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Y ¿por qué?

…Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

-Y ¿por qué se tiene que acabar? Claro como eres la autora decides, si te importara lo que tus personajes puedan pensar, no  hay derecho me parece muy mal que, claro, como tienes un poco de imaginación para crear historias, decidas tú todo pero no esto no es así.

-A ver, a ver, como tú has dicho, yo soy la creadora de esta historia, así que yo decido como transcurre, cuándo y cómo acaba, tú no eres nada más que uno de los complementos del relato así que a callar.

-Esto de la literatura cada vez se parece más a una dictadura, los autores nos manejáis como os da la gana sin importaros nada lo que nosotros podamos pensar.

-Mira, a que por llevarme la contraria te elimino de la historia.

-No puedes, lista, que eres una lista, sin mí tu relato no tendría sentido, yo soy la clave, y como soy la clave pues tengo unas reclamaciones.

-Anda, cállate, que no sé que hago hablando contigo si solo eres un producto de mi brillante mente.

-Oye pero déjame quejarme tranquilo.

-Que no.

-Que sí, mis quejas son: quiero un sueldo, que esto de trabajar por gusto no me gusta y lo segundo déjame elegir que quiero hacer porque, claro, he tenido que salvar a la chica, pero ¿y si no quiero? ¿y si quiero morir yo solo con mis gatos? ¿qué? ¿no puedo o qué?

-Pues no, las cosas son como yo digo y punto.

-Pero…

-¡Cállate!

Y ahora sí que sí, colorín colorado esta historia ( aunque no a gusto de todos) se ha acabado.

El tractor nuevo de Lucas

El 21 de Febrero era el cumple de un niño que hacía 18 años y le regalaron un tractor amarillo los padres, él no se lo esperaba. Ese día, por la mañana, le despertaron cantándole y con pasteles, él muy contento bajo al garaje y vio su nuevo tractor y se quedó con la boca abierta. Por la tarde con el buen día que hacía Lucas fue  a su finca a probarle y a presumir por el pueblo. Su amor platónico que era la chica más guapa e inteligente que había visto se llamaba María, a Lucas le encantaba, cuando María vio a Lucas con el tractor nuevo ella se avergonzaba, no le gustaba nada, y Lucas, todo chulo, ¿quieres subirte María? Ella dijo que no, que era el tractor más feo del mundo y que le daba miedo, pocas horas después Lucas se estrelló contra el muro de una urbanización.

(Lucas al autor) – Pero ¡cómo la chica que más me gusta me va a decir a mí que no! Si soy un chico normalito tirando para guapo. Mi amor platónico  no puede avergonzarse del protagonista, ¿porque sea gordito y tenga un tractor antiguo?, el protagonista tiene que ser el típico guaperas, chulo y bromista y con dinero sino a María no le gustaré, porque a mí, ¿por qué me ha hecho usted esto? Y encima el tractor era nuevo, no me puede romper en el mismo día…

Unamuno

Osasuna-Betis, partido de 1ª División, ambos equipos necesitan al menos un punto cada uno para mantenerse en la categoría, Teixeira Vitienes, colegiado del encuentro, decide que la acción del Osasuna constituye una infracción y concede penalti a favor del Betis, es el último minuto y van perdiendo 1-0, las esperanzas de los andaluces están puestas en e delantero español Rubén Castro, este dispara y la manda por encima del travesaño.

Rubén: Un momento, un momento. ¿Cómo que la tiro alta?

Autor: Claro, yo quiero hacer una historia donde el Betis acabe perjudicado y no hay mayor decepción que esta.

Rubén: Y dígame usted, ¿qué pensarán de mí en el club?  Y sobre todo, ¡la afición!

Autor: Eso es algo que a mí no me importa, ¡solo trato de divertir a los lectores!

Rubén:¿Tiene usted que hacerlo a mi costa?

Autor: Lo haré porque simplemente eres un personaje.

Rubén: No me parece justo que haga esto conmigo ¡no le hice nada malo!

Autor: A partir de que los lectores lean esto, a ellos si les habrás hecho algo malo, el Betis habrá descendido por tu culpa.

El Betis decidió vender a Rubén Castro al Racing de Santander, donde con 38 años acabó su carrera futbolista, en Regional Preferente, y así es como un jugador que prometía ser uno de los mejores delanteros de España, simplemente se quedó en eso, en una promesa, todo por fallar un penalti.

La niña terrorífica

Érase una vez, una niña llamaba Paula, iba paseando por la ciudad y comprando cosas.

– La niña: ¿Yo? ¿Paula? y encima seré fea…¿Y pequeña?¿Niña? Vaya autor me he ido a echar.

– Autor: Bueno, podré seguir…

-La niña: Sí, sí. Sigue pero no me gusta tu historia tan bonita, todo tan precioso lleno de flores. NO. Quiero causar miedo.

-Autor: Bueno, cambiemos un poco el personaje. Volvamos a empezar si esta niña me deja.

