Archivo de la categoría: Libro de 3ºA

Tratado inventado de “El quijote”

Estaba Don Quijote y Sancho Panza por la meseta de Castilla y Don Quijote decidió poner rumbo hasta la costa del mediterráneo, por el camino paro por muchas posadas, los motivos eran tres, para dormir, para comer y por ultimo para recuperarse de las palizas que les daban. de 5 que tuvo solo gano 2 ya que a los dos que gano eran vagabundos y casi no tenían fuerza para levantarse. Aun así Don Quijote y Sancho Panza cojan confianza para seguir así luchando. Pero al final de todo esto había un problema. Y es que cuando llego a la costa del mediterráneo exactamente en Barcelona no era como el creía, era distinto a toda la Península Ibérica ya que era una ciudad muy futurista. Cuando entro a la ciudad lo primero que le hicieron fue quitarle la lanza y el burro. ademas les dieron dinero para que se compren ropa normal como todos los habitantes de esa ciudad. Fueron al ayuntamiento y les dijo el alcalde que esta ciudad ya estaba en el año 2018 y que todo había cambiado mucho. Les comento que ellos eran los personajes de un libro, el cual es el mas famoso de toda la historia. Les compraron una casa y se quedaron Don Quijote y Sancho a vivir una vida normal allí.

Soneto

Lustre y hermosísima bahía,
Que se puede ver a cualquier hora
Mirando una grande ola,
Sentado frente a un largo día,

Y mientras vi que había
En el césped una segadora
Al lado de una aspersora
Y yo viendo el cielo, mientras el sol caía;

El dia se iba acabando,
Cambiando a una noche oscura,
Y el cielo empezaba a ser nublado;

La arena parecía un tesoro
Al no tener mucha blancura,
Sino teniendo el color del oro.

Como Lázaro pasó a cargo de un morisco.

(Lázaro todavía es un niño).

Ya acababa yo cansado de todas mis desgracias e infinitos males, que perdí la esperanza de encontrar un amo decente y generoso. Llegaba yo ese día de casualidad a un pequeño pueblo en medio de la nada, y me encontré a un hombre alto, de aspecto curioso que me ofreció cobijo. Yo, como estaba desfallecido de mis anteriores desventuras, no tuve más remedio que aceptar su ofrenda y entré en su casa. Desde ese momento todo fue a mejor: resultó que mi nuevo amo poseía bastante dinero como para abastecer nuestras necesidades sin problema, y yo empecé a recuperar mi forma sana. Un día, me percaté de unos extraños tapices, al parecer religiosos, pero llenos de patrones geométricos y letras extrañas. Le pregunté a mi amo:

-Señor, ¿qué representa este tapiz? Es sin duda hermoso, pero no parece tener ningún significado.

Mi amo se rió, y luego me explicó que era caligrafía árabe, y que él en realidad era un morisco, es decir, un moro convertido al cristianismo. Después de oír esto pensé en marcharme de aquella casa, ya que según lo que había escuchado por las calles, los moriscos eran hombres a despreciar. Estuve unos días en un estado de desconfianza, hasta que me volví a fiar plenamente de él, y pasé a no entender esa crítica hacia esta etnia.

Un día, mientras comíamos, decidí preguntarle sobre mis dudas.

-¿Por qué la gente desprecia a los moriscos? Yo según mis vivencias con usted, solo puedo afirmar que son gente encantadora y muy amable. No entiendo como alguien puede despreciar a otra persona solo por su religión.

-Querido Lázaro, hay cosas en esta vida que pasarán de generación en generación sin ser entendidas. Supongo que parte de la culpa es de todos los reyes convencidos de que tiene que haber una sola religión. Para conseguir este propósito, no dudan en promulgar comentarios ofensivos y falsos sobre esta etnia. Nosotros no tenemos poder alguno, así que tenemos que aguantar constantes conversiones injustas.

Entendí lo que mi amo quería decir, pero aun no comprendía esta mentalidad, y sigo sin entenderla hasta el día de hoy.

