Archivo del sitio

AVENTURANZAS

El piloto de cazas, Alfredo, un día estaba atravesando una isla, cuando se dio cuenta de que el motor iba mal y tenía 10 segundos para saltar del caza, cogió 3 cosas: una botella grande de agua, comida y una ametralladora y saltó del avión  antes de que explotara, cayó justo en la mitad de una isla desierta con mar a la vista y más allá, a 20 metros, había un mapa de un tesoro, que estaba enterrado a 50 metros en la arena. De repente apareció un león y un tigre, Alfredo tuvo que utilizar la ametralladora para matarlos pero se le quedó sin balas, después aparecieron 3 leones hambrientos y como a Alfredo se quedó sin ametralladora asi que decidió tenderles una trampa. La trampa consistía en coger dos piedras y poner una a cada lado. Después, atar una cuerda ente las dos piedras y por último poner un poco de comida para que fueran y así fué. Los leones fueron a la trampa y Alfredo los mató con una piedra afilada, sigue con la busqueda del tesoro y al final encuentra un cofre con una cerradura que estaba cerrada con llave, la llave la tenía un tiburón, Alfredo bajó al agua para conseguir la llave. Abre el tesoro y se encuentra un aparato llamado¨Aparato para volver a tu casa¨ consistía en dar a un botón rojo y volvías a tu casa. Alfredo le dio al botón y volvió a su casa.

Anuncios

AVENTURA DE LEONES

Hace mucho tiempo, en la Sabana, vivía una familia de leones. Un día estaba una leona buscando comida y se encontró a un leoncito blanco, miró a su alrededor y no vió a nadie así que lo cogió y se lo llevó con ella. Cuando se lo presentó a la familia, el padre y uno de sus hijos lo detestaba porque no se parecía a nadie, pero la leona se lo quedó. Pasó una semana y la leona Tina pensó en ponerle un nombre:

-Jack tú serás su padre y Rock, Chis y Pit serán sus hermanos, debemos ponerle un nombre-.

Tina y su familia pensaron y pensaron un nombre y en el momento el leoncito dijo su primera palabra:

-Leeo- Cuando dijo”Leeo” Tina dijo:

-¡Leo!, le llamaré Leo-. Cuando pasó un tiempo Leo fue creciendo y un día Tina dijo:

-Tengo una cosa que deciros va a venir una amiga con su hija-.Cuando dijo eso todos se arreglaron. Cuando llegó la amiga con su hija, Leo se enamoró de Naia,  la hija de Teresa, la amiga de su madre. Como se habían enamorado mutuamente fueron a dar una vuelta y se besaron. Fue pasando el tiempo y tuvieron una hija Lía que era muy aventurera y siempre se metía en líos pero siempre ayudaba a los demás, como sus padres.

Unas vacaciones diferentes

Corría el año 1995, Elia preparaba sus vacaciones a New Jersey con su familia. El día 12 de noviembre de ese mismo año, ella junto a sus hijos y marido comenzó sus vacaciones. A las 2 y media de la mañana fueron para el aereopuerto, cogieron su avión y rumbo a New Jersey. Hubo turbulencias durante el viaje así que Elia lo pasó mal. Al llegar al hotel donde vivirían durante 2 semanas colocaron sus maletas y Elia fue a darse una ducha mientras que Jaime, su marido, iba a recepción a arreglar unos papeles; sus hijos se quedaron en la habitación viendo la tele. Al salir de la ducha, Elia pasó el peor momento de su vida, sus hijos no estaban en la habitación. Asustada, bajó corriendo a la recepción para comprobar que ellos no estaban con Jaime. Al llegar abajo y no verles, fue corriendo donde Jaime y le contó lo sucedido. Llamaron rápidamente a la policía, avisaron a todo el mundo y empezó la orden de búsqueda. Buscaron por los ríos, las montañas, las playas, recorrieron cada calle, y miraron hasta el último rincón de la ciudad. Estos  ya no podían más, decidieron volver al hotel para descansar, entonces, su vida cambió por completo. Marcos y Alejandro, sus hijos, estaban allí, como al principio de llegar al hotel, tumbados en la cama, viendo la televisión.

Un infierno en la isla

Yo, Arturo Vargas Vargas, piloto de la armada rusa, con 25 años, estaba sobrevolando el Mediterráneo y me tendieron una emboscada dos avionetas alemanas y me dieron en un ala, solo me daría tiempo a coger 3 cosas antes de saltar y cogí una botella de agua, un machete y un paracaídas, salté y caí en una isla remota, y fuí por allí a ver si encontraba algo de comer. Yo ya me desesperaba, vagaba sin rumbo a ver si encontraba comida, me tendría que mentalizar que me tendría que comer lo que fuera para no morir con el hambre. Ya desorientado por no comer, me propuse irme a cazar con el machete, había un conejo lo maté y me lo comí del hambre que tenía.

