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Mamá, papá; veo fantasmas.

Había una vez, una famila  española  compuesta por cuatro personas: el padre, llamado Rubén, la madre, llamada María, su hija, llamada Sadira y su hijo, llamado Julio. VivÍan en un castillo pequeño en el centro de los montes Wicklow, en Dublín.

Rubén, el padre, tenía 34 años, la madre tenía un año más que el padre, es decir 35 años; Sadira tenía 14 años y Julio los mismo que ella pues eran hermanos gemelos.

Su castillo era muy alto, media aproximadamente 69 metros, poseía muchas armas antiguas que estaban en el castillo mucho antes de que la famila Pérez viviera en él. Esta familia poseía dicho castillo desde el siglo XVI. Este pasaba de generación en generación; ahora, en el siglo XXI los propietarios de este castillo son los Pérez, los anteriores propietarios eran los Sánchez, anteriormente los Ruiz, y así sucesivamente.

Un día estaban Sadira y Julio jugando en la habitación de Julio, que se encontraba en el alto de la torre, donde había unas magíficas vistas. Mientra Julio y Sadira jugaban a ser médicos, a pintarse las uñas, a coches, a dinosaurios… Se escuchó un fuerte golpe procedente de la entrada del castillo, a Julio y a Sadira no les daba buena espina. Bajaron a la entrada de la torre, pero no vieron a nadie, de repente todos los muebles se empezaron a caer, las hojas empezaron a volar… Julio no veía a nadie, mientras, Sadira, veía a una mujer. Esta era rubia, con el pelo rubio y ondulado.

Cuando Julio se dio cuenta de que Sadira estaba perpleja le preguntó qué la ocurría. Esta respondió que nada, pero Julio se dio cuento de que algo había pasado.

Pasados tres días, el fantasma de la señora fue al cuarto de Sadira. Esta se asustó al verla y le preguntó quién era, qué hacía en su casa… Esta le respondió que era una antepasada suya que había vivido hacía años en ese mismo castillo junto a su familia. Esta señora, llamada María, le contó a Sadira que su marido Pedro la había asesinado en ese castillo años atrás. Su hija nunca había sabido que su padre asesinó a su madre, pues Pedró mintió a su hija Laura diciéndola que su madre se había ido de casa con su amante, pero en realidad, él la había matado y por eso María volvió al castillo, para ver si Sadira, que tenia un poder especial, el de ver a los espiritus y así poder ayudarlos a pasar al otro mundo. María quería que Sadira la ayudara a buscar a su hija Laura y contarla todo lo que pasó.

Tres semanas después, Sadira ya había encontrado a su hija, Laura Gutiérrez. Esta vivia actualmente en Santander junto a su marido Fran y sus hijos, María y Sergio, pero Sadira no sabia cómo contactar con María para decirle que había encontrado a su hija, por lo cual tuvo que esperar a que María volviera al castillo para contarle la información.

Cuatro días después, María volvió al castillo a preguntar a Sadira. Esta le dijo que se fuera a su cuarto que ahora iba. Cuando terminó de hacer unas cosas que tenía que hacer, subió al cuarto y empezó a contarle a Sadira todo lo que habia averiguado sobre su hija. Cuando casi iba a terminar, apareció Julio y María desapareció. Julio preguntó a Sadira que por qué estaba hablando sola. Sadira le respondió que ella no estaba hablando, que se lo había imaginado él, que ella estaba hablando por el móvil con sus amigos. Julio se marchó extrañado pensando que él la había oído hablar, entonces Sadira comenzó a llamar a María, pero no aparecia. Entonces Sadira se dió por vencida y dejó de llamarla, pero entonces apareció de nuevo y terminó de contárselo todo. Cuando terminó de contárselo María se emocionó al ver que su hija Laura le había puesto a su hija el mismo nombre que el suyo, María.

Después de unas semanas, Sadira tuvo que contarles a sus padres y a su hermano que veía espíritus y que necesitaba ir a Cantabria para ayudar a un espíritu que no quería cruzar al otro lado sin contarle toda la verdad a su hija María. Julio y sus padre se quedaron aterrorizados, como si su hija estuviera loca, pero, cuando Julio les contó que el otro día la escuchó hablar con alguien, pero a la otra persona él no la veía, se lo comenzaron a creer, porque Julio no mentía nunca. Sus padres al principio no querian ir a Santander solamente por el echó de ayudar a María, pero al final Sadira les convenció y se fueron todos justos a Santander.