Dejando aparte todas las charlas entre mi señor y yo sobre este tema, mi vida con él fue placentera, y lo consideraría uno de los mejores amos que tuve. Lo único que eché en falta fue la carne, pero mi señor, comprendiendo mis costumbres de cristiano, me dejaba un maravedí que podía gastar en lo que quisiera.

Yo creía firmemente que este sería mi último dueño como mendigo, y que a partir de ahora viviría una vida tranquila con este hombre, pero como siempre Dios me dio la desventura de mi vida. Un día llegaba yo de comprar provisiones en el mercado, cuando me encontré nuestra casa abierta de par en par, y sin nadie en su interior. Llamé a mi señor a gritos, pero nadie contestó por el. En la puerta había una nota firmada por la Santa Inquisición, así que yo imaginé lo que habría pasado. Con la cabeza gacha, entré en la casa, cogí todas las provisiones que pude, y marché de aquel lugar para siempre.

Y ahora que escribo estos acontecimientos, no recuerdo haberle preguntado nunca su nombre.

Tratado inventado. Álvaro Calera

Yo me marché de Toledo, ya que estaba aburrido de la perra vida que llevaba y de mi amo. Decidí coger camino con mis cuatro posesiones metidas en mi viejo zurrón, caminando y caminado llegué a Madrid, mi cara de sorpresa fue estrepitosa al ver todas las calles, iglesias y conventos de la capital ¿como podía vivir yo una vida tan perra comparada con la de esta gente que se veía por las calles? Carruajes, vestidos preciosos y casa de ensueño. Admirando estas estaba cuando una gorda mujer tropezó cayendo a mis pies. Presuroso la ayudé a a levantarse, cosa que me costó la verdad, pero que gracias a mi maña logré hacer, esto a la señora le chocó y esta me ofreció ser el jardinero de su palacio. Me acomodó en el cuarto de las azadas y rastrillos con paso directo a la cocina, nunca en mi vida había visto tantos manjares de los que podía disponer solo por cuidar los rosales y tener bien aseado el césped. De momento aquí estoy, comiendo y regando sin arrepentimiento alguno de abandonar Toledo.

Tratado inventado de el Lazarillo

Tratado inventado de el Lazarillo

 

Al escapar del ciego estuve andando uno diez kilómetros hasta que llegue a una ciudad cerca de ahí y me dijo un joven caballero:

 

-Niño, ¿quieres venir conmigo a recorrer todos los lugares de castilla?

Yo le conteste que sí porque seguro que haré más cosas que con las que hice con el ciego, además el caballero me daría de comer bien.

El primer dia nos fuimos hasta Valladolid, estuvimos reunidos con nobles y estaban planificando una batalla contra los franceses en la frontera de España y Francia que era los Pirineos. Más tarde comimos y me pregunto el caballero:

 

-¿Quieres ser caballero como yo?

 

Yo con mucha ilusión conteste sí, no obstante, me empezó a enseñar una cosas básicas que tenía que saber.

En los siguientes meses nos estuvimos moviendo por toda Castilla, y estaba creciendo y cada vez me manejaba mejor con la espada y el caballo, hasta que me dijo el caballero.

 

-Lazaro, te veo bien como para ya poder luchar. ¿Quieres venir a combatir a la guerra conmigo y ganar?

 

Yo obviamente dije que sí porque podría ser una de las mejores experiencias de mi vida y sería emocionante.

Solo pasaron unos días para ir a la batalla de la corona de España contra Francia en la frontera de los Pirineos, si ganábamos conquistamos una pequeña parte de el sur de Francia.

Estabamos ahí en la batalla con unos diez mil caballeros contra el ejército Francés y mi caballero dijo:

 

-!Al ataque!

 

Todos nuestros caballeros no movimos rápidamente contra el ejército francés y finalmente esa batalla la ganamos.

Yo, al ver ya era una persona importante y con suficiente dinero como para comer el resto de mi vida, me fui a vivir a un pueblo de cerca de Valladolid y me quede ahí viviendo el resto de mi vida.

El Lazarillo

Tuve que buscarme otro amo, fue un comerciante, él más vago que conozco. Me obligaba a llevar las cuentas de la tienda, mientras él , él muy vago descansaba y comía… otro amo que me mataba de hambre. Por las mañana me daba una moneda de muy poco valor para que comiese, y con eso poco subsistía todo el día.  Pero de vez en cuando se le olvidaba y eso me mataba. Los días pasaban y eran más días sin comer que días alimentado. Cansado, empecé a pedir limosna. Un día cuando volví de comprar la comida, me encontré al comerciante tirado en el suelo, llamé rápidamente al médico, pero fue demasiado tarde. Lo bueno fue que como el comerciante no tenía ningún hijo su riqueza fue repartida entre su mujer y yo, y con ese poco dinero puede sobrevivir por un tiempo hasta que encontré a otro amo, pero esa es otra historia.

TRATADO OCHO DEL LAZARILLO DE TORMES

TRATADO OCHO:

     CÓMO LÁZARO SE ASENTÓ CON UN PASTOR, Y DE LAS COSAS QUE CON ÉL PASÓ.

Hube de buscar al octavo y éste fue un pastor. Harto de aguantar al alguacil y a mi mujer con sus humillaciones, me fui de Toledo sin rumbo fijo por los caminos de Dios.

Y por el camino me crucé con un pastor que corría detrás de las ovejas porque se le habían escapado y al que ayudé sin ningún interés por mi parte en ese momento.

-Gracias por vuestra ayuda, yo solo no las hubiera podido juntar (me dijo el pastor).

-A más ver (le contesté).

Seguí mi rumbo, pero como se estaba haciendo de noche me quedé en el pueblo. Allí entré en una taberna para reponer fuerzas pues estaba algo cansado y tenía muy seca la garganta. Y cual fue mi sorpresa que un rato después entró el pastor por la puerta. Me saludó y se acercó a mí. Yo ya me iba, y me preguntó que dónde iba a ir a dormir, y yo le dije que no sabía y que no conocía a nadie y que no tenía mucho dinero. Voy a ver si alguien me puede dar cobijo esta noche.

-Busco un amo que me pueda dar comida y cama a cambio de que yo le pueda ayudar en sus tareas cotidianas. ¿No conocerás tú a alguien?                                                                                   

-Pues yo, yo no puedo darte mucho, pero esta noche si quieres puedes pasarla con mis ovejas  bajo un techo. Y mañana veremos a ver que pasa. Por el día las cosas se ven más claras.

-Vale, de acuerdo.

Y ambos marchamos hacia su humilde cabaña.

A la mañana siguiente, me desperté con el canto del gallo.

El pastor me presentó a su mujer y me invitaron a almorzar. Les  pregunté si habían pensado en cogerme como criado. Entonces ellos me dejaron desayunando y se marcharon a otra habitación a dialogar.

Aproveché el momento para coger algo de comida por si decidían que no fuera su criado. Y al volver donde yo estaba me dijeron que de acuerdo, que aunque su vida era también modesta que se las arreglarían para poder seguir adelante.

Entonces les agradecí el almuerzo y acompañé al pastor a hacer sus tareas, eso sí con el zurrón bien cargado de comida para los próximos días.

Todos los días íbamos a llevar las ovejas al monte, allí pastaban y entre charla y charla nos tomábamos la bota de vino y unos trozos de queso con una hogaza de pan. Su mujer me daba ropa casi todos los días y mientras iba a buscarla les robaba queso y rellenaba la bota con agua, pues yo me había bebido un largo trago. Mi amo me dijo un día:

-Cada vez hay menos queso.

-Verdad es (le contesté).

-¿No habrás sido tú, no?

-No, ¿acaso dudas de mí?

-No, claro que no, ¿pero si no quién ha sido?

-Ahora, que me acuerdo bien, el otro día vino un señor acá cuando tú estabas en el pueblo, mientras que yo almorzaba y mientras que fui a llamar a vuestra mujer, se quedó solo en la cocina.

-¿Y para qué vino?

-Dijo que para comprar unas ovejas, pero tu mujer le dijo que no las vendíais.

-Así, que podría ser él, el ladrón de queso.

-Seguramente.

-Bueno vamos a llevar a las ovejas al monte.

-De acuerdo.

-Coge la bota de vino y yo cojo un poco de queso y un poco de pan. Mañana iremos al mercado.

-Vale.

Nos dirigimos hacia el monte con las ovejas, nos sentamos y comenzamos a comer, él dió el primer trago a la bota. Y me comentó:

-Oye Lázaro, ¿me has cambiado tú el vino o ha sido también el ladrón que vino a comprarme ovejas?

-Yo, no fui señor mío, pero tampoco sé lo que hizo aquel señor.

-Espero que ese desdichado no vuelva.

-¿Cuándo esquilaremos las ovejas?

-Primero tendrás que aprender a ordeñarlas, Lázaro, primero te tocará aprender lo difícil.

A la mañana siguiente me levanté muy pronto, y mientras almorzábamos le pregunté:

-¿A qué vamos al mercado?

-Te lo voy a enseñar, Lázaro. Y si te gusta, el sábado que viene iremos a vender lana y ropa que teje mi mujer, luego aprenderás tú e irás a venderlo, te daré una recompensa cada vez que vendas algo.

-Me parece perfecto.

Nos dirigimos hacia el centro del pueblo y me encantó lo que vi, nunca había visto un mercado tan grande. Mi amo que quería lo mejor para mí, me ofreció unas lentejas y le dije:

-¿Eso se come?

-Pues claro,¿no las has probado nunca?

-No, ya te conté que hasta ahora he estado con siete amos y contigo ocho y que todos me daban muy poco de comer.

-Pues mañana las probarás.

Compró un tarro y yo como no sabía cómo se comían cogí una y me la metí a la boca, pero como no tenía  dientes ya que el ciego me los rompió, la tuve que tirar por lo dura que era.

-¿Estás bien?

-Pensé que eran menos duras, creo que mañana no podré comerlas.

-Hay que hacerlas en una cazuela, y se volverán blandas.

-Entonces sí que podré.

Seguimos por el mercado hasta que nos fuimos. Y en el camino de vuelta le comenté que me había encantado y que me gustaría volver.

-Claro, Lázaro, pero tendrás que aprender a ordeñar.

Pues empecemos.

-Al principio te costará un poco, pero ya verás cómo te acostumbras.

Esa noche mi amo me llevó a dormir a su casa porque estaba muy contento de lo que había aprendido.

Mañana nos levantaremos muy pronto, toca esquilar.

Al día siguiente aprendí a esquilar y a tejer lana.

-Mañana es sábado.

Sí, ¿iremos al mercado?

-Por supuesto.

-Así aprenderé a vender.

Fuimos al mercado y aprendí muy rápido, tanto que mi amo se quedó asustado viendo lo rápido que aprendía y ese día me dió de comer el doble. Me dijo:

-Te lo mereces Lázaro, aprendes muy rápido, ya me gustaría tener tu edad.

-Gracias, ya sé que es de mala educación pero ¿cuántos años tienes?

-63.

-Todavía eres muy joven.

-No te creas. Espero que cuando me vaya de este mundo te quedes con mis ovejas y cuides a mi mujer como si fuese la tuya.

-Así, será.

Dos meses después, estábamos en el monte cuando de repente mi amo se cayó al suelo, al ver que no respondía le lleve hasta su casa y después nos dirigimos al hospital, no despertó. Su mujer desesperada comenzó a gritar y a llorar, intenté tranquilizarla pero no pude. Horas después volvimos a casa y la dije:

-El deseo de mi amo fue que yo cuidase de sus ovejas y que te tratase y cuidase como si fueras mi mujer.

