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El flautista de Hamelin

Érase una vez en un edificio muy grande que  estaba infectado de pollos, tuvieron que llamar a un clarinetista para que tocase y se fueran  los pollos del edificio. El clarinetista estaba tocando pero los pollos no le hacían caso, el clarinetista se tuvo que ir porque no lo conseguía. Después tuvieron que llamar a un batería, pero el batería seguía tocando y nada tampoco le hacían ni caso, al final  se tuvo que ir. Llamaron a más músicos pero no lo conseguían estaban en el edificio el clarinetista y el batería y se oía llorar a bebés en el ascensor porque se habían quedado atrapados y estuvieron un rato para intentar rescatarlos. El clarinetista y el batería  consiguieron rescatarlos y un señor mayor que subía por la escaleras tuvo una idea, dijo:

– Pues ya que estáis hay que intentar llevarse a los pollos.

El clarinetista, el batería y los bebés llorando se estaban llevando los pollos y al final lo consiguieron, pero quedaron dentro ocho pollos y cada vecino cogió uno, lo cocinaron y se los comieron, pagaron a los músicos  y los vecinos se llevaron un pollo y todos felices.

 


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Caperucita Azul

Un día una sardina le dijo a su hija que fuese a casa de la abuela para llevarla plancton. La madre la dijo que no fuese por las corrientes pero  Caperucita Azul no la hizo caso, porque si no tardaría mucho.

Caperucita ya en las corrientes se encontró con un tiburón que la dijo que las corrientes eran peligrosas y preguntó adónde iba por ese lugar. Caperucita le contestó que a casa de su abuela a llevarla plancton. El tiburón la dijo que no fuese por las corrientes que eran muy peligrosas, y por fin,  Caperucita entró en razón. Pero lo que ella no sabía era que el tiburón iría a casa de la abuela y se la comería. Cuando Caperucita llegó, el tiburón se había comido a la abuela y se había disfrazado de la misma. Caperucita le dio la cesta con plancton y le dijo:

– Abuelita, qué ojos más grandes tienes.

El tiburón contestó:

– Es para verte mejor.

Caperucita respondió:

– ¡Qué dientes más grandes tienes!

El tiburón dijo:

-Es para comerte mejor.

El tiburón se comió a Caperucita, pero un pescador pescó al tiburón y al abrirle por la mitad liberó a Caperucita y a su abuela.

 

Wolfgang Sergius Mozo VS Niños rata

Érase una vez un hombre llamado Sergio, pero sus amigos le llamaban “Wolfgang Sergius Mozo”, porque tocaba muy bien la flauta y otros instrumentos. Entonces, se fue a Inglaterra, a un pueblo que se llamaba “Hamelín”. Cuando llegó, vio que en la calle, no había niños.

Y se dio cuenta de que es porque los niños se convirtieron en “NIÑOS RATA”. El alcalde quería ver que su pueblo estuviese vivo y hubiese gente, especialmente niños porque son más activos. Sergio se puso a tocar una canción de los videojuegos favoritos de los niños ratas. Cuando el alcalde vio que los niños le seguían muy felices, se puso muy contento, e hizo que ya no se vendiesen juegos, ni ordenadores, ni consolas. Lo cual hizo que a los niños rata insultasen a todos sus padres por aquello.

Sergio estuvo orgulloso y se volvió para España. Pero el alcalde le llamó otra vez porque le preocupaba que en la calle  hubiera niños insultando a sus padres. Sergio, para solucionarlo, les compró un móvil a cada uno para que viesen a su youtuber favorito y así stalkear a cualquiera que le insulté.

 

PINOCHO

Érase una vez un carpintero muy famoso que vivía en la más lujosa mansión del Dubai del siglo XXI llamado Mohamed Abdulmalak que quería tener un hijo y entonces creó uno de madera. Un día Mohamed oyó una voz que le decía “hola, papa”. El carpintero asustado se dio la vuelta y vio que era el muñeco que él había creado.