Cuando encontraron la calle, el número de piso… en el que vivía Laura, fueron a su casa e intentaron convencerla de que lo que Sadira les decía era verdad, pero ella, tan inocente, no se lo creía y decía que su padre había sido el mejor padre del mundo, y entonces Laura les echó de su casa tratándolos como a unos locos.

La familia se quedó en un hotel hasta el día siguiente, cuando volvieron a casa de Laura. Laura les abrió solamente para ver qué querían. Entraron a su casa y le volvieron a recordar que su padre era el que había asesinado a su madre, no que su madre se hubiera escapado con su amante como su padre le dijo. Esta vez tampoco se lo creyó, y justo cuando les iba a volver a echar de su casa, apareció María y empezó a decirle cosas a Sadira de la infancia de María para que esta se las dijera en voz alta y que Laura se pudiera creer que de verdad Sadira podía hablar y podía ver a los espíritus, y en este caso podía hablar, ver y escuchar a la que fue su madre.

Entonces Laura  se dió cuenta de que no era una broma y Sadira podía comunicarse con ella, y entonces creyó que su padre la pudo haber asesinado, pues estaban todo el día discutiendo y su madre casi siempre tenía moratones en los brazos que se tapaba con camisetas de manga larga. En cuanto reaccionó ante el hecho de que su padre matara a su madre comenzó a llorar y toda la famila la fue a consolar. Laura le dijo a Sadira que le dijera a su madre que sentía mucho haberla estado odiando todos estos años. Sadira le dijo que su madre la escuchaba. María le dijo a Sadira que le dijera a María que ella ya la había perdonado; no fue culpa suya, fue culpa de su padre por engañar a su propia hija. Sadira se lo dijo a Laura y esta respondió que se fuera tranquila al otro lado, que algún día se reencontrarían, y así lo hizo.

FIN

Un halloween especial

Érase una noche de Halloween en un pueblo de Cantabria, Santoña. Todos los niños estaban disfrazados e iban de casa en casa pidiendo caramelos. Todos los habitantes de Santoña daban caramelos a los niños, salvo en una casa que decían que estaba encantada. A esa casa nadie se atrevía llamar. Cinco amigos y yoestábamos pensando en llamar, pero uno decia que estaba encantada, otro decía que había una anciana que allí vivía y estaba en silla de ruedas… Cosas así para asustar a la gente. Decidimos llamar y a la primera no nos abrió nadie, pero a la segunda nos abrió una anciana que estaba en silla de ruedas. Esa anciana casi no podía ni hablar, así que le preguntamos que si nos daba un caramelo. Ella, muy amable, nos dijo:

– ¡Hombre!, claro que sí, jovencitos.  La anciana se puso de pies y se cayó al suelo. Nosotros la ayudamos a levantarse. Ella decía: fuera u os mato; fuera u os mato.

Nosotros le dijimos:

– ¿Está usted bien?- Ella seguía con lo mismo y nos decía que nos fuésemos. Nosotros nos fuimos, pero antes llamamos a la ambulancia. Antes de que llegara la ambulancia la anciana murió. Nosotros, asustados, nos fuimos a nuestras casas. Así se acabó una noche aterradora.

La litera

Érase una vez una familia de cuatro miembros, el padre, llamado Juan, la madre, llamada Luisa, y los dos hijos: Julia y Martín.  Ellos compartían habitación tenían una litera. Julia dormía arriba y Martín abajo. Julia tenía miedo de dormir abajo porque pensaba que había fantasmas. Una noche Martín se quedó en casa de su amigo Marcos, pero Julia le dijo que no se fuera, que tenía miedo de dormir sola, entonces Martin le dejó un colgante que él siempre llevaba en el cuello y que nunca se quitaba,  ni para ducharse. Julia le dio las gracias. Por la noche, Julia lo pasó fatal pensando que había fantasmas; entonces llamó a su madre y la madre la dijo que no había nada, que estuviera tranquila. Entonces, a las 4 de la mañana apareció de debajo de la cama un fantasma. Julia echó a correr por toda la casa y en la primera ventana que vio se tiró y murió en el acto.