Érase una vez, una chica que se llamaba Rufina. Iba paseando por unas calles oscuras, que no había nadie y de repente pasaron unos chicos de unos 16, 17 años que eran guapos.

– La chica: ¿Guapos? ¿estás seguro? Si eran un horror de chicos, no sabes de este tema… Bueno, si  continua que me quiero reír de mi propia historia.

Cuando cruzaron, apareció esta chica como si fuera una muerta viviente y ellos se asustaron porque la vieron en la oscuridad y solo veían sombra. La chica era tan mala que les siguió y como sabía que daba miedo, intentó meterles mas miedo, hasta que llegaron a un sitio con luz y se dieron cuenta de que la chica en realidad les estaba vacilando.

Al empezar a hablar la chica con ellos, ella se dio cuenta que uno de los chicos no era tan feo como ella decía y pues se empezó a enamorar. Quedaban todos los días los cuatro para verse y entre ella y el chico empezó a haber un cariño especial.

-La chica: ¿Yo enamorada? Bueno, puede que un poco, es que es tan guapo, tan majo. Lo es todo. Venga, sigue que me está empezando a gustar.

Un día quedaron en la estación de trenes y cuando el iba a cruzar la vía, vino un tren y se le llevó.

-La chica: ¿Le has matado? ¿Cómo haces eso?

-Autor: Necesitaba acabar la historia y como siempre lo bonito acaba mal no ibas a ser tú especial.

Y colorín colorado, esta minihistoria se ha terminado.

La lotería

Juan estaba esperando a que diesen el número ganador de la lotería, ya que siempre tiene grandes esperanzas de que le toque, aunque nunca se ha dado el caso. Por fin comenzó el sorteo, y dieron el gordo, Juan se levantó exaltado del sofá, gritando que el premio era suyo, que por fin las cosas eran como él se merecía. Bajo emocionado a cobrar el premio, pero cuando la mujer que estaba allí cogió su número, tuvo que pasar el mal trago de comunicarle que se había confundido y que ese no era el premio gordo, ya que había un número diferente, por lo que Juan, otra vez más, volvió a quedarse sin ganar un euro con la lotería.
-A ver, un momento, estoy harto de que siempre me dejes mal, deja de ilusionarme para nada, esta vez el premio lo tengo que ganar como sea.
-No, simplemente no tienes suerte, pero no te creas un desgraciado, la mayoría de las personas están en tu situación, y hazme caso que hay cosas peores.
-Me da igual, tú lo haces para fastidiarme, así que como no me hagas ganar el premio esta vez, comenzaré a fastidiarte yo a ti, ya no volverás a decidir por mí.
-No me das ningún miedo, tengo control absoluto sobre ti y sobre todo lo que hagas, así que calla que ahora tenemos que seguir con la historia, que toca cuando comienzas a superar la confusión.

Las hazañas de Rodrigo

Y entonces, en aquel accidente Rodrigo perdió una pierna.

-Vamos a ver, yo creo que esto ya es demasiado. No sé, creía que ya con lo de dejarme tuerto el día de mi cumpleaños, perder la competición más importante de mi vida y que mi novia me dejara era suficiente. Había pensado que ya con eso no tendría que sufrir más, ¿no? Estoy un poco exhausto.

-Rodrigo, que estoy contando una historia de superación, la vida te pone barreras y tú las vas saltando todas, en eso habíamos quedado. Y, bueno, aunque no te parezca bien, yo escribo, yo decido, ¿entendido?

-¡No! Estoy cansado, solo quiero irme a mi casa y descansar, que bastantes batallitas he tenido ya, que solo tengo 25 años, ¿te acuerdas? A este paso en un capítulo me matas.

-Te repito que es una historia de superación, eso quiere decir que tendrás un final feliz así que tranquilo, que matarte tampoco te mataré.

-¡Estoy harto! En el siguiente libro te buscas otro personaje, que yo me voy a coger la baja.

-¿Qué baja ni qué baja? Me estás cansando a mí, tú cállate y haz lo que te digo, que para eso estás aquí.

El Unamuno de Rebeca

Tomás intentó besar a Rocío, pero ella antes de que él la llegara a tocar le dio un tortazo.

-Disculpa, ¿por qué voy a darle un tortazo si le quiero?-dijo Rocío.

-Porque es mi historia y la cuento como yo quiero, además eres producto de mi imaginación, y escribo lo que quiero.

-Pero ¿cómo voy a ser producto de tu imaginación si estoy hablando contigo?

Al oír esas palabras, ella se quedó sin habla, como si las palabras que Rocio la había dicho, la hubieran clavado un cuchillo en el estómago. Pero al fin recobró el aliento y dijo así:

-No sé porque te estoy haciendo caso, al fin y al cabo puedo borrarte y hacer una Rocío nueva.

-¿No creerás en serio que te podrás librar de mí tan fácilmente?

-Pues la verdad es que sí que lo creo.

