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Caperu y yo

Érase una vez un niño muy guapo. Su madre le había hecho una caperuza roja y el niño la llevaba tan a menudo que todo el mundo le llamaba Caperucito Rojo.

– Eh, espera un momento –dirigiéndose a mí- , creo que te has equivocado de historia, eso es Caperucita Roja pero siendo yo un chico.

– Si es eso lo que quieres…

Érase una vez una niña muy guapa. Su madre le había hecho una caperuza roja y la niña la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

– ¡Que no es eso a lo que me refería!

– A ver, decídete, primero me dices que quieres ser una chica y después me dices que no es eso a lo que te referías. – Pobre chico, todavía no sabe que quién decide aquí soy yo.

– Te digo que esa historia ya existe.

– ¿Como que ya existe?

Es esa en la que la niña va a casa de la abuelita y se encuentra con un lobo con el que ya había hablado y…

Empezó a narrar toda la historia y no se me ocurrió otra cosa que decirle:

– ¿Qué quieres escribir tú la historia? Que yo sepa tú eres el personaje y yo tu creadora.

– Oye, oye, no te enfades, sólo digo que esa historia la conoce todo el mundo, la conozco hasta yo que existo desde hace unas veinte líneas…

Qué insolente, si no fuera por la poca inspiración que tengo hoy, hubiera borrado con la goma su existencia.

– Bueno, voy a seguir con mi historia te guste o no te guste, es lo que hay amigo y no puedes hacer otra cosa que aguantarte porque sin mí, tú no existes.- Y así, finalizó la conversación.

Cada uno siguió con su deber, yo decidí lo que él debía hacer y él acató mis órdenes.

 

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