-Hola, Papá -dijo el muñeco.

-Hola, hijo- le contestó Mohamed.

-Ahora que eres mi sucesor, tendré que ponerte un nombre.

-¿Y cuál será ?

-Damicho Abdulmakal.

-Vale-  dijo Damicho entusiasmado.

Pasaron unas horas y se fueron a cenar y Mohamed le dijo:

-Mañana tendrás que ir al colegio hijo.

Y él le contestó:

– Vale pero no tengo libros.

-No importa ya los compraremos.

Acabaron de cenar y se fueron a dormir. Al día siguiente Damicho de camino a la escuela vio que había un espectáculo de marionetas y se puso muy contento porque eran como él entró y se puso a bailar junto con las otras marionetas la gente aplaudía porque era el único que se movía sin cuerdas. Salió del espectáculo y le ofrecieron ir con ellos pero les dijo que no.

Después de andar durante un rato se encontró con un gato mentiroso que le dijo:

-¿Sabes dónde está el árbol del dinero?

-No -Dijo Damicho.

-¿Quieres que te lleve?

-Sí.

El gato mentiroso y Damicho caminaron hasta llegar a un frondoso bosque, es ahí donde Damicho le dijo al gato:

-Yo aquí no veo ningún árbol que del dinero.

-Sí lo hay, espera un poco -Contestó el gato

Entonces el gato aprovechando un descuido de Damicho lo ató a un árbol y le obligó a darle todo su dinero.De repente apareció un hada verde que lo desató.

Al día siguiente de camino a la escuela se encontró con el titiritero del teatro al que fue y le obligó a quedarse con él, como Damicho no quería el titiritero lo encerró en una jaula. Pasaron dos horas y Mohamed preocupado salió en su busca pero no lo encontró finalmente decidió ir a buscar al mar por si acaso.

Pinocho estaba desesperado, no podía salir y pensaba que tendría que irse con aquel titiritero se puso a llorar cuando abrió los ojos vio al hada verde que lo volvió a salvar el contento le dijo:

-Muchas gracias otra vez.

-De nada pero, tienes que darte prisa porque tu padre Mohamed ha sido tragado por una ballena y tienes que salvarlo.

Damicho corrió hasta la playa y ya allí se zambuyó en el agua y fue a buscar a su padre de repente y sin darse cuenta estaba dentro de un lugar oscuro grande y frío podría ser…Damicho se quedó en silencio cuando de repente oyó unos llanto que provenían del interior de la ballena fue a mirar y …¡ERA SU PADRE! Ambos muy contentos  se dieron una abrazo y se movieron para poder ser expulsados de la ballena.

Lo habían conseguido habían salido, y contentos se fueron a casa.

Lo que ellos no sabrían es que Damicho se casaría con la princesa del país y pasaría a formar parte de la realeza y que Mohamed se convertiría en el dueño de la carpintería más famosa del mundo.

 

 

Los tres cerditos

Érase una vez tres cerditos que vivían con su madre. La madre era modista y necesitaba las habitaciones de los cerditos para colocar la ropa con la que trabajaba, así que los tres hermanos se tenían que ir de la casa.

El hermano mayor propuso alquilar una casa todos juntos, pero esa idea no les funcionó porque cada uno quería una casa diferente. El pequeño prefería comprar una casa barata, aunque fuese de mala calidad,  como trabajaba en Apple y estaba inventando el iPhone 7 necesitaba un garaje para las herramientas. El mediano era crudivegano y quería una casa de mejor calidad que la del pequeño, hecha con productos reciclados o naturales pero no muy cara. Y el mayor quería una casa grande y segura, no le importaba que fuese cara y, como era gótico, la quería pintada de negro. Así que al final cada uno se construyó su propia casa. El mayor y el pequeño no sabían dónde construir sus casas, pero el mediano sí. Como quería estar en la naturaleza pero cerca de la ciudad, la empezó a construir en el parque del Retiro de Madrid, así que los otros dos hermanos le copiaron. Cuando el cerdito pequeño y el cerdito mediano acabaron de construir sus casas se fueron a comprar muebles pero el mayor seguía construyendo su casa porque los materiales que utilizaba eran de buena calidad pero muy pesados, así que sus hermanos se reían de él. Cuando llegaron de comprar los dos cerditos menores se fueron a sus respectivas casas. El cerdito pequeño se había comprado la roomba, estaba muy contento. Pero cuando la puso a cargar llamaron a la puerta:

-¡Tot! ¡Toc!