Villa soledad

Había una vez un pueblo situado en el desierto, se llamaba ‘Villa soledad’ allí solo vivíamos 3 personas, yo (Julia), mi madre llamada Soledad y mi hermano Antonio. Mi padre murió en la casa encantada que tenemos detrás de nuestro huerto. Un día entró allí diciéndonos que en la ciudad había oído que unas señoras mayores decían que en esa casa había un fantasma y que guardaba un tesoro en el sótano, pero que para llevártelo tenías que ser muy astuto y fuerte. Entonces, mi padre, decidido, entró a esa casa, a por el tesoro y a acabar con ese fantasma que hacía que nuestra villa estuviera despoblada. Y después de ese 23 de noviembre del 2004 no le volvimos a ver. Llevamos 7 años sin ver a nuestro padre, pero seguimos pensando que está bien, esté donde esté.

Este año mi hermano y yo hemos decidido entrar a esa casa, con la misma idea que nuestro padre, acabar con el fantasma y coger el tesoro. Una vez preparados, con nuestras mochilas llenas de golosinas y coca cola, entramos a esa casa. Fue entrar y asustarnos, nos quedamos perplejos con esa niebla y ese olor a muerto; con esos muebles envueltos en sábanas blancas y esas lámparas tan viejas y decoradas. La verdad es que la casa estaba bien, aunque le faltaban unos pocos arreglillos. Después de estar en la primera planta buscando a fantasma decidimos bajar al sótano, pero, cuando nos acercamos a la puerta, algo nos dijo que no lo hiciéramos, que era muy peligroso, pero nosotros por nuestro padre y nuestro pueblo, lo hicimos.

Al entrar vimos una sombra; estaba quieta, situada justo en medio de la sala. No le podíamos ver la cara ya que estaba de espaldas, pero unos segundos después se dio la vuelta mirando al suelo y dijo:

-Os estaba esperando-.

En ese momento noté cómo un escalofrío corría por mi cuerpo y cómo el miedo inundaba esa sala. Noté que algo me resultaba familiar ¿Tal vez su voz? ¿O su forma de caminar? Hasta que de repente me di cuenta de que sí, mis sospechas eran ciertas. ¡Era mi padre! El estómago nos dio un vuelco. ¿Qué le había pasado? ¿Por qué estaba tan pálido? Y lo más importante de todo, ¿por qué nos quería matar? Todas mis dudas se fueron en cuanto abrió la boca y dijo:

-Soy vuestro padre, y soy el nuevo fantasma de esta casa. Cuando entré ese día siendo mortal, al entrar por esa puerta y ver al fantasma me llevó a su mundo y, todo el que va, no vuelve; en cambio, yo volví y me condenaron a ser fantasma es resto de mi vida. Además no puedo salir de esta casa, y ¡Todo esto por vuestra culpa, por no impedirme venir a esta maldita casa! Por vuestra culpa estoy condenado a vivir así y por ello moriréis de la misma manera de la que morí yo.

Entonces, mi hermano y yo empezamos a correr, pero mi hermano cayó y ese ser se le llevó. En ese momento escuché una voz tenebrosa reírse de una manera tan perversa que pensé que por mucho que fuese mi padre, tenía que acabar con él.

Decidida, cogí la espada que sostenía la estatua de un antiguo guerrero y me di la vuelta. Vi la sombra de mi padre con una cabeza en la manos; era la de mi hermano. Lo haría por él. En ese momento me abalancé contra mi padre, le clavé la espada en el pecho y mientras dejaba de respirar, su rostro iba cambiando y cada vez se parecía más a su rostro normal, hasta que acabó como siempre había sido. En ese momento supe que había acabado con la maldición y que teníamos que salir de allí como fuera, en tres minutos ya estábamos en casa y mi padre no recordaba nada.

Al día siguiente decidimos irnos de allí, de esa villa encantada y acabó siendo un lugar de fantasmas. Algún día volveré lo aseguro.