Encontré una cueva y me quede allí a dormir. Yo pensaba que iba bien pero después del conejo no comí nada y ya llevaba 2 semanas allí.Por fin llego mi día de suerte: mi primo Onofre Vargas me rescató de ese infierno.

AVENTURANZAS

Cuando salté del helicóptero, cogí tres cosas: una cantimplora llena de agua, una bolsa llena de comida y una navaja.

Estuve dos meses perdido, la navaja se me rompió en pedazos, el agua se me acabó y la comida también, tuve la suerte de que pasaba un barco pero lo que no sabía era que eran traficantes, me obligaron a matar y a secuestrar hasta que me escapé y se lo dije a la policía, la policía me llevó con mi familia y metieron a la cárcel a los traficantes. Los dos meses fueron los peores de mi vida.

Valores de una vida

Hace siete años yo pilotaba un helicóptero. Iba por un desierto para llegar a España, a la base naval de Rota. Yo estaba acostumbrado a pilotar, mi padre me enseñó todo lo que sabía sobre los helicópteros, ya que era un experto. Yo tenía quince años cuando piloté mi primer helicóptero pero en esta historia yo tenía dieciocho años. El desierto era un lugar duro, lleno de peligros. El helicóptero se empezó a quedar sin gasolina, avisé a los controladores aéreos pero pronto se fue la señal. No me di cuenta de que me iba a estrellar contra una montaña de arena. Salté pero antes cojí una cantinplora, una bolsa llena de comida y una pistola que contenía ocho vengalas. Estaba a unos ciento noventa y dos metros de la arena. Cuando me tiré note por encima de mí la onda que produjo la explosión del helicóptero. Impacté contra la arena y me quedé mirando hacia arriba viendo al helicóptero haciéndose pedazos.

Anduve cuatro kilómetros y disparé una bengala, seguí andando quince kilómetros y bebí un trago de agua y seguí andando. No veía nada, tenía quemaduras por la explosión pero no era eso lo que me dolía ni lo que me daba miedo, lo que me daba miedo era el no volver a ver a mi familia.

Aquello era todo silencio y soledad, se oía a veces el viento de aquel lugar, pero no tenía a nadie que me acompañase, era yo solo. Empezó a hacerse de noche así que decidí acampar. Cogí palos que había allí e hice una tienda de campaña más o menos estable. La terminé, me metí dentro, bebí otro trago de agua y me dormí al instante.

Al siguiente día me desperté a las siete y veintidos. Salí de la tienda de campaña y miré a mi alrededor. No había nada ni nadie. Solo yo. Anduve y anduve treinta y siete kilómetros y disparé otra vengala. Había gastado dos. Nadie me oía.

Me senté un momento en el suelo y pensé en mis padres. Tenía miedo de no verles más pero yo sabía que no podía morir sin verles una vez más y decirles que los quería mucho. El miedo no me condujo a las lágrimas porque sabía que a mis padres no les iba a gustar que su hijo se pusiese a llorar, tenía que luchar por ellos. Me levanté de un salto y eché a correr. Corrí y corrí durante treinta y siete minutos hasta que paré, bebí un trago de agua y me di cuenta de que no había comido nada desde hace un día, así que cojí la bolsa y saqué una manzana, me la comí y seguí andando.

De pronto escuché unos helicópteros y pensé que tenía razón, que les iba a volver a ver. Los helicópteros me vieron y vinieron a por mí, les conté lo que me había pasado y me llevaron a casa. Cuando bajé de ese helicóptero ahí estaban mis padres. Mi madre empezó a llorar y mi padre lo intentó evitar pero, como siempre se dice: no se puede evitar lo inevitable. Los dos me abrazaron y mi madre me dijo:

– Mi niño, ¿estas bien? Y me abrazó.

Yo la contesté al oido:

– Si mamá, vosotros sois los que me habéis dado la fuerza.

Ella me sonrió y mi padre también lo escuchó y les dije:

– Os quiero mucho.

Y ese momento se convirtió en el mejor de nuestras vidas. Esto no me impidió seguir pilotando, pero, está claro que con más cuidado. Ahora tengo treinta y ocho años y esta historia la estoy escribiendo al lado de mis tres hijos y mi mujer. Mis hijos también se han interesado en el pilotaje y les estoy dando clases, quién sabe, igual salen unos expertos como su abuelo y su padre.

 

La aventura del príncipe

Era una mañana tranquila, en un monte alegre, cantaban los pájaros y una hermosa chica llamada Lucia salía de su casa. Iba al pueblo caminando a comprar con sus bolsa en la mano. Entonces, un hombre malvado le quitó las bolsa y un jovencito avisó a su hermano y el hermano fue detrás de é,l se tiró encima de él y cayó. El chico le cogió las bolsas y se las llevó a la chica

-¡Gracias!- le dijo la chica al chico.

-¿Cómo te llamas?- dijo él.

