Archivo de la categoría: Libro de 3ºB

DON QUIJOTE Y LA PATRULLA CANINA

Don Quijote, era un hombre al que le apasionaba la televisión. Un día, algo captó su atención, La Patrulla Canina; donde un niño adiestra unos perros y atiende junto a ellos llamadas de emergencia.

Desde que encontró su serie predestinada (según decía él), dejó de prestar atención al resto del mundo.

Su familia, viéndolo tan absorto como estaba, decidió quitarle la televisión, por lo que se quedó deprimido y en cama.

Su ama de llaves, una mujer bajita y regordeta llamada Sancha, le convenció para que fueran a dar un paseo y así airearse.  Cuando estaban cruzando un parque, vieron un grupo de perros, y Don Quijote, que llevaba un día sin ver su serie favorita, pensó que eran los canes de la serie, y que él, era el protagonista de la misma. Debido a eso, fue detrás de ellos dándoles órdenes. Sancha, perseguía Don Quijote gritándole:

-¡Señor! ¡Señor!  ¡Vuelva aquí!

El caballero de la triste figura corría detrás de los perros, pensando que le estaban guiando hacia la llamada de socorro. Estos huían como si hubieran visto al demonio. Y así sucedió, hasta que Don Quijote quedó exhausto y olvidó su propósito.

De nuevo con Sancha, seguían su camino, tratando Sancha siempre de dirigirlo a lugares sin esos animales que hacían enloquecer a su señor.

The Walking Dead

Estaba Don Quijote con Sancho viendo una serie de televisión, llamada ”The Walking Dead”. El argumento de dicha serie, trataba sobre una apocalipsis zombie, en la que los pocos humanos que quedaban, debían sobrevivir y tratar de exterminar a los muertos. A Sancho, la serie pareció aburrirle, y decidió marcharse. Sin embargo, a Don Quijote pareció gustarle, y continuó frente a la televisión, viendo todas las temporadas.

Comenzó a volverse loco y a imaginar que era uno de los supervivientes de aquel mundo apocalíptico. Pidió a Sancho que le preparase provisiones y armas. Trató de vestirse como los personajes de la serie y marchó al campo junto a su escudero. Por el camino, pararon en una venta, allí encontraron a un grupo de muchachos algo despeinados y con las ropas algo sucias y viejas. Don Quijote, se dispuso a atar a los muchachos y tomó un bastón de madera para darles en la cabeza y acabar con ellos. De no ser por Sancho, que le detuvo, Quijote hubiera acabado con la vida de aquellos muchachos.

Soneto

Érase un niña muy habladora

Muchas tonterías siempre soltaba

Le decían, y ella no paraba

Todo contaba, cual exploradora

 

Siempre estaba cantando hora tras hora

La muchacha callarse no lograba

Por muchas veces que lo intentaba

Su voz se escuchaba incluso en Zamora

 

Nadie con ella hablar desearía

Su voz parecía viajar por cable

En todas las viviendas se la oía

 

Como una sirena desagradable,

Mas en verdad todos la querían

Pues ella era muy agradable

Cómo Lázaro sirvió a un mercenario y lo que con él ocurrió.

6º-7º/ Cansado yo ya del capellán y de vender agua, me dispuse a buscar un buen trabajo que me diese un mejor puesto en la sociedad y dicho esto me decidí a ir en busca de mi próximo destino. Encontré entonces a un hombre que me ofreció cobijo y alimento a cambio de que le informase todos los días de los malhechores que rondaban por la ciudad, yo acepté y acto seguido decidí preguntarle con qué fin deseaba saber él los nombres de los causantes de robos y engaños, a lo que el me respondió que aparte de entrar en las casas cuando no había nadie y dejarlas vacías, aprovechaban cuando los hombres faltaban para entrar y secuestrar a las mujeres o los niños para que días después los encontrase alguien cerca de algún basurero, dañados, maltratados, con las caras desencajadas de sufrimiento y los ojos rojos a causa de los repetidos llantos de auxilio que debían haber emitido. Al contarme esto yo me quedé boquiabierto, sufriendo la pena de cualquiera que hubiese tenido tan mala suerte de toparse con alguno de esos rufianes, él me contestó entonces que se dedicaba a enseñar a esos maltratadores cómo debían pagar los daños que habían causado. Me explicó que él recibía una paga por cada rufián que capturaba y ajusticiaba y que con eso le daba para vivir, pero que él mismo no podía salir a buscarles porque le darían caza y no lo dejarían mejor que a los rehenes que escondían. Yo entendí que él era un mercenario, se dedicaba a impartir justicia a cambio de dinero, a mi me pareció bien y decidí quedarme un tiempo con él. Cada día yo salía en busca de sospechosos delincuentes, tanto de delitos casi sin importancia como los más graves, ya que como mi amo me enseñó, todos debían aprender la lección, así que yo me revolvía entre la gente por los callejones o el mercado buscando los cotilleos o rumores adecuados que a mi dueño le sirvieran para dar caza a algún bandido. Cuando esto ocurría mi amo rogaba mi silencio ya que normalmente los castigos impartidos por él llegaban a causar revuelo en la ciudad sobre de porqué se podían oír gritos en las entrañas de su morada. Más de una vez fui testigo de alguno de los castigos que mi dueño proporcionaba, desde latigazos, encerrarlos sin dormir o sin comer hasta torturarlos amputándoles dedos o envenenandolos. Sin llegar a matarles conseguía que su vida no volviese a estar ligada al maltrato o los secuestros. Después de un tiempo decidí que debía proseguir mi camino, ya que esperaba a aspirar a más en mi vida y mi amo ya no me podía enseñar más. Con él aprendí que somos responsables de todas y cada una de nuestras acciones, tanto buenas como malas y tenemos que afrontar las consecuencias de nuestros actos. Tras despedirme de mi amo, recogí mis pocas cosas, recibí mi última paga a cambio de los rufianes que le había ayudado a capturar durante el tiempo que permanecí allí y me marché prosiguiendo así con mi camino, en busca de otro lugar.