-¿Quién es?

-Policía.

-Dígame, agente.

-No puede construir una casa en medio del Retiro, tendremos que derrumbar la casa.

-¡¡¡No, por favor !!!

-Lo siento, señor, pero así lo dice la ley.

Al día siguiente trajeron unas grandes palas para tirar su casa. Como estaba construida con malos materiales, fue muy fácil tirarla. El cerdito pequeño se fue corriendo a casa de su hermano mediano. Cuando llegó llamaron a la puerta:

-¡Toc! ¡toc!

-¿Quién es?

-Policía.

-¿Qué sucede, agente?

-Pues que ha construido una casa en la vía pública. Tendremos que derruir su casa, vendremos mañana.

-¡¡¡Nooooooooo,  por favor !!!

-Lo siento pero así lo dicta la ley.

Al día siguiente llegaron unas grúas para derrumbar su casa. Como estaba construida con mejores materiales, les costó bastante  tirar la casa, pero lo consiguieron. Los dos cerditos menores se fueron corriendo a casa de su hermano mayor. Cuando llegaron se lo contaron todo y  llamaron a la puerta:

-¡Toc! ¡toc!

-¿Quién es?

-Policía.

-¿Qué sucede agente?

-Mire, ha construido una casa en la vía pública por lo que ha infringido la ley. Tendremos que destruir su casa.

-¡¡¡Nooooooooo, por favor !!!

-Lo siento pero tenemos el deber de hacer cumplir la ley, mañana vendremos a derrumbarla

Los tres cerditos se pusieron a buscar en google con el Mac si la policía podía destruir su casa así como así, y encontraron un documento que lo impedía. Cuando llegaron los agentes al día siguiente le enseñaron el documento a la policía pero ellos no hicieron caso y se pusieron manos a la obra. Pero, como el hermano mayor  había construido su casa con buenos materiales, no consiguieron tirarla y se fueron. Y así pudieron vivir felices para siempre los tres cerditos.

 

Caperucita roja en el parque

Érase una vez una niña que estaba con su abrigo  rojo de Luis Button y su smartphone en la casa de su madre y le dijo a Caperucita:

-Caperucita, llévale a tu abuela esta cestita de comida, pero no pases por el parque de los patos  que es muy peligroso- le dijo la madre.

-Vale, madre, me voy si no vuelvo me llamas al smartphone- le dijo Caperucita a su madre.

Iba Caperucita, por la calle y de repente llegó el parque de los patos, o el camino que era más largo y Caperucita decidió ir por el parque de los patos porque era un atajo. De pronto apareció el lobo y ella iba muerta de miedo, porque le había dicho su madre que no fuera  por ese camino y le dijo el lobo:

-Hola, Caperucita,¿dónde vas? ¿Vas a la casa de tu abuelita?–  le dijo el lobo.

Respondió Caperucita:

Sí voy a la casa de mi abuelita a llevarle esta cestita con comida, porque está enferma.

Le dijo el lobo:

Pero vete por el otro camino porque este es muy peligroso.

Pensó él mandarle por el otro camino,  para llegar más pronto que Caperucita para comerse a la abuelita.

Le respondió Caperucita:

Vale, le haré caso.

