un psiquiátrico. Pero había demasiados, espíritus, demasiados reflejos, cada quien tenía su doble, y Alonso no podía con tanto. Demasiados favores y peticiones, voces exigiendo su ayuda y cuerpos rodeándole mirase donde mirase, el jubilado comenzó a desquiciarse dentro de su propia locura. El asunto pasó a mayores, el gobierno decidió encerrar al ya conocido viejo de los espejos en una casa totalmente opaca, nada en ella podía reflejar la más mínima imagen. Al principio todo iba bien, el mundo pareció olvidar a aquel viejo loco y el pueblo recuperó su calma. Pero la verdadera calma desapareció pronto, pues aunque no podía verlos, los espíritus ya no estaban solo en los espejos.

TRATADO VIII

Estaba yo, como otras tantas veces, muriendo de hambre y frío, tratando de decidir si esta noche mi cama sería la esquina de alguna calle o el soportal de algún antiguo edificio, cuando un hombre alto y musculoso, con una sonrisa llena de agujeros y la nariz grande y redonda se acercó a mí preguntándome que hacía yo, que no era más que un niño, solo, de noche, y sin abrigo ante semejante lluvia. Me dieron ganas de reír ante la idea de tener un abrigo, pero me contuve y puse mi mejor cara de cachorro mientras decía que no tenía a donde ir ni nada que ponerme o echarme a la boca, porque claro, no se deben desaprovechar las oportunidades. Entonces él me cogió en brazos, como a uno de esos niños a los que sus padres cargan cuando es de noche y se están quedando dormidos, y yo, ante la sorpresa, solo me dejé llevar.

Me llevó hasta lo que parecía ser su casa, un piso en un edificio cuadrado que tenía en el centro un patio interior. El lugar apenas tenía decoración y unos cuantos muebles viejos, pero aun así era acogedor. El hombre me recostó en el sofá y me pidió que esperara, poco después regresó y volvió a cargarme para llevarme a otra habitación. Me depositó en el suelo de un baño, me había preparado una bañera con agua caliente y me estaba ayudando a deshacerme de mis harapos mientras los miraba con una mezcla de desagrado y tristeza. Cuando ya estaba totalmente desnudo me dijo que me fuese bañando mientras él buscaba ropa que darme. Al meterme en la bañera sentí estar en el paraíso, nunca había probado una, y ya ni siquiera recordaba mi último baño con agua caliente. Estuve un buen rato disfrutando del agua y probando todos los jabones que el calvo tenía, olían genial y nunca los había probado. Finalmente salí del agua y el calvo me ayudó a secarme y a vestirme con alguna ropa vieja, que según él, ya no utilizaba, y que me quedaba demasiado grande. Después de hacerme una abundante cena y de regalarme un cepillo de dientes, cosa que antes de conocerle ni había tenido en mis manos, me llevó a mi habitación y me mostró mi cama, una de verdad, mullida y con mantas suaves, así debía sentirse tumbarse en las nubes, pensé en ese momento. El calvo me arropó y me dio las buenas noches, y tras quitarle importancia a todos mis múltiples agradecimientos apagó la luz, cerró la puerta y se fue. En ese momento pensé que seguramente así de bien debía de sentirse un niño con padre, o casa, o bañera, o cama, o cepillo de dientes. Y me dormí calentito, con el estómago lleno y sin miedo.

El viejo me explicó que llevaba un trabajo de cuidado de perros en el patio interior, y que cuando mi estado mejorase un poco esperaba que pudiese ayudarle. Yo obviamente acepté, pues el calvo había estado cuidándome de maravilla durante varias semanas, y yo debía agradecérselo de algún modo, aunque no tardé en arrepentirme. Los perros eras como bestias, y siempre acababa lleno de heridas, mordiscos y arañazos. Al principio, él los cuidaba conmigo, y entonces se portaban bastante mejor, pero acabó por dejarme a mi solo a cargo de ellos siempre, y entonces los canes aprovechaban para utilizarme de mordedor, era horrible. Pero eso no era lo peor. No tardé en descubrir que el calvo tenía serios problemas con el alcohol, y a veces llegaba a casa tan borracho que no sabía lo que hacía, o eso quería creer yo. Entraba sin control y se enfadaba por nada, y comenzaba a gritarme y pegarme, a veces me daba verdaderas palizas. Estuve aguantando eso durante casi un año, porque allí, tenía comida, cama y calor, y a veces el calvo era bueno, y yo lo volvía a sentir como mi padre. Pero tuve que acabar yéndome, porque si no me mataban los ataques de los perros lo harían las palizas del viejo borracho, que no habían hecho otra cosa más  que intensificarse. Así que me fuí para salvar la vida, y porque yo no tengo un padre, o una casa, o una bañera, o una cama, o un cepillo de dientes.

COPLA A TODAS LAS MUERTES

La muerte no es egoísta, ni interesada, ni discriminatoria.

Nos arranca todo a nosotros, algo a quienes nos rodean.

Imperdonable.

Da miedo, como en una rifa, morirás de forma aleatoria.

Pero en sus memorias, vives, dueles, no te entierran.

Imparable.

Todos queremos vivir felices, y morir sin dolor, sin doler.

Pero algunos mueren en guerras, por palizas, por suicidios.

Inadmisible.

Pero algunos viven en guerras, con palizas, deben correr.

La llamamos, la provocamos, aclamamos nuestro exterminio.

Incomprensible.

 

EL GRAN SALVADOR

Vivía en una aldea un muchacho que por todos es despreciado,

los crímenes de su padre a él le han deshonrado,

el amor y el cariño nunca le han acompañado.

Pero se juró que por todos sería recordado,

y soñaba con el día en el que fuera respetado,

mas todos creían que el chico estaba chiflado,

que el hijo de un criminal no podía ser honrado.

Pero tardes y noches con un arco estaba entrenando,

esperando el momento en el que ganarse el respeto luchado,

y ese día llegó cuando un príncipe malvado

sin arrepentimiento ni pudor al rey había matado,

y a todo su pueblo quería usar como esclavos.

El chico al enterarse en el castillo se había colado,

y con el arco y la flecha a su rey había vengado.

todos en la aldea por su valor quedaron admirados,

y por fin se cumplió su sueño de ser coronado,

siendo el mayor héroe que el mundo se haya encontrado.

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