Un final poco esperado…

Hola, me llama Sara y os voy a contar una historia que pasó hace años…

En un pequeño pueblo llamado Grocesville que estaba a las afueras, como apartado de todos los lugares del mundo, vivía yo. Era un pueblo dedicado a la ganadería y a la agricultura, un pueblo con unos cuantos habitantes. Mi familia era un poco pobre y solo éramos mis padres y yo, pero podíamos sobrevivir gracias a una granja que teníamos. Yo nunca fui al colegio, pero soñaba con aprender o ser alguien normal…

En la primavera del año 1902, una cosa hizo que todos los habitantes del pueblo se estremecieran. Era por la mañana, para ser exactos, las cuatro de la mañana. Yo estaba en mi cuarto, pensando y todos estaban dormidos; de repente, un fuerte ruido se escuchó retumbando por toda la granja, era como un animal. Yo bajé con una linterna. Cuando estaba bajando las escaleras, otro sonido se escuchó, pero este era diferente. Los ruidos provenían de la parte de granja donde estaban todos los animales, excepto mi perro Woody.

Cuando llegué a aquel lugar, todo estaba oscuro y no se veía nada. Encendí la luz y vi que dos vacas, dos caballos y un cerdo estaban muertos y les habían absorbido una parte de ellos. Todos los demás animales estaban asustados y escondidos. Cuando fui ha avisar a mis padres, se cerró la puerta y no pude salir. A las seis y media de la mañana o por ahí, mis padres abrieron la puerta y se dieron un gran susto. Limpiamos todo y fuimos a avisar a la policía del pueblo y había una larga cola, como si todos los campesinos hubieran ido a quejarse justo en ese momento. De repente una voz enorme dijo que todo se solucionaría y que no estuviésemos asustados porque no volvería a ocurrir lo que ayer por la noche les pasó a todos.

Esta noche también hubo tormenta y otros gritos volvieron a sonar. Volví a bajar y fui allí, vi a todos los animales muertos, excepto Woody…  Al momento, vi una sombra oscura que traspasó la pared y se fue. Salí y vi que una tormenta de arena se dirigía al pueblo. Fui al ayuntamiento a avisar de todo. Todo el pueblo salió de sus casas y se fue, pero no les dio tiempo a escapar. Yo me escondí en una pequeña cueva y allí me quedé dormida.

A la mañana siguiente, todo el pueblo estaba destrozado y todo el mundo menos, yo muerto. Me fui a mi casa y estaba toda destrozada. Un agujero negro estaba detrás de la casa, fui a ver qué era, de repente una sombra apareció por detrás y me echó al agujero negro y aquí estoy, después de 10000 años…

El fantasma inglés

Una noche en la casa del primer ministro de Londres, el primer ministro escuchó ruido:

-¿Oyes eso, cariño?-preguntó a su mujer.

-Yo no oigo nada-respondió a su marido.

-Serán imaginaciones mías-dijo él

-Buenas noches-dijo ella.

-Buenas noches-dijo él.

Y estuvieron durmiendo hasta que unas horas después fue la mujer la que escuchó los ruidos:

-Ya oigo los ruidos, cariño-dijo la mujer.

-Yo también-dijo él.

Y se levantaron para ver de dónde procedían los ruidos. Después de un rato buscando no encontraron de dónde procedían  los ruidos y volvieron a la cama, pero no podían dormir y al rato se les apareció un fantasma inglés: con su taza de té, su monóculo y su traje.

-¿Tenéis té?-preguntó el fantasma.

-Sí tenemos, pero no te lo vamos a dar- dijo él.

-¿Por qué?-preguntó el fantasma.

-Porque eres un fantasma-respondió ella.

Y entonces el fantasma se transformó en un mounstro verde con brazos y piernas enormes y su cuerpo 3 veces más grande y mató a la mascota del primer ministro: su perro.

-¿Ahora vais a darme el té?- preguntó el fantasma.

-Vale, vale ya te lo damos, tranquilo- dijo él.

Y se fue a por el té. Al volver se lo dió y el fantasma se tranquilizó, volvió a su cuerpo normal y se fue.

Y cada año esa misma noche se escuchan los ladridos del perro del primer ministro.

LA VECINA CON MISTERIO

Sara miraba hacia el frente, sin saber muy bien lo que estaba ocurriendo.

Cuando la situación se calmó, corrió despavorida hacia su cama.  Allí, se agarró bien fuerte a ella e intentó conciliar el sueño. A la mañana siguiente, Sara no se acordaba de nada.

