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El pescador de la bahía de Santoña

Enfrente de la plaza de toros de Santoña está la machina de Santoña en la que está el pescador de la bahía  “el sulero”. Hace un día bueno, se ven las montañas del fondo, con una puesta de sol espléndido, el agua está tranquila y el sol crea una raya dorada muy bonita reflejada en el agua.

Se le ve fuerte, con una tez pálida, pasando frío, luchando contra las lluvias que caen en invierno, pero él sigue ahí siempre firme ante las tempestades.

Los peces se pescan con un aro que tiene una red de pescar muy grande que mete en el agua, cuando las sulas están por encima del aro, este se sube con las sulas.

Los mellizos del redaño

La fotografía  que lucía en la exposición de arte de aquel pueblo era bastante nostálgica. Rondaría los años cuarenta,  debido al tipo de vestimenta que aparece en ella y, al evidente hecho de estar fotografiada en blanco y negro. En aquella foto aparecía un hombre de unos cuarenta y tantos años con una boina, sujetando lo que parecía ser un redaño con dos bebés dentro de ella. He de admitir que la fotografía me hizo sonreír, quizás, por su peculiaridad, y sin darme cuenta, un anciano se había parado también a observar aquella foto.

Él iba vestido con una clásica gabardina recordada en aquellas típicas novelas de detectives, acompañado por un sombrero a juego con la gabardina, su barba estaba un poco descuidada y su tono de piel no era tan claro como el propio de aquella zona del país. Y antes de que pudiera decir nada me dijo:

-Es bonito ¿eh?

-Sí, oiga; ¿sabe por casualidad quienes son los dos bebés que hay en el redaño? -Me atreví a preguntar, rezando para no quedar como un idiota, porque, ni siquiera el acento de este anciano era propio de aquella parte del país en el que estábamos los dos en aquel momento.

– No sabría qué decir, por desgracia o por suerte para usted.- dijo

Me quedé completamente perplejo y sin saber qué decir. El anciano dejó asomar una leve sonrisa, como si le hiciera gracia que le preguntase por el cuadro.

-Sí, incluso sé sus historias.

La verdad es que tenía curiosidad sobre la historia, pero,  nada más acabar la frase el anciano procedió a contármela, como si me hubiera leído el pensamiento.

-La fotografía fue tomada a mediados de los cuarenta (resulta que tenía razón acerca de la época) y el hombre que sujeta el redaño es un hombre ajeno a la escena, en cambio,  los dos bebés son mellizos, de ahí el nombre del cuadro “Los mellizos del redaño´´. La historia de esos dos mellizos comienza cuando su madre, la cual fue abandonada por su marido, no se sabe si por el bajo estado de economía de la presente familia o por alguna otra circunstancia, la cuestión es que en vez de acabar con un hijo, acabó con dos. Obviamente la mujer no podía permitírselo y, tras varios meses buscando trabajo e intentando mantener a los mellizos, uno de ellos fue abandonado en el puerto,  de tal forma que vivió su infancia en otro continente. Pero finalmente, unos veinte años después el mellizo logró conocer a su hermano, pero por desgracia su madre murió unos dos años atrás. Tiempo después cuando el mellizo que no fue abandonado murió, este le dejó una cuantiosa herencia ganada con los años al otro mellizo y cada año acude a las tumbas de las dos personas con las que más ha deseado estar acompañado, aunque una de ellas nunca la llegara a conocer.

Impactado por la historia contenía alguna que otra lágrima, al no creerme cómo le pudo pasar algo así a una persona, pero finalmente le pregunte:

-¿Y usted cómo sabe todo eso?

Inmediatamente el anciano esbozó una tímida sonrisa y caminó hasta la salida del edificio como si las últimas palabras que salieron de mi boca no fueran más que fantasmas inapreciables en la vida de los vivos. Pero para mi sorpresa, antes de salir regresó hasta donde estaba yo y me susurró al oído lo último que pensara que diría:

-Adivine.

Tras decirme aquella única palabra que hizo que me quedara de piedra el anciano se fue del edificio, y perplejo observé la fotografía por última vez.

