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Quijote y su temor

Érase una vez un señor llamado Alonso Quijano. Este era un señor normal, algo mayor y con ciertas manías, pero normal dentro de lo que cabe, al que le gustaba mucho leer libros y ver películas durante su abundante tiempo libre. Pero, un día, ocurrió algo que le cambió la vida.

Era una noche de tormenta con lluvia, rayos y truenos. La medianoche ya quedaba atrás dando paso a la madrugada, pero Alonso se disponía a ver una película antes de irse a la cama ya que por la tarde se había echado una buena siesta y no tenía sueño. Había decidido que ver “El Orfanato Miss Peregrine para niños peculiares”.

Al acabar la película Alonso decidió que debía ir a la cama a dormir un poco, pero entonces le deslumbró el brillo de un rayo y al instante se fue la luz.

-Un simple apagón- pensó él, pero se extrañó al ver que la televisión seguía encendida aunque con la pantalla en blanco.-Nunca entenderé esta tecnología tan moderna- se dijo dirigiéndose hacia ella para apagarla.

Esa fue una mala decisión. Cuando Alonso tocó la televisión sintió como la electricidad recorría su cuerpo dolorosamente, mientras en la pantalla pasaban muy rápido imágenes de la película que acababa de ver. Segundos después quedó inconsciente. Tuvo una pesadilla horrible antes de despertar en el hospital. En ella los huecos lo perseguían, como pasaba en la película, y no precisamente para algo bueno. Desde ese día tuvo siempre pesadillas con los huecos. Empezó a ser más paranoico y a distanciarse de su familia, hasta el punto de que llegó a confundir los sueños con la realidad.

Un día salió hacia el bosque con una ballesta en busca de los huecos, pensando que si acababa con ellos tal vez cesaran sus pesadillas. Ya había olvidado que eso no era real, que solamente era una película, se había vuelto loco. Nunca volvió a casa, pero corren rumores de avistamientos de un hombre algo mayor y bastante delgado que suele atacar a algunos árboles con forma extraña.

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