Archivo del Autor: sandragallas

SONETO SOBRE EL HAMBRE

Estaba tan tranquila en el sofá,

cuando sentí algo en mi interior,

¿qué hacer para sentirme mejor?

la solución en la cocina está.

 

Cuando me acerqué a la nevera,

la sensación se intensificó,

y un ruido de mi estómago salió

lo que sentía hambre era.

 

Incierta sensación,

que gana a la pereza,

y confunde al corazón.

 

Como hasta que más no cabe,

que gran liberación.

Esto es hambre, quien lo probó lo sabe.

 

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Quijote y su temor

Érase una vez un señor llamado Alonso Quijano. Este era un señor normal, algo mayor y con ciertas manías, pero normal dentro de lo que cabe, al que le gustaba mucho leer libros y ver películas durante su abundante tiempo libre. Pero, un día, ocurrió algo que le cambió la vida.

Era una noche de tormenta con lluvia, rayos y truenos. La medianoche ya quedaba atrás dando paso a la madrugada, pero Alonso se disponía a ver una película antes de irse a la cama ya que por la tarde se había echado una buena siesta y no tenía sueño. Había decidido que ver “El Orfanato Miss Peregrine para niños peculiares”.

Al acabar la película Alonso decidió que debía ir a la cama a dormir un poco, pero entonces le deslumbró el brillo de un rayo y al instante se fue la luz.

-Un simple apagón- pensó él, pero se extrañó al ver que la televisión seguía encendida aunque con la pantalla en blanco.-Nunca entenderé esta tecnología tan moderna- se dijo dirigiéndose hacia ella para apagarla.

Esa fue una mala decisión. Cuando Alonso tocó la televisión sintió como la electricidad recorría su cuerpo dolorosamente, mientras en la pantalla pasaban muy rápido imágenes de la película que acababa de ver. Segundos después quedó inconsciente. Tuvo una pesadilla horrible antes de despertar en el hospital. En ella los huecos lo perseguían, como pasaba en la película, y no precisamente para algo bueno. Desde ese día tuvo siempre pesadillas con los huecos. Empezó a ser más paranoico y a distanciarse de su familia, hasta el punto de que llegó a confundir los sueños con la realidad.

Un día salió hacia el bosque con una ballesta en busca de los huecos, pensando que si acababa con ellos tal vez cesaran sus pesadillas. Ya había olvidado que eso no era real, que solamente era una película, se había vuelto loco. Nunca volvió a casa, pero corren rumores de avistamientos de un hombre algo mayor y bastante delgado que suele atacar a algunos árboles con forma extraña.

Copla a la muerte de una gata

Aunque tú apenas me conozcas,

recuerdo ese precioso color,

querida Lumi,

y siento hoy unas grandes penas,

pues tu vida nos llenó de amor,

sobre todo a mí.

Pocas veces nos encontramos,

pero yo no te olvidaba,

me acordaba.

Mas es en estos momentos

cuando más te necesitaba,

te añoraba.

 

 

El gran viaje de Colón

Iba Cristóbal Colón navegando en su navío,

cuando se dio cuenta de que hacía mucho frío,

se dirigió a su camarote a buscar su viejo abrigo,

¡y tanto que viejo! con él parecía un mendigo.

“¿Cuánto queda?” le preguntó su buen amigo.

Tras observar un rato sus anotaciones dijo:

“No te preocupes, pues estamos ya a medio camino,

mas quizá tengamos problemas pues el viento viene torcido,

vira bien la vela o acabaremos en un buen lío,

pues allí a lo lejos diviso un gran remolino.”

Al oír este mensaje tan tremendamente trágico,

los tripulantes abandonaron sus puestos

y empezaron a correr y esconderse a su libre albedrío.

Tuvo Colón que tomar el timón con bravío,

mas la tormenta paró y les dejó helados de frío.

“¡Tierra! ¡tierra!” Gritó un grumete con alegría.

Al oír aquello muy contento Colón se ponía,

mas que sorpresa el marinero se llevaría,

al saber que aquello no sería la India.

 

Hoy está nublado

Ayer comí macarrones con tomate a pesar de que le gustan los perros, entonces entró a la calle y me fijé en que estaban en el Neolítico.  Me tapó porque teníamos calor jugando al baloncesto y seguí nevando hasta que me choqué con el cielo. En el año 2030 comprará unas almendras, tengo una tortuga ya que mañana quizá haga sol. Vuestras más sinceras palmadas para la exhibición de la clerecía.

Me sentía azul, de hecho, se calentó unas lentejas para saciar el egocentrismo que cuelga de la pared. Cogeré el gato sembrado en tu huerto para poder enchufar al ordenador el cargador de mi móvil, y me sentaré a contemplar plácidamente los nerviosos aspavientos de la tranquila luna. Abrigarás al loro porque es muy friolero y no quiero romper el muro que pertenece a alguien llamado Gervasio Teodoro al que le gusta tejer.

Quiero continuar queriendo esa cuenta porque todo el mundo le cuenta que tienes osteoporosis y no os parece normal al seguir siendo tuerto. Tienes el alma escrita en un zapatero hasta que vayas a la tienda, quiero cacahuetes dulces si hay cajas en el congelador. Sentirán que están viendo llegar el lunes porque se están agarrando con sabiduría al asterisco de la esquina. Hay que admirar que simple es algo tan suntuoso como para ser la causa de la hemorragia y que hoy el cielo esté nublado.

 

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