De pronto llegó Caperucita a la casa de la abuelita y el lobo ya se la había comido, pero Caperucita no lo sabía, porque había entrando en la cama con el camisón de Versace de la abuelita. Entonces, habló con la abuelita pero en verdad, era el lobo, le dijo Caperucita al lobo:

-Abuelita, vamos a la cafetería a tomar un té y de pronto salió en lobo que se había comido a la abuelita. Entonces de repente llamó el leñador a la puerta esposó al lobo y sacó a la abuelita de su estómago.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.

 

Los tres hombres pobres y el lobo rico

Había una vez tres hombres muy muy pobres, eran tan pobres que vivían en un bosque, un día decidieron ir a buscar un trabajo a la gran ciudad. Por suerte para ellos, consiguieron el trabajo de camareros y pudieron comprar  una casa. Cuando cruzaban la calle se encontraron con un lobo disfrazado de humano que por su pinta parecía muy rico.

-Me gusta vuestra casa, os la compro por mil euros- dijo el lobo-.

-Nuestra casa no está en venta, señor- dijo el hombre mayor-.

-Pues mañana volveré con una grúa y os destruiré la casa- sentenció el lobo-.

Los tres hombres pidieron horas extras para poder comprarse una grúa y hacer frente a la del lobo. Al día siguiente, llegó el lobo con su grúa.

-Así que habéis decidido frenarme con otra grúa,… Tanto esfuerzo para nada, al final os destriré la casa.

La grúa de los tres hombres empezaron a golpear a la del lobo. Pero el lobo con un mechero incendió la grúa de los hombres. La grúa explotó y dañó el trasero del lobo, que este se fue corriendo del dolor. Los tres hombres sabían que iba a volver y así fue, pero eso es otra historia.

Cenicienta con su smartphone

Érase una vez una chica que no era muy feliz con su vida, porque no tenía padres, solo tenía una malvada madrastra y dos hermanastras irritantes que no eran buenas con ella.Su padre tenìa una cafetería que al morir se la quedó la madrastra para ganar dinero para ella y sus hijas.La madrastra la mandaba ir a trabajar por la tarde y por la mañana tenía que ir al instituto.Pero su vida no era del todo triste porque ella estaba completamente enamorada de un chico de su instituto con el que se hablaba por whatshap que ninguno de los dos sabía quién era. Quedaron que en el baile descubrían quièn era. En el baile se vieron y se quedaron muy sorprendidos. Se hicieron novios y fueron juntos a la universidad. Cenicienta nunca más vivió con la madrastra y sus hijas. La  cafetería de su padre se la quedó ella para siempre.

Los siete niños

Era un día normal en Oslo, Noruega, o por lo menos lo aparentaba, hasta que apareció una noticia de última hora en el telediario, al parecer el más famoso de los ladrones de toda Europa se había escapado, y eso suponía un peligro paea todos el mundo que vivía en el continente, especialmente en Oslo, que es donde se encontraba.

Mamá que lo había visto no se atrevía a dejar a sus hijitos sólo, de repente alguien llamó al timbre, era Seila, la vecina y mejor amiga de mamá. Quería que mamá fuese con ella a comprar y mamá no pudo rechazar dicha oferta.

-Hijitos míos, tengo que salir a hacer unas compras con Seila, enseguida vendré, pero durante este tiempo no abráis a nadie que no sea yo o algún familiar- les dijo.

-Vale, no te preocupes no nos pasará nada malo-les dijo la mayor, Marta.

-Pero seguro que el ladrón no vendrá a por nosotros-dijo Blanca, que era más prudente.

Pero mamá muy segura respondió:

-No se atreverá, ya que sabéis que tenemos cámaras de seguridad eso os mandra seguros.

Terminando esa frase, mamá se fue.

Los pequeños estaban muy contentos, porque sabían que su madre confiaba en ellos.

-¿A qué queréis jugar?-dijo, Adrián, el más pequeño de ellos.

-No sé si yo tendré tiempo, estoy muy ocupada, ¡Cuántos deberes!- respondió Marta muy saturada.

-Yo, sí que puedo jugar, eso sí, siempre que juguemos a la wii-dijo Luis.

-Vale, jugaremos a la wii- respondió Adrián.

Y todos se pusieron a jugar.

De repente alguien llamó a la puerta.

-Soy el repartidor que le trae su pedido online- dijo en realidad el ladrón haciéndose pasar por repartidor.

-Ahora te abrimos-dijo Leo.

-¡Espera!- grito rápidamente Sandra-, puede ser el atracador haciéndose pasar por repartidor, ¿recuerdas?-.

Entonces Marina miró por las cámaras de de seguridad y dijo muy asustada:

-Es el ladrón, no le habréis-.

Al ver que lo habían reconocido el atracador tuvo que irse.

-Esos chiquillos me han reconocido, son más listos de lo que imaginaba. Pero ya sé como engañarles, me haré pasar por su madre y así conseguiré entrar.

El ladrón se disfrazó de una mujer joven, cambiando su vieja y estropeada ropa, por otra que fuese nueva y moderna, lo mismo hizo con su voz, pasó de tenerla ronca a tenerla de una manera tan agudo que no se le reconociese su ronquera.

Ring-ring.

-¿Quién es?- preguntó Adrián desde el otro lado de la puerta.

-Soy yo, Mamá- respondió el ladrón.

Pero antes de abrir miraron por las cámaras de seguridad, y averiguaron que no era su madre, sino el ladrón, gracias a que no llevaba los tacones blancos con la que salió de casa.

Tú no eres mamá- dijo Blanca.

-Mamá tiene unos tacones de color blanco y tú tienes unas playeras negras y rotas-aclaró Marina.

-Así que tú eres… el ladrón- dijo al final Seila.

-Me habéis descubierto de nuevo-dijo el ladrón muy decepcionado y terminando esa frase se marchó.

Él ladrón pensó y pensó, hasta que halló la solución.

-Me tengo que poner unos tacones blancos y así conseguiré que me dejen entrar- pensó el ladrón.

Y cuando terminó volvió a la casa donde se encontraban los niños.

Ring-ring

-¿Quién es?- preguntó Marina.

-Soy yo, Mamá- respondió el ladrón.

-Antes tendremos que asegurarnos- dijo Marta, y fue a ver las cámaras, esta vez vio todo lo que llevaba su madre, incluido los zapatos.

-Abrid la puerta, es mamá-dijo finalmente.

Nada más abrir la puerta el ladrón atrapó a todos los niños, todos menos el más pequeño que se escondió tras la televisión.

Cuando su madre volvió no vio a nadie y eso fue lo que la preocupó, hasta que apreció Adrián desde detrás de la televisión entonces le contó a su madre todo lo que había pasado desde que ella se fue, incluido lo de sus hermanos mayores.

La madre rápidamente cogió el coche familiar en el que había venido y se fue en busca de sus hijos.

Adrián reconoció la furgoneta del ladrón y pararon a unos pasos de ella.

-Socorro, socorro-gritaban  sus hijos desde dentro.

Ahora os sacaremos- dijo ella.

Entonces tiró de la puerta hasta que consiguió abrirla y rescatar a sus hijitos, los metió en el coche y se fueron a casa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Cenicienta

Érase una vez un hombre y una mujer que tenían una hija llamada María. La mujer enfermó, y después de un tiempo murió.

Después de mucho tiempo el hombre se volvió a casar. María ya había crecido, ya no era una niña, ahora era una joven guapa y amable, era una muy buena periodista, pues lo heredó de su madre. La madrastra de María tenía ya dos hijas. Eran feas y malvadas, al igual que su madre.

María se ganaba la vida con el periodismo, ya que su madrastra no la ayudaba en nada y todo lo tenía que conseguir por sí misma, mientras que sus hermanastras no hacían nada útil por la familia. Después de un tiempo el padre de María murió repentinamente. Ella no dejó el periodismo.