Semanas después, averigüé que el anciano que me contó la historia de los mellizos falleció. Sinceramente, no tengo ni idea de porque fui al cementerio en el cual estaba enterrado, pero me di cuenta de una cosa, que estaba enterrado junto a las dos personas que más había añorado  y que por fin podría estar en paz y estar junto a ellos para siempre.

Mi mesa

Lo primero que veo a simple vista es un objeto grande.
Consta de un óvalo grande, de un material que parece de plástico,  pero es de resina. La resina se parece, pero es un  material más duro, que aguanta tanto el frío como el calor y no se estropea. Tiene un color verdoso fino y más acentuado hacia los bordes.
Tiene un grosor de unos tres cm. de ancho. Está revestido también del mismo material, pero de un color negro.
Debajo, tiene un cajón de una forma rectangular de color gris oscuro. Revestido de madera blanca,  con cuatro separadores para los cubiertos, y uno más grande para los utensilios de cocina.
Consta de cuatro patas del mismo material que el de la mesa, con una sujeción entre pata y pata, sujetada por ocho tornillos de dos centímetros de largo y de un centímetro de ancho.

Las patas son circulares de un grosor de unos 5 cm., y del mismo color.
Su sujeción de pata a pata es recta y de un color gris plata. Las patas están sujetas a la mesa con tornillos recubiertos del mismo material, de resina y de un color gris perla.

Descripción de una foto.

En la foto podemos obsevar que se está haciendo de noche. También se puede observar que estará apunto de comenzar el invierno, porque salen las golondrinas reuniendo para emigrar hacia el  Sur. En el fondo de la foto se encuentra el monte de Santoña, El Monte Buciero, y el Dueso. También se puede observar al fondo hacia la derecha la gasolinera de Santoña, la rotonda y algun que otro vehículo. El paisaje está centrado en una de las Marismas de Santoña. En las Marismas hay muchos tipos de aves, entre ellas se hallan tipos de algunas especies muy comunes en estos últimos años en las Marismas. Como por ejemplo los patos que estana la orilla, un poco más lejos se encuentran algunas gaviotas, también hay algunos escribanos, ánade silbón y zambullín cuellinegro. La flora consta de algunos matorrales, árboles pequeños y algunos plumeros.

Vacas en el prado.

Es la foto de un paisaje con animales en la que se ve a un rebaño de vacas frisonas que se encuentran en un prado.

La protagonista de la foto es una vaca grande, de raza frisona, que está mirando al objetivo de la cámara con mucha tranquilidad. Su cabeza es de color negro pero tiene una mancha blanca que va desde el cráneo hasta el hocico. En sus orejas lleva su número de identificación y es el 0262. En su cuerpo predomina el color blanco pero tiene varias manchas grandes de color negro en su lomo. Destacan sobre su pecho dos puntos de color negro en el blanco de su pelo. Tiene las rodillas de sus patas delanteras manchadas, lo mismo que su vientre y sus patas traseras. Su ubre de leche es blanca, no es muy grande y tiene cuatro tetillas de color negro.

A su izquierda hay una piedra grisácea de tamaño medio y todo el prado que está bajo sus patas está cubierto por hierba de color verde intenso.

Detrás de la vaca, a la altura de sus patas traseras, se ve la cabeza de otra vaca más pequeña, cuya cabeza es completamente de color blanco menos el contorno de su ojo que es de color negro.

Al  fondo de la foto, en lo alto del prado, está el resto de la manada de vacas. Unas están sentadas sobre sus patas y otras de pie. Todas ellas tienen el pelo de color blanco y negro con manchas. Todo el rebaño de vacas está tranquilo y relajado. No se sienten molestas por mi presencia, se nota que son animales acostumbrados a la presencia del hombre, incluso pastando en su medio natural.

Aparte de la hierba del prado, solamente se ve otro tipo de vegetación y esta es un pino verde y alto que se encuentra detrás de todas las vacas. Este pino parece que está tocando con su copa el cielo que es de un color azul claro pálido y en el cual hay bastantes nubes altas de color blanquecino.

Por último, al fondo y a la derecha de la fotografía,  rompiendo el horizonte, se ve la mano del hombre en lo alto de un monte, son varios molinos de energía eólica.

 

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