Tratado del Lazarillo

El marqués de Manzanedo, amo del Lazarillo necesitaba un par de recados, este le dio 1000 ducados para que Lazarillo fuese a hacerlos. Debía comprar cuatro bueyes y cinco ovejas.
Tardaría unos 2 dias en llegar al pueblo vecino para poder comprar lo necesario. Lazarillo hizo una de las suyas y decidió quedarse el dinero para ir a otro pueblo puesto que allí estaba su amada. Su amada, Valentina, era un Condesa que estaba comprometida con el duque de Segovia, pero en realidad amaba a Lázaro. Para declarar su amor a su querida, compró un anillo de rubíes en una casa de empeños a mitad del camino, en el cual invirtió toda la fortuna que su amo le había facilitado.
El marqués empezó a preocuparse puesto que ya había pasado una semana y el Lazarillo no estaba de vuelta.
Mando a 8 hombres a buscarle, pero no dieron con el muchacho.
Lázaro se encontraba a una legua del pueblo de su amada, y tuvo que hacer noche en un viejo pesebre. El frío del invierno azotaba y Lázaro murió trágicamente, y su amada , sin espera con  la esperanza de que Lázaro llegue a rescatarla.

Tratado del Lazarillo

Una mañana me desperté y fui a la panadería a robar una barra de pan , ya que no tenía peniques con los que comprarlo. Empecé a distraer a la panadera, recitando una serie de acertijos y adivinanzas, con las que la mujer estuviese buen rato comiéndose la cabeza. Tras varios intentos de distraer la la mujer, esta no despegaba la vista de mi y de los panes. Decidí fingir un ataque al corazón para alertar al personal. Me tiré al suelo y empecé a retorcerme como una lagartija que acaba de perder la cola. En ese instante, la gente decidió lavarse las manos y huir de la tienda como si de un atraco se tratase. La panadera salió rápidamente en busca de ayuda. Aproveché la ocasión para levantarme rápido y coger la barra de pan, y ya de paso unos pasteles de crema, de los que solía hacer mi madre que son mis favoritos. Los metí en mis bolsillos y huí por la puerta trasera. Comencé a correr hacia mi casa para sorprender a mi madre y a mi hermano con los pasteles y el pan. Los ojos se les salían de las órbitas de la emoción. Mi madre preguntó qué de donde los había sacado. A pesar de que mi madre sabía lo que era la necesidad y el hambre, no me sentía orgulloso de hacer este tipo de cosas, por lo que le dije que una anciana noble muy generosa, me los había regalado.

Tratado III’

Lázaro fue a un pueblo de Madrid llamado Guadalix. En ese pueblo se hizo amigo de un conde muy conocido. Y el conde lo adoptó. Un día el conde lo mandó a comprar una burra para poner a prueba sus habilidades para negociar. Lázaro fue a casa de un granero. Le dijo que le compra 30 gallinas a lo que el granero le contesto que cuanto dinero recibirá a cambio, Lázaro le contestó que recibiría 10 doblones de cobre y uno de plata por gallina. Ya que su amo le había dado 1000 doblones de cobre y 100 de plata y encima pensando que no lo iba a conseguir. El granero aceptó ya que no podía cuidar de las gallinas porque era mayor. Entonces Lázaro fue a una casa de truques ya que vio una anuncio en el periódico de una persona que vendía una burra por 30 gallinas . Lázaro consiguió la burra pero como se vio con tanto dinero no pudo aguantarse y se compró una caña de pescar de madera ya que le encantaba la pesca. La caña costaba 20 doblones de plata . Cuando Lázaro llego a casa de su amo le dio la burra y el dinero que le sobró, el amo se puso muy contento ya que vio que consiguió su objetivo y con creces . Cierto día que el amo fue a la habitación de Lázaro se encontró la caña de pescar y entonces se enfado de tal manera que lo echó de su casa y Lázaro se volvió a ver solo.

 

EL VERDULERO (Tratado del Lazarillo de Tormes)

Sabed Vuestra Merced, que cuando dejé a mi antiguo amo, sobreviví haciendo algunos quehaceres en el mercado.

El verdulero, al ver que era muy dispuesto, me tomó como criado. Vivía junto a él en una casucha muy pequeña, aunque dormía en mi propio catre, las chinches me abrasaban cada noche.

En cuestión de alimento, si fuese por mi amo, ya me habría muerto de hambre. Aunque él comía fresco todos los días, a mí, solo me daba las sobras que no vendía, mohosas y podridas. El verdulero, tenía una huerta, donde yo trabajaba de sol a sol, cuidando y cosechando verduras. Mientras lo hacía, iba comiendo un poquito de cada planta, simulando que era cosa de pájaros, pues ya tenía experiencia imitando a ratones y no me resultaba difícil. Aunque con este método conseguía saciar mi hambre, trabajar tanto en la huerta no me evitaba sufrimiento, pues si no lo hacía bien, mi amo me azotaba por vago. Así, un día después de pasarse la noche bebiendo, se durmió mientras yo trabajaba. Vi tal oportunidad y escapé por pies, no sin antes coger unos capazos de verduras, pues comprenderá Vuestra Merced, que sentía necesidad de ellas y  ya que habían sido cuidadas por mi, no me pareció justo dejárselas a mi amo.

Este tratado se sitúa entre el tercer y cuarto tratado del Lazarillo de Tormes.

Tratado: 3º- 4º

Tras el hambre pasado con mi anterior amo, el escudero, tuve un nuevo amo, que era maestre.

Un día deambulando por las calles y sin nada que saciara mi hambre y sed, me tocó el hombro un señor, algo corpulento, y con su ronca voz me dijo que si me ofrecería a darle mis servicios y trabajar para él , comería a diario y portaría mejor vestimenta, tras  sentir el rugir de mis tripas le asentí sin pensármelo dos veces.

Después de un largo viaje, ya que su morada se hallaba a las afueras de la Toledo, llegamos al interior de su castillo, según me fijé en una placa, él era el marqués de la Rataleta. Nos adentramos por el interior del inmenso castillo, hasta detenernos en la cocina donde estaban la mayoría de sus sirvientes haciendo sus quehaceres y sin darse cuenta de mi presencia , ya que parecían muy ocupados.

El marqués me explicó que yo llevaría acabo todos lo recados que me pidiese y debería seguir las siguientes normas:

1. No adentrarme a los sitios en los que no se me permitiese la entrada.

2.No ser chismoso y cotillear.

3. Y la más importante, no objetar nada ni hacer preguntas.

Además me dijo:

“Recuerda que si no sufrirás las consecuencias y te aseguro que no te gustarán”.

Al oír aquello los sirvientes se dieron la vuelta y  me percaté de su mal estado, tenían heridas por muchas partes de sus cuerpo, parecían desganados.

Tras comer con los sirvientes en la zona de empleados a los que no oí decir una palabra, decidí irme a dormir, ya que según el amo, al día siguiente empezaría a trabajar.

Mi habitación era sencilla y pequeña, se basaba en una cómoda y una ventana, se encontraba en lo alto de una de las torres.

Todavía no estaba dormido  cuando empecé a escuchar sollozos y chillidos, al principio me asusté y tras dejar de oír esos ruidos me relajé y lo dejé pasar, pero después de poco tiempo volví a oír esos ruidos y entonces decidí salir de la habitación para ver que ocurría. El pasillo estaba oscuro, pero una leve luz por otro pasillo contrastaba con la oscuridad y por sentido común decidí caminar hacia donde la luz provenía, con mucho cuidado de no hacer ruido al recordar las reglas que en ese momento estaba rompiendo, pero la curiosidad y preocupación me mataban, así que al llegar a una puerta que no estaba del todo cerrada y dejaba ver la luz que perseguía, miré a través de ella, y había una mujer llorando y soltando leves chillidos de dolor, ya que el marqués se encontraba detrás de ella con un látigo dañando con él la desnuda espalda de la sollozante mujer. En la habitación había más armas colgadas de la pared, el miedo recorrió mi cuerpo, pero antes de poder actuar sentí como me tapaban la boca y me arrastraban hacia una habitación.

En ella escuché que alguien que no podía ver por la oscuridad me decía:

-Sois nuevo aquí y no entendéis nada, pero no tenéis que entenderlo, por vuestro bien ignorad lo que visteis si no queréis acabar como ella y volved a vuestra habitación, no volváis a acercaros a esta parte del castillo, es un consejo, aquí todos hemos pasado por eso y te aviso que no es una experiencia que queréis tener en vuestra vida, solo olvidadlo.

Tras escuchar eso me fui rápidamente a  mi habitación. Esa noche no dormí.

Al día siguiente y con mucho cansancio me levanté y me encontré con el maestre, al verle me vinieron las imágenes de la noche anterior a la cabeza y el miedo se expandió por mi cuerpo.

El maestre me dio tareas para realizar, pero estaba muy tranquilo y con la cara de serenidad con la que me recibió en el castillo, yo me dediqué a llevar a cabo los mandados, pero cuando estaba limpiando las puertas de la zona norte, ya que me prohibió ir a la sur, oí una puerta abrirse por la zona contraria en la que yo estaba, es decir la sur y yo con mucha curiosidad me adentré a aquella zona  para ver que ocurría  y mis nervios aumentaron cuando divisé a la mujer de la noche pasada salir de una puerta mirando hacia el suelo, seguida por el maestre que nada más salir se percató de mí y me quedé paralizado, él andaba a paso rápido con el ceño fruncido hacia mí y yo quieto, inmóvil , pensando en lo peor, la mujer dirigió su mirada a mí y me miró con pena, porque ella sabía lo que me pasaría.

Él se paró enfrente de mí y con su profunda y ronca voz me dijo:

“Te dije que no vinierais por aquí, pero por lo que veo os gusta romper las reglas, así que sufriréis las consecuencias”.

Seguidamente me arrastró hacia una habitación, mientras la mujer se marchaba.

Al llegar a la habitación me di cuenta que era la misma de anoche, por los instrumentos incrustados en la pared, ya casi anochecía, por lo que mi sueño me impedía pensar correctamente.

Mi amo, cogió un cuchillo y empezó a  afilarlo. Mi sudor era ya una ducha, horror era lo que en ese momento sentía, lentamente y con una sonrisa cínica en su boca me dijo:

Te voy a contar una serie de acertijos que tendrás que resolver en menos de 2 minutos, si no, dibujaré una línea en tu piel hasta que el conjunto de líneas se conviertan en una estrella de cinco puntas, una línea por ejemplo estaría por todo tu brazo mientras que otra en tu cabeza, si aciertas todas te salvarás y podrás irte.

Comenzó a decirme un acertijo:

-Esta mañana se me cayó un pendiente en el café. Y aunque la taza estaba llena, el pendiente seguía seco.¿ Como eso es posible?

Poco antes de que los dos minutos se acabaran, dije:

-No era café líquido así que es imposible que esté mojado.

-Correcto-me dijo el marqués.

-¿De qué color son las cejas de un caballo blanco?

Después de pensarlo durante un minuto, contesté:

-Los caballos no tienen cejas.

-Correcto- dijo el marqués, y prosiguió:

-¿Qué día de la semana tiene veinticuatro horas?

-Ninguno, porque en el reloj después de la 23:59:59 es 00:00:00

El amo me dijo que este era el último, por lo que estaba agradecido, pero me advirtió de que este era el más complicado:

-Tres dioses A, B y C se llaman Verdad, Falso y Aleatorio (no necesariamente en ese orden). Verdad siempre dice la verdad, Falso siempre miente y la respuesta de Aleatorio puede ser verdadera o falsa. ¿Sabrías decir quién es A, B y C, haciendo sólo tres preguntas cuya respuesta sea sí o no? Espera, hay más: los dioses contestarán en su idioma. Sus palabras para sí y no son ‘da’ y ‘ja’, pero no sabes qué significa cada una.

Pero justo después de acabar de decirle, me aclaró lo siguiente:

– Puedes hacerle más de una pregunta al mismo dios (y, por tanto, que algún dios no responda a ninguna pregunta).

– Cuál sea la segunda pregunta y a quién se la formules puede depender de la respuesta que te den a la primera pregunta (lo mismo para la tercera).

– Aleatorio responderá con la verdad o la mentira como si arrojara una moneda mentalmente: si sale cara, dirá la verdad; si sale cruz, hablará falsamente.

– Aleatorio responderá da o ja indistintamente cada vez que se le haga una pregunta cuya respuesta sea sí o no.

Pasaron los dos minutos pero me dolía mucho la cabeza, así que no pude responder.

Que pena, pensaba que lo conseguirías, me dijo el marqués, como has acertado casi todas, solo te haré un pequeño corte, mientras te digo la respuesta. La respuesta que dijo fue:

1. Se le pregunta al dios B: “Si yo te preguntara si A es Aleatorio, ¿responderías ja?”. Si B responde ‘ja’, o B es Aleatorio (y responde de forma aleatoria) o B no es Aleatorio y la respuesta indica que A es Aleatorio. En cualquier caso, C no es Aleatorio. Si B responde ‘da’, o bien B es Aleatorio (y responde de forma aleatoria), o B no es Aleatorio y la respuesta indica que A no es Aleatorio. En este caso, A no es Aleatorio.

2. Nos dirigimos a uno de los que ya sabemos que no es Aleatorio gracias a la pregunta anterior (A o C) y le preguntamos: si yo te preguntara si tú eres Verdad, ¿responderías ‘ja’? Como no es Aleatorio, un ‘ja’ significa que él es Verdad y un ‘da’ indica que él es Falso.

3. Al mismo dios se le pregunta: Si te pregunto si B es Aleatorio, ¿tu respuesta sería ‘ja’? Si responde ‘ja’, B es Aleatorio. Si responde ‘da’, el dios al que no hemos preguntado todavía es Aleatorio. El que queda se puede identificar por eliminación.

Mientras él recitaba la larga respuesta, me hizo un corte por toda la pierna derecha, que no paraba de sangrar.

Cuando acabó me dijo que ya me podía ir y yo como podía y con lágrimas en mis ojos que me nublaban la vista, me encaminé hacia la cocina, donde la mujer de la noche pasada se encontraba recostada en una silla y al verme se acercó a mi y posteriormente me curó la herida.

Esta noche estaba decidido a huir, pero antes decidí a preguntarle a Teresa, así me dijo que se llamaba esta mujer.

-Por qué no os escapáis vos y los demás sirvientes?- dije

Ella suspiró y casi susurrando y sin mirarme dijo:

él es mi padre, no puedo huir, ya lo intente, pero me encontró por eso la noche pasada…

Se le quebró la voz y yo la interrumpí diciendo que no pasaba nada y que se cuide de él.

Ella me dijo- él es así desde que madre murió, no le puedo dejar, y mucho menos matar, pero vos debéis iros cuanto antes.

Yo asentí y con mucha tristeza por dejar a esa mujer ahí con ese monstruo, salí por la puerta para no volver.

En busca de mi nuevo amo.

 

 

 

 

 

 

Tratado del Lazarillo(entre 4 y 5)

Me encontraba viviendo con un fraile, pero decidí partir, ya que este me hacía caminar mucho y otros motivos también me obligaron a marchar.

Al marcharme hacia la ciudad, me topé con una vieja mendiga, que al parecer no tenía posibles y debía pedir limosna para sobrevivir. Tenía el cabello gris, la nariz y barbilla afilados y vestía unos viejos harapos. Lázaro tenía un par de monedas, y decidió darle una a la anciana, esta le dijo:

-Gracias, muchacho, tras aquel gran árbol, encontrarás la recompensa del buen acto que acabas de hacer.

La mendiga agachó la cabeza y siguió en su posición de pedir limosna.

Comencé a caminar rumbo al gran roble que la anciana le había indicado. A la par que caminaba, empecé a dar vueltas al aspecto de la anciana, tenía cabellos grises y la voz afectada por el paso de los años, pero su piel era clara y tersa, ni siquiera tenía manchas propias de la vejez. Además, tenía un anillo de esmeraldas, pero lo llevaba en el pulgar, lo que indicaba que le estaba grande. Lo lógico era pensar que había sido robado.

Al llegar al viejo roble, me topé de nuevo con la anciana. No daba crédito a lo que veía, pues era prácticamente imposible que una anciana caminase tan rápido.

-Muchacho, aquí tienes tu recompensa.

Al abrir la bolsa, contemplé que estaba plagada de riquezas. Cundo lo contemplé no supe que decir. Al levantar la mirada para agradecérselo a la anciana, esta se había esfumado, y desperté  sobresaltado de mi agradable siesta.

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