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El Quijote y su granja

El Quijote fue un dia a un mercado de su pueblo. Había un puesto de este mercado en el que se hacía un sorteo de una televisión. Quijote no dudó en participar. Tres días después, recibió una llamada en la que le comunicaron que había ganado la televisión sorteada. Todo feliz la instaló con ayuda de su amigo Sancho

Descubrió una serie de televisión llamada Peppa Pig. Le gustó tanto, que empezó a verla día y noche, hasta  que decidió cambiarse de casa a una casa en el campo. Allí que fue su tele.

Colindante a su casa, había una granja de cerdos. Tal era su obsesión que pidió trabajo.

Tras meses trabajando en la granja un día decidió comprase un cerdo para poderlo tener en su casa y con el paso montó su granja él también. Su gran amigo Sancho panza decidió mudarse también al campo y se compró la casa de enfrente.

Quijote un día por la mañana después de Peppa Pig fue a darle de comer a los cerdos y vio a Sancho dando de comer a su  ganado y como estaba tan enganchado a la serie  ha confundido a su mejor amigo con un cerdo y fue a buscarle ya que pensaba que se le había escapado uno de sus cerdos. Tras meter a Sancho con el resto de cerdos se dio cuenta que para sacar un beneficio en la granja tenía que matar a los cerdos para venderlos en el mercado del pueblo. así que se dispuso a matarlos él mismo y no llevarlos al matadero. Así que decidió coger a Sancho para que no se volviera a escapar de la piara. Tras matar a Sancho le cargó en la furgoneta y se lo llevó al mercadillo . Nada más abrir el puesto la gente se empezó a escandalizar de tal manera que en menos de cinco minutos ya había llegado la policía y se lo llevaron preso. El juez condenó al Quijote a 25 años de prisión en un centro psiquiátrico pero no llegó a salir porque se suicidó a los 15 años porque no aguantaba  más tiempo en ese manicomio.

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Don Quijote

Un día Don Quijote decidió ir a su trastero a limpiar y a buscar recuerdos de su infancia, tras tantas cosas se encontró una televisión que Sancho le regaló. Le empezó a entrar curiosidad sobre todas las series y decidió enchufarla a ver si funcionaba ya que Sancho se la regaló hace  mucho tiempo. Tuvo suerte y funcionaba como si estuviera recién comprada, se puso a investigar como iba el mando y en que consistía cada canal de televisión, tras unas horas mirando un poco de cada canal decidió poner Telecinco y esperar a que le sorprendiera alguna serie. Tras unas cuantos días comenzaron a echar una serie que le apasionaba llamada Aquí no hay quien Viva, una comunidad de vecinos que están locos y se meten unos en la vida de otros. Don Quijote estuvo una noche entera tragándose todas las temporadas, al día siguiente decidió  hacer una junta de vecinos para explicarles de que trataba la serie  y les propuso que cada vecino poco a poco fuera adaptándose a un personaje. Los vecinos empezaron a pensar  que Don Quijote se estaba volviendo loco. Don Quijote siguió con esa idea en la cabeza y empezó a creerse el presidente de la comunidad y a actuar como Juan Cuesta presidente de la serie con el tiempo se dio cuenta que ningún vecino le hacia caso y que le trataban como uno menos así que Don Quijote decidió ir a dar un paseo y pensar una forma de convencer a sus vecinos. Mientras paseaba se encontró con Sancho y le contó todo lo que sucedió con aquella televisión que le regaló y la pasión que tenía por que su comunidad fuera igual que la de aquella serie. Sancho se quedó pasmado y le dijo que no podía suceder nada de eso y que su lugar estaba en leer novelas de caballerías, Don Quijote pensó en bajo que las novelas  de caballerías cada vez eran más aburridas y desde que descubrió la maravillosa vida que hay dentro de una televisión no quería hacer más que estar enchufado a la tele, tras unos minutos de procesar esa respuesta pensó que Sancho no lo dejaría tranquilo hasta quitarle esa idea de la cabeza así que decidió callarse y decir que tenía razón que no había nada mejor que las novelas de caballerías. Tras unos días después de seguir viendo nuevas temporadas, le fascinaban todos los problemas que ocurrían en aquella serie así que decidió ir casa por casa a convencer a los vecinos y a describirles todos los papeles, ningún vecino le prestó atención, Don Quijote siguió con la idea en la cabeza así que  se mudó a otra comunidad y como ningún vecino le hacia caso paso por miles de comunidades diferentes hasta que tras 5 años encontró una comunidad adecuada en la que los vecinos estaban algo locos como él.