La madrastra no podía soportar que María tuviera éxito en el periodismo, así que aprovechó que su marido había muerto para arrebatarla a María su puesto en el periodismo y dárselo a sus hijas. Y obligar a María a limpiar los ceniceros, llevarles el café a sus hermanastras,…

Las hermanastras se pasaban el día riéndose de María porque siempre estaba limpiando ceniceros. Así que acabaron llamándola Cenicienta.

Un día a las dos hermanastras les surgió una entrevista muy importante, iban a entrevistar al joven presidente.

-¡Cenicienta!- dijeron las hermanastras.

– ¿Qué queréis? -dijo Cenicienta.

-¿Vamos a entrevistar al joven presidente! -gritaron las hermanastras.

– Cuando le entreviste se enamorará de mí y nos casaremos y tendré un guapísimo marido y estaremos forrados-dijo una de las hermanastras.

-¿ Que me pondré? ¡Qué ilusión, vamos a entrevistar al presidente!-dijo Cenicienta

-¿Pero qué dices?, tú no vas a ir, solo iremos nosotras -dijeron las hermanastras.

-Pero yo quiero ir, no es justo -se quejó Cenicienta.

-¡Mamá! Cenicienta se piensa que va a venir a la entrevista del presidente – dijeron las hermanastras riéndose.

-No irás, cenicienta- dijo la madrastra- te quedarás aquí limpiando los ceniceros.

-Pero, yo quiero ir, si tú te pasas el día fumando yo no tengo la culpa – dijo Cenicienta llorando.

-¡No irás y punto! – gritó la madrastra.

Al día siguiente, por la tarde la madrastra y sus dos hijas partieron camino a la entrevista. Cenicienta estaba limpiando los ceniceros, tazas, platos y cucharas que habían dejado allí. Estaba muy triste porque no iba a poder conocer al presidente.

-Ojalá pudiera ir a esa entrevista, me encantaría conocer al presidente. Yo aquí limpiando ceniceros, mientras que mis hermanastras están pasándoselo bien hablando con el presidente.

-Tu deseo ya está medio cumplido, y se cumplirá entero-dijo una voz detrás suyo.

Cenicienta se giró y vio a una mujer con una gran caperuza azul y una barita mágica en la mano.

-¿Quién eres? – pregunto Cenicienta.

-Soy tu hada madrina y vengo a cumplir tu deseo de conocer al presidente -dijo la mujer con orgullo.

De repente una gran limusina apareció en el jardín y de ella salió un mayordomo que la abrió la puerta para que entrara.

-Pero no puedo ir así -dijo Cenicienta.

-Es verdad, la ropa… Ya sé -dijo el hada madrina.

La mujer pronunció una extrañas palabras y Cenicienta apareció sentada en la limusina con un sencillo pero elegante vestido azul.

– A las diez en punto el hechizo se romperá- gritó el hada madrina.

-Vale, muchas gracias-dijo Cenicienta.

Cuando llegó a la sala el presidente solo podía responder a las preguntas de Cenicienta, ignorando por completo a sus hermanastras. Cuando tocaron las diez, Cenicienta se tuvo que ir corriendo y se dejó allí su cámara.

Al día siguiente vio en los periódicos que el presidente estaba buscando a una joven de la que se había enamorado, y que iba por las casas comprobando si las fotos de la cámara que se dejó coincidan con la cara de alguna joven. Al ver esta noticia Cenicienta se entusiasmó. Llevaba todo el día esperando a que el presidente llegara para que se diera cuenta de que ella era la joven que estaba buscando. Cuando por fin llegó el presidente la madrastra lo entendió todo y encerró a Cenicienta en un cuarto para que el presidente no la encontrara.

Cuando el presidente entró a la casa oyó unos golpes en la parte de arriba de la casa y subió para ver que ocurría. Al ver a Cenicienta se dio cuenta al instante de que era ella. Se fueron los dos juntos. Tras un tiempo juntos se casaron, Cenicienta volvió a ser periodista y vivieron felices para siempre.

 

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