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Texto realista: PEDACITOS

Hace un año estaba en el bosque con mi hermano. Paseábamos tranquilamente a través del bosque y nos encontramos un puente y dijo mi hermano:

-Atravesemos ese puente.

-Vale- dije yo. Y respondio:

-Cuidado que luego me la cargo yo.

Esto lo dijo porque él es una persona muy cuidadosa, atenta y responsable, al contrario que yo, que soy más alocada, atrevida y aventurera. Y  lo hicimos.  Mientras que yo asomaba la cabeza, mi hermano estaba sacando fotos distraídamente. De repente me llamó la atención una flor exótica bajo el puente, me estiré un poco, puesto que el puente no era muy alto y no tenía vertigo y de repente ocurrió el desastre. Me caí ¡Ploff! mis rodillas sónaron contra el suelo. Mi hermano corrió hacia mí y por supuesto me dijo :

-Te dije que me la cargaría.

Llamó urgente a la ambulancia y aparecieron en 3 minutos. Me llevaron en una camilla, el dolor era insoportable, era como sentir 10 martillos golpéandote las rodillas. Ya al llegar a Urgencias me dijeron que tenía las rodillas en pedacitos y me escayolaron todo el verano. Mañana iré a ese mismo bosqué con él y seguro que pasaré por el mismo puente, pero esta vez haré caso a las indicaciones de mi hermano, ya que no quiero pasar el mismo verano que el año pasado.

Cuento realista

Érase una vez un niño de 2 años  que jugaba un  esconderite casi todos los días.  Y le gustaba, pero a veces se caía, pero se levantaba. Así casi todos los días, hasta que una vez  se escondió en un sitio del salón. Venía su hermano y el niño echó a correr y dio un golpe a una vitrina de copas, que se le cayó pero no le hizo nada.

La vida y la familia

Hace unos dos años, estuve con un amigo mío de toda la vida. No le veía desde hace diecisiete años así que teníamos muchas cosas de las que hablar. Nos fuimos a un bar para seguir hablando, era el bar al que íbamos siempre con doce años. Él era mi mejor amigo, aunque también había muchos más, éramos un grupo de unos seis amigos y nos lo pasábamos bien. Había veces que cogíamos por la noche y nos colabamos en una casa muy grande que estaba abandonada y derruida para contar historias de miedo.

Mi mejor amigo era rico, cuando estábamos en el bar hablando me contó que tenía mucho dinero. Me dijo que invirtió en un gran negocio y que, por así decirlo, se forró. Me dijo que si hubiésemos seguido juntos ahora los dos estaríamos forrados, pero yo le dije:

– Me alegro de que te vaya tan bien pero no me arrepiento de haber formado una familia y tener lo justo para vivir, me gusta vivir así, que no me sobre pero que tampoco me falte.

Él me dijo:

– La verdad es que yo te envidio.

Yo me sorprendí y le dije:

– ¿Ah, sí?

– Sí, porque la gente me quiere por lo que tengo y no por lo que soy, si te digo la verdad tú eres mi único amigo y aún sin tener dinero la gente te quiere. ¿Cómo lo haces?

Le sonreí y de pronto llegó mi mujer y yo me tuve que ir.

Mi amigo se centró más en el dinero que en otra cosa y por eso no tiene ni familia ni muchos amigos, sólo yo.

Ahora mi amigo tiene una familia, hijos y más amigos de los que se pueden contar con las manos. Él renunció a todos sus coches, sus casas, su dinero y a todos los lujos que un rico podía tener. Yo me siento orgulloso de él, de que haya preferido tener familia a tener dinero, porque el dinero se te puede acabar en nada, pero la familia, su cariño y su amor, no.

UNA TARDE DE CONEJOS

Toda esta historia comienza en una tarde lluviosa, en el centro comercial, cuando tenía 12 años.

Yo era una niña con pelo castaño con los ojos marrones y pecas.

Entré en el centro comercial con mi hermano, mi padre, mi tía y mi madre.

Yo iba de tienda en tienda, hasta que vi un local de animales en el que habitaban unos preciosos conejitos.

Al pararme para ver uno de ellos llamé la atencón de mi hermano, que tenía dos años más que yo, así que estaba decidida para conseguir por una vez lo que quería yo.

Él se acercó para verlos.

A mí me encantaba uno de color negro azabache con los ojos marrones y a mi hermano le gustaba uno blanco con los ojos azules.

Mi hermano y yo discutimos durante mucho tiempo. Mi padre al final se cansó de la larga discusión y decidió no coger el que me gustaba a mí, ni el que le gustaba a mi hermano, se cogió uno canela entero, con los ojos azules y le adoramos igual.

Después pasó la tarde y me fui a mi casa con el pequeño Chopín.

 

 

EN EL PORTILLO

Un día de verano estaba con mis padres en mi casa. Era un día espléndido y le pedí a mi padre ir al Portillo, donde mis abuelos. Cuando llegamos, fui  a ver a Nico, una perrita muy mona, pero no la encontré y me puse triste. Cuando fueron pasando los días e iba al Portillo no aparecía y me ponía cada vez más triste. Pero estaba Elvis, un joven perro negro y marrón. Pasaba el rato con él, con mi hermana, de un año menor, Yanire, y con mi primo Álvaro que tiene mi edad. Seguía pasando el tiempo y yo no estaba bien.