soneto

Erase un hombre muy despistado

Que nunca daba de comer al gato

Y por no comer le dolió el flato

El hombre siempre iba ajetreado

 

El gato se sentia alborotado

y el hombre se disgustó y lo ato

Y así se mantuvo un largo rato

El hombre se olvido y fue buscado

 

Al gato le buscó, y no lo encontraba

Sí no lo hacía, a la carcel iría

Mas a aquel hombre nada le importaba

 

Su cabeza en otro planeta estaría

Unos maullidos en casa escuchaba

Era el gato que comida quería

 

 

Como si de cuento se tratase…

El amor surge misteriosamente

como nace una perfumada flor

o el trueno que aparece con furor

y nos abraza candorosamente.

 

Se presenta en dulcísima sonrisa,

en la luz de simpática mirada

Es la felicidad inesperada,

es beso que nos ahoga a toda prisa.

 

Es el amor, el frío y fuego ardiente

que nos congela y quema sin sentirlo

es herida que duele dulcemente.

 

Nos da sentimiento para sufrirlo,

nos acaricia siempre complaciente

y nos dona el placer para vivirlo.

Que idóneo

Un hombre llamado Don Quijote permanecía horas y horas viendo Mil maneras de morir. Todo empezó cuando él estaba esperando a que comenzase su serie favorita, Los cazadores del pantano, faltaban diez minutos mientras. Él solía durante ese tiempo aprovechar y pasar la mopa pero se quedó impactado y quiso ver cada vez más. Hubo un momento que tenía todas las horas apuntadas a la que lo daban, estaba duchándose y era la hora, pues paraba, estaba dando una vuelta y llegaba a la hora, pues iba a casa o paraba a algún  bar a verlo. Se volvió completamente que se le olvidó de su serie favorita. Un día dejaron de omitir Mil maneras de morir pues no hicieron más programas, Don Quijote se puso loco sin saber que hacer porque ya se había visto todos los programas. Entre lamento y lamento, se le dio la brillante idea de hacer él su propio programa en la calle fijándose en los episodios anteriores. Rozando la muerte, así se hizo conocer ya no solo era un espectáculo si no tanto meterse en su papel paso a andar con zapatos de pequeños cristales clavandole en el pie, es normal decía.

Fue un mundo

 

Fue un mundo que pudo pero no quiso,

un mundo moribundo, inmundo fue,

un mundo agresivo, obsesivo fue,

un mundo cansado de nada hacer fue.

 

Un mundo fue cual hablaba sin saber,

un mundo envidioso, rencoroso fue,

un mundo corrupto, exabrupto fue,

un mundo dormido, sonámbulo fue.

 

Un mundo miserable, culpable fue,

fue un mundo depresivo, vengativo,

un mundo que juzgó lo que no vio fue.

 

Una bomba con distinto nombre fue,

fue un mundo sin ventanas en el alma,

fue un mundo que solo fue, y nada más.

 

Lord, Quijote de la Mancha

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hidalgo, que cegado por una realidad ficticia, basada en una serie de televisión llamada “Juego de Tronos”, había dejado atrás su cordura, titulándose a sí mismo como Lord Quijote de la Mancha.

Como cualquier día, Lord Quijote se encontraba paseando por el mercado, ya con su uniforme puesto, porque, aunque fuese verano, se acerca el invierno, caminaba junto con Sancho Panza su escudero, pero su atención cayó en una mujer alvina, a la que él había confundido con Daenerys Targaryen de la Tormenta.

-Sancho, aquella mujer es Daenerys Targaryen -dijo Lord Quijote.

Yo más bien creo que es una mujer haciendo la compra como cualquier otra mi lord, dijo Sancho.

-Pues bien usted se equivoca, mire, lleva unos huevos consigo, seguro que son los dragones de los que tanto en Poniente se habla, dijo Lord Quijote.

-A mi parecer son simples huevos de gallina, pero como usted diga mi lord, dijo Sancho

-Debemos hacernos con esos dragones,  para así proteger los 7 reinos, Daenerys tiene sangre de dragones y quién sabe si actuará como lo hizo su padre, el rey loco, afirmó Lord Quijote.

-Por mil demonios, ¿ Usted está pensando en robar esos huevos a aquella pobre mujer?,dijo Sancho, pero ya tarde, ya que Lord Quijote ya se había hecho con los huevos, mientras que ella gritaba, pidiendo ayuda y él se alejaba con  aquellos huevos corriendo, Sancho algo desorientado le seguía como podía.

La pobre campesina acudió a la policía.

Lord Quijote ya se encontraba en su casa, admirando los preciados huevos, él no quería matar a los dragones, tenía una loca idea con la que poder adiestrarlos.

-Por el amor de Dios, con estos dragones quemaré a todos los caminantes blancos que atraviesen el muro  y me coronarán como rey de los 7 reinos por mi valentía, se decía a sí mismo.

Mientras Lord Quijote  se sumía es sus pensamientos, la policía llegó y se lo llevó, mientras Lord Quijote gritaba:

Esa mujer es Daenerys, y estos huevos son sus dragones,¿ no lo ven?¡, los estoy salvando!, ¡los caminantes blancos vendrán!,¡ el invierno se acerca!, ¡Valar Morghulis!,¡Valar Dohaeris! ¡Lo que está muerto no puede morir sino que se alza de nuevo más duro y fuerte!¡Suéltenme!

En un intento de que no lo arrestaran, cogió una barra de hierro, imaginando que era aguja, la espada de arya y golpeó con ella a un policía, matándolo en el acto, tras esto, los policías se lo llevaron.

Cuando Sancho llegó, ya era tarde, pues ya se lo habían llevado.

-Lord Quijote fue llevado a la cárcel y nada más llegó y vio los inmensas murallas que rodeaban la cárcel las confundió con el muro, y en su oscura y fría celda, tras recitar el juramento de la guardia de la noche:

—Escuchad mis palabras, sed testigos de mi juramento:

La noche se avecina, ahora empieza mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte. No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos. No llevaré corona, no alcanzaré la gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Soy la espada en la oscuridad. Soy el vigilante del Muro. Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres.

Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche, durante esta noche y todas las que estén por venir.

Se declaró como un cuervo negro, miembro de la guardia de la noche y vigilante del muro.

 

 

 

 

Soneto Ana Colina

Érase una persona mal oliente

no tenía dinero para jabón

que olía muchísimo a roscón

y no utilizaba pasta de dientes.

 

Su familia y amigos la mienten

decían métele dentro del colchón

olía a gasolina de camión

necesitaba una ducha caliente.

 

Su madre jabón siempre compraba

a flores con chocolate olía

con intención de que el lo utilizara.

 

En su casa las plantas se morían

Pero ella nunca se preocupaba

al final ella su planta comía

Quijote Ana Colina

Una tarde de verano, Quijote y su amigo Sancho quedaron para ver series. Haciendo zaping, dieron con una nueva serie de televisión ”Los Simpson”. Se empezaron a enganchar a esta, tanto que estuvieron tres días sin dormir. Sancho ya decidió volver a su casa, pero la obsesión del Quijote era tan grande que siguió viéndola.

Don Quijote, empezó a adoptar el papel de Homer, uno de los personajes de la serie. Compró spray amarillo, empezó a tomar cerveza, engordar, dejarse barba y demás cosas hasta ser como él.

Esto duró sólo tres meses porque le detectaron cáncer de piel por aplicarse tanto spray amarillo.

Don Quijote tuvo que parar esta obsesión por salud, hasta que murió.

LA CEJA

Era una mujer de ceja incrustada

Érase un oscuro tachón que hablaba,

mas un toldo denso se apreciaba.

Era selva frondosa inhabitada.

 

Érase un cepillo de crin lavada.

Érase un ciempiés que se demostraba.

Era un cajón, que frente no encontraba.

Era un código morse en la fachada.

 

Censurada su cara aparecía.

Era un cuervo con alas extendidas.

Érase un regaliz que se movía.

 

Eran negras pasarelas unidas.

Una anguila sombría, allí vivía.

Era un repelente de miradas.

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