Caperu y yo

Érase una vez un niño muy guapo. Su madre le había hecho una caperuza roja y el niño la llevaba tan a menudo que todo el mundo le llamaba Caperucito Rojo.

– Eh, espera un momento –dirigiéndose a mí- , creo que te has equivocado de historia, eso es Caperucita Roja pero siendo yo un chico.

– Si es eso lo que quieres…

Érase una vez una niña muy guapa. Su madre le había hecho una caperuza roja y la niña la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.

– ¡Que no es eso a lo que me refería!

– A ver, decídete, primero me dices que quieres ser una chica y después me dices que no es eso a lo que te referías. – Pobre chico, todavía no sabe que quién decide aquí soy yo.

– Te digo que esa historia ya existe.

– ¿Como que ya existe?

Es esa en la que la niña va a casa de la abuelita y se encuentra con un lobo con el que ya había hablado y…

Empezó a narrar toda la historia y no se me ocurrió otra cosa que decirle:

– ¿Qué quieres escribir tú la historia? Que yo sepa tú eres el personaje y yo tu creadora.

– Oye, oye, no te enfades, sólo digo que esa historia la conoce todo el mundo, la conozco hasta yo que existo desde hace unas veinte líneas…

Qué insolente, si no fuera por la poca inspiración que tengo hoy, hubiera borrado con la goma su existencia.

– Bueno, voy a seguir con mi historia te guste o no te guste, es lo que hay amigo y no puedes hacer otra cosa que aguantarte porque sin mí, tú no existes.- Y así, finalizó la conversación.

Cada uno siguió con su deber, yo decidí lo que él debía hacer y él acató mis órdenes.

 

La escalada

Un día normal como todos, Erki Valderremeda se decidió a hacer escalada. Una vez llegó al punto de partida se dio cuenta de que se  le había olvidado llevar todo el equipamiento para ello, además iba solo. Pero a Erki no le importaba en absoluto, sin más preámbulos empezó a escalar; como era su primera vez, no se podía hacer de peor forma. Era un triste principiante.

– No tengo por qué escucharle ni una palabra más, no pienso ser ofendido de tal forma, primero me tachas de despistado, solitario y luego de triste principiante. ¡Esto es intolerable!

– La historia la estoy creando yo, no tienes derecho a hacer esas interrupciones tan inesperadas.

– Yo tengo el mismo derecho que cualquiera, nadie es mi dueño. Tráteme con más delicadeza.

– ¡Silencio! ¡No quiero que intervengas de nuevo! Tu dueño soy yo, de no ser por mí no existirías. Te aconsejo que utilices un tono más amable con tu creador, de la misma manera que te he creado te puedo eliminar de la historia.

– ¡No puedes hacerme eso!

De repente Erki desaparece sin razón alguna. Y aparece de la nada un nuevo personaje cuyo nombre es  Pablo, un fuerte hombre de treinta dos años aficionado a la escalada.

– ¿¡Por qué treinta y dos años!? ¡Yo no quiero ser tan mayor! No pienso participar en la historia así. Exijo un cambio inmediato.

– Como desees.

Pablo, de unos 16 años…

-¡No te pases!

Pablo, con 18 años de edad, barbudo, bajo, algo rellenito se dispuso a empezar a escalar…

-Ya está bien de reírse de mí. No falte al respeto con esos adjetivos.

-Hasta aquí hemos llegado. No aguanto más a estos personajes tan revolucionarios que me ordenan lo que tengo que hacer. Esta es mi historia, y aquí la acabo.

Niebla

-¿Y dices que no existo?- preguntó el personaje.

-No que no existas, pues hablo contigo, sino que no eres.- respondí

-Vaya – suspiró – Un gran vacío el de no ser.

– Eres producto de mi mente, fruto de mi conciencia y de lo que yo soy.

– ¡Luego soy! – exclamó – Dices que soy producto de tu ser y tu conciencia, y, sin duda, en la conciencia y la mente muchas cosas son sin llegar nunca a existir.

– Tus palabras quedan aquí recogidas como las de un mortal, lo que implica existencia, pero tu eres una ínfima parte de mi mente expresada de una manera que empieza a escaparse de mi control, pero aún así, es mi persona la que existe y ha dado forma a la tuya, y mi conciencia se ha implantado en ese nuevo ente que es tu personaje sin dejar de ser mía. Yo soy y existo, tú existes.

– ¿Y si soy yo el que tiene las riendas? ¿Y si yo controlo tu ser y tu persona, siendo tú el producto de mi ser? Fui yo el primero que hablé.

– Respondiendo a mi pregunta.

– Nunca formulada.

– Empiezo a dudar de mí. ¿No podemos valorar la posibilidad de constituir un ente mayor?

– Podemos. Tampoco recuerdo yo donde empieza el debate de nuestro ser.

– Te siento parte de mí, como si fueras yo.

– Solo es aquel con libertad. Y nuestra libertad es mucho más que clara.

– Sin duda. Nadie carente de libertad es capaz de existir y hablar de ser de esta manera.

Y ambos fueron.

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