El día fue como cualquier otro, siempre repitiéndose la misma rutina. Salió tranquilamente de la mansión en la que vivía en dirección al mercado. A Sara le dio miedo el camino que había para ir a la  ciudad, era sinuoso, siempre con niebla y con mucho frío. Sabía que esa calle no era normal, y menos la casa de su vecina. Esa casa era muy antigua y se rumorea que allí hubo más de un asesinato.

Llegó a casa más tarde de lo que pensaba, muy cansada y cargada con las compras realizadas. Sonó el teléfono. Era su vecina que insistía  en que Sara fuera a pasar la noche a su casa, y ella, sin saber muy bien cómo, dijo que sí, y probablemente fuera la peor decisión que hubiera  tomado en su vida, y tal vez la última.

Sara llegó a la casa de su vecina. Por dentro, la casa era bastante distinta a la que ella imaginaba; estaba impecable y sin ningún rasguño. La vecina de Sara se llamaba Elena y era muy agradable. Se hizo la noche, noche de luna llena. Empezaron a cenar…

Sara dudaba, no lo apetecía pasar en esa casa la noche, pero Elena insistió en que se quedara a dormir y, en ese mismo instante, una nube les atrapó. Cuando Sara se despertó, estaba en su cama sudando y sin saber por qué, muy angustiada.

Sobre las dos de la madrugada Sara tenía una sensación rara, como si alguien la estuviera observando. Tiempo después, se asomó por la ventana, y la imagen era bastante horripilante. Allí estaba Elena, con la cara roja de sangre y un cuchillo en la mano. No tenía pies y tampoco boca. La figura en un segundo desapareció. A la semana siguiente, Sara, intentó olvidar lo sucedido y se mudó a Alemania a empezar de cero.

Sara estaba agotada psíquicamente por aquella visión. Cada noche se repetía la misma imagen, hasta que un día, no pudiendo más, se entregó. Elena le dijo que se anduviera con cuidado, que no le quedaba  mucho tiempo para irse con ella.

Sara no se podía creer lo que había visto, y a partir de ese día le pasaron cosas muy extrañas. Empezó a tener sueños en los que aparecían fantasmas, accidentes, desgracias y al final de cada sueño, veía a Elena.

Sara acabó por suicidarse. Elena la recogió y le explicó lo ocurrido. Estaban destinadas a ayudar a la gente, a pasar los malos momentos porque podían ver el futuro. Sara no lo entendió, ya que nunca había creído en fantasmas y pensó que no podía ser posible.

Cuando Sara abrió los ojos, descubrió que estaba en casa de Elena pero había una pequeña diferencia: ella no estaba allí. Entonces se dio cuenta de que tenía una nueva oportunidad para vivir como ella deseaba.

 

La Casa Silenciosa

Había una vez una casa muy grande y abandonada en la mitad de un bosque. Un día estábamos dando un paseo una amiga y yo por aquel frondoso bosque. Viendo la naturaleza encontramos una casa con un aspecto que llamaba mucho la atención y no pudimos evitar entrar a investigar aquel asombroso lugar.  Esta casa no era una casa normal; esta casa tenía algo en especial, posiblemente sería por su ambiente fantasmal. Cuando nos encontramos en frente de la puerta, nos enfrentamos a una situación difícil: no sabíamos si seguir a delante e investigar, o no entrar y seguir con nuestra ruta. Finalmente después de un rato decidimos entrar. Cuando estábamos a punto de entrar vimos pasar a un señor cerca de la ventana que había al lado, nos asustamos muchísimo, pero nuestras ganas de entrar eran tan grandes que aquel hombre no nos dio ni el más mínimo miedo.

Cuando conseguimos abrir la puerta vimos que la casa estaba totalmente en silencio y decimos no hacer mucho ruido. De repente, la puerta se cerró de un golpe, y no era por el viento, cada vez el miedo corría más por nuestros cuerpos. Asustadas decidimos ir hacia la puerta para abrirla, por si encontrábamos a alguien peligroso, salir corriendo y no tener que detenernos a abrir la puerta. Nuestros cuerpos empezaron a temblar cuando vimos que la puerta no se podía abrir y no estaba ni candada ni nada parecido. Era como si una fuerza mayor que la nuestra estuviese empujando para impedirnos abrir la puerta. Por mucho miedo que tuviésemos, nuestras ganas de averiguar qué era aquello seguían en pie, así que decidimos investigar primero la planta de abajo y luego subir a las plantas de arriba.

