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El hospital encantado

Érase una vez unos empresarios que querían fundar su propia empresa, para ello necesitaban una nave espaciosa. Decidieron ir a visitar las que estaban en venta, y nada más ver el hospital abandonado, se enamoraron de él y decidieron comprarlo a pesar de todas las leyendas que se cuentan sobre aquel lugar.

Según la leyenda, el hospital se construyó sobre un antiguo cementerio, el más antiguo de la zona,  nadie quería hacerlo allí, pero al dueño no le importó. Días antes de empezar a construirlo, la vecina más anciana fue a visitarle, esta le dijo que si construía el hospital una maldición caería  sobre él y sobre el hospital, pero obviamente él no hizo caso. El día de inauguración todo el mundo del pueblo asistió, incluida la vecina con la que había tenido una charla. Nada más cortar la cinta roja, chorros de sangre salían de las paredes, gritos de niños y adultos se oían tan fuerte que te dejaba sordo. Todo el mundo salió corriendo, todos menos el propietario, que se quedó allí hasta el día de hoy.

A los nuevos propietarios eso no les importaba, así que fueron a inspeccionar, todo parecía normal, el típico hospital abandonado. Pasaron a la sala de espera y de repente, la puerta se cierra tras ellos, un sonido como de socorro se escucha de fondo, la leyenda esta cobrando vida de nuevo, a los propietarios ya no les parece un juego sino una pesadilla, deciden salir por sus propios medios pero, como no pueden por la puerta, deciden salir por la ventana, que tan solo esta a dos metros de altura.  Fuera ya, decidieron llamar a seguridad, para que fuese a inspeccionar la situación. Estos les dijeron que no había nada raro, por lo menos de momento. Así que decidieron empezar la demolición, llamaron a sus mejores obreros y estos lo prepararon todo.

Los obreros fueron a poner la dinamita y de repente la luz se apagó y del suelo apreció un charco de sangre con forma de hombre, la cual se convirtió en una sombra y empezó a perseguirlos A uno se le ocurrió encender la dinamita y así intentar derribarlo, aunque eso les costase la vida. Pero el edificio siguió intacto como por arte de magia. A los propietarios se les ocurrió volver a entrar a ver cómo estaban los obreros tras la explosión que al final no fue la explosión.  Nada más entrar se encontraron con el espíritu del que fue en su día propietario de la nave, que les advirtió que saliesen lo antes posible, pero cuando quisieron darse cuenta ya no podían salir cómo le pasó a él.

Desde entonces el hospital espera a su siguiente presa, y ten cuidado que no seas tú.

 

 

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