Un domingo, fuimos otra vez al Portillo y mi primo me estaba esperando. Él estaba muy contento y creía que había pasado algo bueno. Nos dijo a mí y a mi hermana que le siguiéramos hasta un garaje deprisa. Era un cachorro de perrito muy mono, mi primo me dijo que le había llamado Simba y detrás estaba Nico. Me puse muy emocionada. Cuando pasaba el tiempo los tres, yo, Yanire y Álvaro siempre íbamos al Portillo para jugar con Simba, Nico y Elvis. Cuando Simba iba creciendo pasabamos todos un día maravilloso.

PERDIDA EN EL CENTRO COMERCIAL

Hola, mi nombre es Claudia, y hace un tiempo  yo tenía 8 años, era alta para mi edad, tenía bastantes buenas amigas. Mi madre, Rosa, tenía 37 años, era alta y con carácter. Mi hermano, Eloy, tenía 10 años, no era muy alto para su edad, nos peleábamos constantemente pero nos llevamos bien.

Os voy a contar lo que me pasó en el centro comercial hace tiempo:

Llegamos al centro comercial con la mentalidad de comprar lo dicho en casa pero mi hermano y yo, ya sabíamos que iba a suceder, compraríamos el triple de lo dicho seguro seguro.

A la primera sección que fuimos fue a la de las televisiones, ya que estaba la primera, estuvimos 5 minutos porque había más compras que realizar pero como yo me había quedado enganchada a un juego de las nintendos que hay de prueba no me fui mi madre me dijo que si no iba ella se iría, yo pensaba que se quedaría esperando un poco, pero no fue así, se fueron.

Cuando terminé el juego ya se habían ido. Yo me puse nerviosa y me acerqué hasta un policía cercano a mí y le dije que me había perdido y justo en ese momento aparecieron mi madre y mi hermano.

La bronca que me echó mi madre fue muy grande.

Después de lo ocurrido, seguimos nuestras compras sin decir ni una sola palabra.

RELATO REALISTA

Érase una vez dos niños que iban por la calle pegando a la gente, hasta que un día llego un niño de otro pueblo y mientras que ellos pegaban, ahí estaba él para defender a la gente. Poco a poco se dejó de pegar hasta que un día recibio una paliza brutal, estuvo 8 meses en el hospital, le dio tiempo a aprender que daba igual  la paliza que le dieron, lo importante fue que defendió a esa gente. Cuando volvió al pueblo todas las calles estaban ensangrentadas de tantas peleas, mientras él no estuvo, murieron más de veinte personas por palizas brutales. Decidió irse de ese pueblo y no volver jamás.

LA VISITA A MI HERMANO

Alfredo, un niño de 12 años, de 1,60 cm de estatura y su familia, ayer domingo, fueron a Saròn ( Cantabria), a visitar a su hermano Carlos, de 15 años  y moreno; a los 12:00 llegaron a la estación de autobuses, miraron por todos los lados a ver si había llegado Carlos, que llegó con el educador a las 12:10.

Fueron a un bar llamado Madero y Carlos se comió un pincho de tortilla; mi madre le regalo un MP4 como el de mi tío , después hubo una competición que trataba de comer cinco pinchos de tortilla,1 en cada bar, y te sellaban una tarjeta para un posterior sorteo en que te podía tocar una tablet; a los 45 minutos de visita tuvieron que despedirse de Carlos. Cuando Carlos se fue, su familia siguió en la competición.

50 euros regalados

En el centro comercial de Madrid, entraron una madre y sus tres hijos y luego entré yo.

Cuando miré para ellos, sólo estaba la madre mirando un escaparate, pero los niños no estaban y me acerqué a la madre y le dije:

-Señora ¿y sus hijos?

Y ella, al enterarse de que los niños no estaban, se puso como una loca a buscarles.

Era un trágico sábado, pero la señora me contó que no eran sus hijos, sino que era su niñera. Me miró con cara de desesperada, pero yo le dije que avisara a los guardias. Encontraron a los niños y la niñera me dio 50 euros.

MALA SUERTE

Érase una vez un niño llamado Rafael. Con 10 años, era alto y  delgado, vivía en Polanco, que es un pueblo con mucha flora y fauna y era bastante luminoso, con pocos habitantes, poco empleo, poca vida social, pero con playas, ríos y monte.

Era un niño que le gustaba jugar en una plazoleta pero el defecto que tenía la plazoleta era que tenía farolas y se podría dar. Los padres de Rafael siempre le decían:

-No jueges allí que te puedes dar con las farolas- y el niño dijo:

-Qué más da, que voy con el tio Felipe y con el primo Luis.

-Ah,  vale, bueno, pero ten cuidado.

El niño se había salido con la suya y estaba en la plazoleta y de repente estaba corriendo de espaldas y cuando se dio la vuelta se dio contra una farola. Su primo se quitó la camiseta para utilizarla tipo torniquete porque estaba sangrando mucho y su primo fue corriendo a avisar a su tio y fueron al médico y le dieron dos anestesias y le dieron tres puntos justo el día de su cumpleaños.

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