Estando en el salón el miedo se nos calmó un poco. Debía ser el ambiente, la temperatura estaba más alta y se notaba como si hubiese gente muy unida, así que nos sentimos como uno más de aquel grupo tan unido que no podíamos ver pero que sentíamos. Toda nuestra calma desapareció cuando la televisión se encendió de repente a un volumen muy alto y el mando se cayó de la mesa en la que estaba apoyado. Con la piel de gallina me acerqué al mando y apagué la tele. Salimos de aquel lugar, donde nos sentimos con cobijo, pero vimos que no era lo que parecía.

Empezamos a creer que había fantasmas y, esa idea, por una parte nos fascinaba. A nosotras nos encantan las películas de miedo y sería una experiencia poder sentir lo que sale en películas en nuestra piel.

Cuando subimos por las escaleras, se oían como pasos por detrás, como si hubiera fantasmas siguiéndonos. Esto no nos preocupó demasiado y seguimos adelante. Entrando en muchas habitaciones dimos con una en la que había una biblioteca. Con toda nuestra curiosidad empezamos a buscar algún libro que pudiera decir de quién era o fue esta maravillosa y a la vez espiritual casa. Observando la biblioteca vi que había una mesa apartada en la que había numerosos libros. Fui a ver qué libros eran y curiosamente vi que eran unos diarios escritos a mano del dueño de la casa. Me puse a leer y en las últimas páginas contaban que estaban pasando mucho miedo y peligro, y que había unos asesinos por el monte y alrededores de la casa. Cuando se lo dije a mi amiga pensamos que los fantasmas que notábamos y presenciábamos era una gran familia rica de hacía mucho tiempo.

Con esta información fuimos a una habitación de un bebé. El aire parecía que pesaba, era una situación muy incómoda y no me gustaba nada. Este ambiente hacía que nos fuésemos durmiendo y finalmente acabamos tiradas en el suelo dormidas. Cuando me desperté, vi que no estaba en la misma habitación y me puse a buscar a mi amiga. Chillando durante dos minutos acabamos encontrándonos. Vimos que estábamos en una habitación oscura y no había nada. Al minuto vimos que venía un señor alto y trajeado. Empezamos a agarrarnos y teníamos mucho miedo. El señor nos dijo que era el dueño de la casa y que estábamos en peligro teníamos que huir de allí. Nos explicó que nos habíamos quedado dormidas y un espíritu maligno nos había llevado a una habitación en medio de la nada y que teníamos que salir corriendo de esta sala. De repente desapareció y vimos abrirse una puerta y un señor apareció. Iba enmascarado y nos hizo firmar un trato para entrar en la sala del silencio, si hacíamos ruido éramos expulsadas. Decidimos aceptar el trato porque de la sala oscura no había salida.

Después de firmar el trato nos quedamos dormidas y nos volvimos a despertar en una sala con mucha más gente, estaban todos en silencio. Yo me acerqué a hablar con uno y le dije que que hacíamos aquí. Él me dijo que no hiciera mucho ruido y que estábamos aquí bajo la maldición del espíritu del silencio que apoderó toda la casa del bosque. Me dijo que quien entraba allí y firmaba el trato tenía que guardar silencio toda la eternidad. Mi amiga y yo estábamos muy asustadas, teníamos miedo de no poder salir de allí nunca más, pero teníamos temor de hacer ruido, porque no sabíamos qué nos podía pasar.

Un día jugando al escondite por aquella sala, tuvimos un pequeño accidente, nos asustamos al ver a un señor vestido de mimo detrás de un sillón. Ante aquel chillido que metimos, desaparecimos a la velocidad de un chasquido de dedos y aparecimos ante aquella casa de nuevo.

Tras aquella aventura en la que vivimos numerosos sentimientos, decidimos no volver a entrar, porque igual nos pasaba algo peor. Descubrimos que aquella casa no estaba abandonada, si no que estaba habitada por espíritus malignos.

 

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