-Pues si ese era su deseo, ¡cúmplelo!

Y así fue lo cumplí, con tal de tener dinero, techo y comida.

Tratado Inventado, Nelson Macedo.

Lázaro Entra al Servicio De un Circo Ambulante

Después de que el clérigo me echara de su casa por robar su comida, iba yo caminando al lado de un rio cuando me encontré una feria llena de payasos, pequeños puestos de comida y baratijas y una gran carpa roída y muy desgastada. Al cabo de un rato paseando por aquel lugar en busca de alguien que me diera un poco de aquella rica y suculenta comida que había en aquellos puestos, un hombre esbelto y con un gran sombrero que llamaba mucho la atención me pregunto si tenía algún amo, dando por hecho que era mendigo, ” por la pintas que llevaba estaba claro que no tenía a nadie”.

Con cara de pena le solté que mi antiguo amo no me tenía aprecio y que no se daba cuenta de mi gran talento como ayudante.

El misterioso hombre respondió a eso con un:

-¿Te gustaría formar parte de nuestra familia?

Yo sin dudarlo respondí que sí, esperando que me diera algo de comer pronto. Me llevó a una especie de caseta donde estaban el resto de los participantes de aquel circo, había un malabarista, uno que contaba chistes y una mujer que hacía piruetas.

Al día siguiente me dieron una gran camiseta que parecía que la habían usado como trapo y unos pantalones más cortos, me pidieron que les ayudase en los números y que después recogiera. En aquellos inacabables cuatro días, me mandaron recoger todos sus ropajes y elementos de actuación, me usaron como conejillo de indias para sus trucos, me quemaron, cortaron y me pusieron en una especie de concurso, alguien pagaba unas monedas y lanzaba una bola a la diana que había junto a mí, si acertaba yo me caía al agua y el conseguía un premio.

No podía aguantar aquellos duros trabajos y magulladuras y menos las mofas de la gente riéndose de mí, como si no fuera una persona, me hacían recordar a cuando el ciego contaba mis travesuras a los campesinos. Así que decidí irme de allí. Aquella misma noche mientras todos dormían, cogí prestado unos ropajes mas cómodos y un poco de comida y nada más salir el sol salí corriendo de aquel lugar.

Nunca más quise acercarme a una feria por si era en la que había estado yo.

Cantar de gesta

En Australia había una península

donde la vida era más que sencilla

aunque siempre había alguien que quería destruirla

sin embargo las personas siempre sobrevivían

gracias a nuestra heroína Carmencita

que les salvaba de los hechizos de la bruja artista

que además de artista era demasiado listilla

dominaba y practicaba todo tipo de hechicería

una día la bruja quiso vengarse de las periodistas

porque ellas nunca la habían sacado en revista

su plan era encerrarlas en las oficinas

y pedir un billete por cada jovencita

si no lo hacían acabaría con sus vidas

nuestra heroína Carmencita vino volando desde Hungría

donde había acudido a una romería

gracias su perfecta puntería

consiguió romper la ventana con tan solo una piedrecilla

con una escalera las oficinistas pudieron bajar de una pieza solitas

después se encargo de la brujilla

que nada más verla ya se rendía.

LA BATALLA DE COVADONGA

Don Pelayo, para salvar el Reino de Asturias,                                                                        se vió obligado a osar sus argucias.        – “¡Munuza, detente en tu lucha!”                                                                                      -“No, Don Pelayo, la batalla será mucha,    a  los musulmanes defiendo, porque yo los entiendo”                                              Entonces comienza la batalla de Covadonga;   contra las tropas musulmanas,                                                                                               el ejército astur de Don Pelayo gana.
-“Oh Dios mío, de los sarracenos,                                                                                            cada vez quedamos menos.”                  Así pudo salvar su reino Don Pelayo,                                                                      que aunque perdió vidas, la ganó el 28 de mayo.

 

 

 

 

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