-Lucía ¿y tu?- dijo ella.

-Román.

Los dos se hicieron amigos, con el paso del tiempo se hicieron más que amigos, se invitaban a casa.

Dos años después  el chico la  llevó a un hermoso sitio donde cantaban los pajaros, volaban los cisnes y  caían flores. Justo al atardecer se escondía el sol.

Al diá siguente el chico la pidio matrimonio se casaron y comieron perdices.

LOS SUEÑOS Y LAS PESADILLAS

Hola soy Claudia una niña de 14 años, con mucha energia y ganas de vivir nuevas esperiencias y aventuras. Pero, como eso solo pasa en los cuentos, he perdido la esperanaza.

Antes, siempre me levantaba todas las mañanas y miraba en busca de acción para no aburrirme, pero ahora me levanto y no miro la ventana.

De repente un día me levanté y baje a la plaza con mi perra Tobita. Mi perra se escapó por los jadínes Laberinto, corrí detrás de ella lo más que pude pero la perdí de vista.

A mi derecha oí una música agradable y sentí curiosidad. En ese momento vi todos mis sueños flotando, todo aquello era muy agradable. De repente ¡plass! desaparecierón todos mis sueños, unos instantes mas tarde oí una música fea que me asustó. Corrí para ver qué era, pues me encontré todas mis pesadillas, pero había algo  raro en todo eso, ya que una de esas pesadillas nunca la había soñado.

¡Mi perra moría! Entonces pensé que sucedería en la vida real, así que corrí hasta desmayarme.

Cuando me desperté, me encontré a mi perra lamiéndome y, unos metros detrás de mí perra, se encontraba un monstruo, así que la cogí hasta llegar a casa.

EL ATRACADOR

No hace mucho tiempo en este mismo lugar, yace uno de los mayores atracadores de nuestro planeta, aquí ocurrió una de las mayores pero menos esperadas historias, así que os la contaré, pero con sigilo y precaución, ya que no queremos que el mayor atracador de la historia, enterrado bajo el IES Marismas, se despierte enfadado.

Cuando pasó esta historia, yo era de vuestra edad.

La historia comienza cuando inauguran el nuevo centro  IES Marismas.

Todos estaban contentos con el centro, menos una persona que entre la multitud se ocultaba, yo la vi, porque como era bajita solo veía pies y a un señor con un bastón de oro y un ojo de cristal, agachado como si no quisiera que lo vieran.

Yo tengo que reconocer que de pequeña era muy cotilla así que me fijé en lo que hacía. Además de cotilla era muy avispada, así que por su forma de actuar, parecía que quería destruir el nuevo y precioso centro.

Fue raro ya que nadie se fijó en él.

Yo era tan orgullosa, que pensaba que podría seguirle sin que me viera, pero nada más dar un paso más cerca de él corrió hacia una furgoneta blanca y se fue.

Cuando fui a recoger a mi hermano al día siguiente porque él estudiaba allí, volví a ver la furgoneta, sentí unos escalofríos, pero me acerqué para verla, porque como ya dije era muy cotilla, solo vi un montón de papeles con un número a la derecha, pero arriba y con preguntas respuestas.

¡No había duda de que eran exámenes!

Pero para qué iba él a robar tantos exámenes.

¡No tenía sentido!

Saludé  a mi hermano y volví a casa muy pensativa.

Al día siguiente volví al IES Marismas y me encontré con lo mismo.

Ví a mi hermano fuera del centro y a todo el mundo montando jaleo, así que decidí preguntar y me dijeron que habían robado los exámenes.

Yo delaté al atracador, pero nunca lo encontraron, bueno, no le encontraron vivo, así que  le enterraron aquí.

Él robó los exámenes, poque su hijo había suspendido.

¡Qué loca está la gente!

Así que tenéis que estudiar todos si no queréis que el atracador os vengue.

Así que colorín colorado esta historia no se ha acabado.

¡Por ahora!

Un vuelo movido

Hace unos 5 años yo, Héctor Cruz, especialista en pilotaje de aviones de carga, con destino a New York, EEUU, hice un vuelo rutinario. A mitad de camino, sobrevolando el Atlántico, un pájaro se introdujo en un motor derecho, caía a toda velocidad, bajé al compartimento de carga y cogí lo siguiente: un paracaídas, una pistola de bengalas y una mochila.

Me tire pero el paracaídas no se abría, caía a toda velocidad acía el Océano y de repente se abrió el paracaídas. Aterricé en un árbol a unos 13 metros de altura, divisé una liana, me agarré y bajé como los bomberos. Cuando me adentré en la isla, encontré un cartel que ponía:

“ISLA CRUCES”. Miré en el mapa y no venía pero me estrellé en el Océano Atlántico.

Pasados tres meses allí, oí un helicóptero, hice un fuego con goma para que hiciese humo negro y esperé.

A %d blogueros les gusta esto: