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El diente encantado

Alejandro y sus amigos fueron al monte de botellón y luego estuvieron contando historias de miedo. Y era el turno de Alejandro y así empieza la historia:

Érase una vez en el monte de Santoña había un diente encantado porque un día a un niño se le cayó. Este no lo encontró así que un día fueron una pareja de brujos, encontraron el diente y lo encantaron para espantar a la gente que subieran. Pero un día una familia subió al monte y el diente les asustó, pero salieron para el lado contrario; corrieron y corrieron hasta que perdieron de vista al diente. Se metieron por un camino estrecho que a un lado había un acantilado pero a estos no parecía que les importaran solo querían escapar del diente. Se escondieron en los matorrales.

Uno de los chicos dijo:

-¡Me quiero ir a casa!

Entonces otro le tranquilizó para que el diente no les oyera pero la mala suerte es que era tarde porque el diente ya los había encontrado. Este les dijo:

-Solo quiero salir de esta maldición. Y solo ahí una solución, tengo que beber el agua maldita.

Los niños dijeron:

-Nosotros te ayudaremos. ¿Pero dónde hay que encontrarla? Tendrás que venir con nosotros.

El diente contestó:

– Vale, yo tengo miedo a la oscuridad.

Entonces se pusieron en marcha. El diente se estaba quejando por todo el camino y los niños estaban hartos de escucharle así que le dijeron:

– Te puedes callar.

Y el diente les dijo:

– Me estoy cagando de miedo…

EL RESTAURANTE VIEJO

Érase una vez un niño llamado Lucas que tenía 13 años. Una mañana iba paseando por la calle  y de repente se encuentra un restaurante viejo. Estaba cerrado, pero le habían dicho que dentro había un ataúd.

Entonces le pica la curiosidad, entra y empieza a buscarlo. De repente oye una voces muy raras, como de fantasmas, y se asustó mucho. Vio una buhardilla en el techo y empezó a subir las escaleras de donde salían las voces. Estaba todo muy oscuro y tropezó con algo. Era una caja de madera donde había una nota que decía: “el ataúd está muy cerca tuyo… Sigue buscando”.

Lucas dio dos pasos más y se encontró con el ataúd. Le abrió y vio el cuerpo del antiguo jefe del restaurante. Lucas le saludó y le dijo: ¨Ahora te quedarás aquí como hice yo”. Y se rió a carcajadas.

Unos días después Lucas no fue a clase. Los padres se enteraron y llamaron a la policía, pero no lo encontraron. Fueron al restaurante donde entró Lucas. En la entrada vieron una carta donde ponía: “Si veis esta carta es que he desaparecido para siempre¨.

Subieron a la buhardilla, vieron el cadáver del niño y los padres lloraron desconsoladamente la pérdida de su hijo.

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